Entrevista realizada al doctor Guillermo Fajardo[mirada-reference number="1" top="80%"]Entrevista realizada por Patricio Juárez Lucas, jefe de Departamento de Archivo Histórico, y Román Moreno Soto, coordinador del CEDIF-CNPPCF, el 26 de octubre de 2021 en modalidad virtual, a través de una videoconferencia en la plataforma Zoom. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx[/mirada-reference]

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septiembre – diciembre 2021
Entrevista realizada al doctor Guillermo Fajardo 1 1. See reference Hide reference 1 Entrevista realizada por Patricio Juárez Lucas, jefe de Departamento de Archivo Histórico, y Román Moreno Soto, coordinador del CEDIF-CNPPCF, el 26 de octubre de 2021 en modalidad virtual, a través de una videoconferencia en la plataforma Zoom. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx
Román Moreno Soto, Patricio Juárez Lucas

Román Moreno Soto (RMS): ¿Cuál es su nombre completo?

Guillermo Fajardo Ortiz (GFO).

RMS: ¿Dónde nació usted y en qué año?

GFO: Yo ya soy un ruco, un dinosaurio, nací un 20 de enero de 1937 en la Ciudad de México, es decir, ya estoy más cerca de los 91, ya estoy pasando los 90.

RMS: ¿Quiénes fueron sus padres?

GFO: Mi padre fue Guillermo Fajardo Tapia, él trabajó en el periódico El Universal como linotipista básico, cuando era una actividad que requería ciertos conocimientos, tanto de gramática como de ortografía y de sintaxis. Él nació precisamente en la ciudad de Puebla, razón por lo que conocí, íbamos constantemente a Puebla. Claro, eso hace muchos años, y mi madre se llamó Otilia Ortiz de Fajardo, ella era de Guadalajara, Jalisco.

RMS: ¿Dónde vivió usted su infancia?

GFO: Esencialmente viví a dos cuadras del Monumento a la Revolución, en la calle de Ponciano Arriaga. En ese tiempo México era muy pequeñito, los medios de comunicación no eran fáciles y yo podría decir que salir del centro era salir a la provincia. Inclusive ir a Xochimilco, ir a San Ángel, ir a Tlalpan era ya hacer un viaje en esa época, era una especie de excursión, por la forma de comunicación en México de esa época.

RMS: ¿O sea que usted vivía en la colonia Tabacalera?

GFO: En la colonia Tabacalera, exactamente.

RMS: Una colonia muy cercana al centro ferroviario de la Ciudad de México de aquella época.

GFO:, pues yo estaba a tres cuadras de la estación de Buenavista, que también era una diversión para nosotros como niños. Digo nosotros, contando a mis hermanos. Ir a ver la llegada y la salida de los ferrocarriles, cuando iban a Puebla, cuando iban a Veracruz, cuando íbamos a ver la salida de los trenes a esa antigua estación, entonces, hablar¡ de todo eso me trae mucha nostalgia, me trae muchos recuerdos.

RMS: ¿Cuántos hermanos tuvo usted?

GFO: Dos, uno Enrique, que murió a una temprana edad, de 33 años, que básicamente se dedicó al periodismo, en el periódico El Universal, y tuvo varios puestos, no sólo en el periódico, sino fuera del periódico en relación con su actividad, que era el periodismo; y mi otro hermano Sergio, que es un año menor que yo, se ha dedicado también a actividades de difusión, en las actividades naturalmente de radio, y yo, que me dediqué a la medicina.

RMS: Sobre eso, ¿en qué universidad estudió Medicina?

GFO: Mire, yo entré a la Preparatoria en el año de 1946, y estuve dos años en la Preparatoria. En esa época la preparatoria duraba dos años, estuve el año de 1946 y 1947, y en el año de 1948 entré a la antigua Facultad de Medicina, cuando estaba en el centro de la ciudad y allí, en la antigua facultad, hasta 1953, 54, estuve en la facultad y los diversos hospitales, como eran el Hospital General, el Hospital Juárez, el Hospital Colonia, el Hospital Morelos, esa fue mi vida estudiantil. Posteriormente, salí yo a hacer mi servicio social, precisamente en Puebla, en un pueblito que se llama Ajalpan, cerca de Tehuacán. Allí tuve la oportunidad de conocer cómo es el pueblo mexicano, cómo es el campesino, cómo vivía, qué pobrezas tenía, qué carencias tenía, a pesar de que las autoridades estaban haciendo mucho. Existía una escuela primaria, una vía de comunicación, no muy buena, con Tehuacán, y yo viajaba de México a Tehuacán y de Tehuacán me transportaba yo a Ajalpan, donde viví años diferentes para mí, por ciertas carencias. Digamos ciertas carencias, la iluminación, la luz, la electricidad, la escasez de agua, la falta de buenas vías de comunicación, pero yo creo que en esa época para las personas que básicamente habíamos vivido en la ciudad, que no conocíamos la vida del campo, pasar seis meses es buena experiencia: conocer otras personas, otra forma de vida, otra forma de ser, otra forma de alimentación… Fue excelente haber vivido allí.

RMS: Y después de toda esa experiencia que nos comenta, ¿cómo fue su ingreso a Ferrocarriles Nacionales de México (FNM)?

GFO: Conocí el Hospital colonia, conocía la forma de pensar de ciertos líderesEn el Hospital Colonia se admitían estudiantes de Medicina para recibir una sigantura, tenían médicos internos, médicos practicantes, y en la planta del hospital, en el último piso la residencia de primera para los médicos residentes. Es decir, el hospital no solamente era un centro de atención médica propiamente dicho, sino un centro de enseñanza, en particular para la Universidad Nacional Autónoma de México, y sirvió mucho para esa actividad docente. El equipo, de primera, sorprendía a los muchachos, los pasantes, los estudiantes deseábamos ir al Colonia, porque íbamos a aprender, íbamos a hacer cosas.

RMS: Entonces había una liga, una relación entre FNM y la UNAM

GFO: Naturalmente que existía una relación, yo no sé en esa época si era una relación oficial, digamos, a través de algún documento, pero sí una relación de tradición, una cuestión que se consideraba natural para la universidad, tanto para la Facultad de Medicina, como para el hospital, y, naturalmente, el hospital no sólo tuvo que profesores, médicos muy buenos, sino que fueron profesores trascendentes para la formación de médicos. Y aquí, permítame decirle otra cosa que me viene a la memoria, no sé en qué año hubo un accidente ferroviario importante, y yo estaba en la Subdirección del hospital, en la Superintendencia y me hablaron por teléfono, no existían aún los celulares, y me hablaron por teléfono local, que había habido un problema ferroviario cerca de la Ciudad de México y que iban a llegar muchos pacientes, e inmediatamente reuní al personal que había allí, a médicos, a residentes, le hablamos a los médicos que pudimos localizar de base para atender a tantos, pues llegaron infinidad de pacientes lesionados, heridos por el accidente, y yo recuerdo también, tengo en la memoria, que un médico se metió a la sala de operaciones a determinada hora del día y no salió de la sala de operaciones sino hasta dos días después de estar operando, y salió con los pies hinchados de tanto tiempo que estuvo en la sala de operaciones, en los actos quirúrgicos. Eso habla de responsabilidad, de la sensibilidad que se tenía, del cariño que se tenía hacia el hospital y que se tenía hacia los pacientes.

RMS: Sobre esta cuestión que hace referente a un accidente y algunas de las cosas que atendían hacia los trabajadores y las trabajadoras ferrocarrileras, ¿recuerda cuáles eran las enfermedades más comunes que se atendían allí, para esta comunidad?

GFO: Mire, yo diría que las enfermedades comunes, las enfermedades habituales. No eran diferentes al resto de la población, naturalmente se atendían parturientas del servicio de obstetricia, que era también de primera, tenía médicos excelentes muy bien calificados. Pues yo diría que el resto de los problemas eran los problemas que vivía naturalmente la población mexicana, y naturalmente había también una sección de traumatología, de ortopedia, para tratar a los trabajadores que habían sufrido algún accidente en sus labores habituales, pero las enfermedades en común de la población rural no eran diferentes. Y también, déjeme contarle una cosa que me viene a la memoria, por ejemplo, finalmente el Hospital Colonia sólo era para trabajadores, sólo para el personal que laboraba directamente en ferrocarriles, después se amplió a toda la familia. Entonces, también recuerdo que eso empezó a causar que se contratara más personal, médico y paramédico, pero también fue una satisfacción tener una visión más amplia y más grande de lo que pasaba, no sólo a los trabajadores, sino con toda su familia.

RMS: Y eso que comenta, ¿cuándo se da la ampliación de la atención, no solamente del trabajador ferrocarrilero sino su familia? Esa perspectiva ya como de seguridad social integral, ¿formó parte del modelo en la gestión del hospital, como una política de la administración del hospital? ¿o cómo se fue dando? Sobre la experiencia que usted tuvo, ¿cómo se fueron estableciendo las directrices del modelo de atención dentro del hospital?

GFO: De manera personal, yo pienso que el hospital de los ferrocarriles, sus atenciones médicas, fue una avanzada previa al Seguro Social (IMSS), porque se empezó a abarcar, se empezó a atender, se empezó a asistir, a darle servicio a los trabajadores, con ciertas cuotas también de los trabajadores. Entonces, sí podemos considerar al Hospital Colonia, y quizás a los otros hospitales que tuvo FNM, como unos precursores, unos antecedentes de la seguridad social en México, al abarcar a la familia también, pues ya fue otro tipo de atención. Había pensado que me preguntaría si había ejercido de manera particular. Nunca ejercí de manera particular, siempre he trabajado en las instituciones de la sociedad.

PJL: Ahora me gustaría saber, cuando desaparece el servicio médico ferroviario y pasan al Seguro Social, ¿usted en dónde estaba?

GFO. Yo ya no trabajaba directamente en el hospital sino, ya no recuerdo cuál era mi nombramiento, pero era una especie de asesor, de visitante, de conversar con las autoridades y recomendar ciertas actividades.

PJL: Y en la estructura de FNM, ¿desde qué nivel empezó usted, o cuál fue su primera asignación?

GFO: Siempre fue mi actividad médico-directiva, médico-administrativa, nunca fue la atención directa de los pacientes, aunque yo estaba muy atento a que se les atendiera bien a los pacientes, que las historias clínicas estuvieran completas de cada paciente, pues era mi actividad: que cada paciente fuera bien atendido en todos los sentidos, que la enfermería, limpieza, ropa, vestido, todo, y creo que el Hospital Colonia en esa época fue un ejemplo de buenas atenciones y de buenos servicios, integralmente.

PJL: Entonces, ¿usted gestionaba la asignación de los médicos, tanto los viajeros como los residentes en el sistema ferroviario?

GFO:, claro. Naturalmente se solicitaban, se pedían, se requería el número de médicos residentes de acuerdo con las necesidades, de acuerdo con la capacidad del hospital. Yo no recuerdo que tuviéramos más de quince o veinte médicos residentes y, entre ellos, los que eran médicos internos, que también vivían en esa época en el hospital. Y cuando empezó a desaparecer el hospital fue cerca del temblor de 1985, del terremoto del 85. Fue cuando se empezó a evacuar el hospital, se empezaron a mandar los pacientes a los hospitales del Seguro Social, cuando a los médicos y el resto del personal se les asignó a otras actividades del IMSS. Yo creo que algunas personas renunciaron o pidieron su jubilación, pero eso ya no lo puedo asegurar, pero sí que el hospital, en un momento dado, quedó vacío y como yo dije en alguna ocasión quedaron las camas vacías, sin personal, pero cuando ocurrió el temblor del 85, pues hubo que recurrir a lo que quedaba del hospital Colonia y allí se internaron por algún tiempo pacientes del Centro Médico Nacional (CMN) y quizá de otros hospitales. Tuvieron que internarlos provisionalmente, mientras se solucionaba la gravedad del temblor que destruyó prácticamente el CMN. Creo que, posteriormente de que estuvieron los pacientes, algún tiempo en el Hospital Colonia se trasladaron al hospital de la Raza, y seguramente a otros hospitales, pero fue la última actividad quizá médica del instituto. Es verdad que parte de lo que fue el Instituto, mejor digo de lo que fueron los servicios médicos de ferrocarriles, persisten, como ese servicio de fisioterapia de rehabilitación, que no sé si actualmente tenga ese nombre, pero también el servicio de rehabilitación, de hacer que el trabajador que había sufrido algún accidente fuera bien rehabilitado o fuera bien reacondicionado. También fue famoso por ser el precursor en ese tipo de actividades y creo que el Seguro Social sigue conservando esa idea de rehabilitación de lo que fue parte del Hospital Colonia. Fue un ejemplo para todo México, lo que se hacía en el Hospital Colonia para rehabilitar a los enfermos que habían sufrido algún accidente, algún traumatismo durante su actividad y se me había olvidado, no lo tengo en la memoria, hace ya tantos años que pasó esto.

PJL: Recurriendo de nuevo a su memoria doctor, ¿cuál era la relación entre el Hospital Colonia y el Hospital de San Fernando?

GFO: Yo creo que muy buena, quizá los pacientes llegaban primero al Hospital Colonia, se les diagnosticaba y se les canalizaba al hospital de Tlalpan, o bien, cuando los pacientes venían de otras partes de la República mexicana iban directamente al hospital de Tlalpan a internarse, allí no puedo juzgar ni puedo decirle lo que ocurría, porque no estuve adentrado de lo que hacía la institución.

PJL: Entonces, no sólo era para los trabajadores ferrocarrileros, sino que también era para la población abierta, el San Fernando

GFO: Era una buena relación, tanto en lo profesional como laboral, como de comunicación, como de servicio. Eso sí, si el hospital de Tlalpan necesitaba alguna consulta, ya sea que se trasladara al paciente al Colonia para que lo atendieran, o iban los médicos al hospital de Tlalpan para que se les atendiera. Lo que yo no sé es qué pasó con el resto de los hospitales que tenía FNM en el resto de la República, indudablemente, pasaron al Seguro Social, pero algunos se conservaron como tales o se convirtieron también en oficinas administrativas o se les dió otro destino. Es una actividad que sería bonito investigar, qué pasó con el resto de los hospitales de los FNM, ¿se conservaron como tales?, ¿se convirtieron en oficinas?, ¿desaparecieron o que pasó con ellos? Y también sería muy interesante saber cuántas personas del área médica, y cuando digo del área médica no sólo me refiero a los médicos sino a las enfermeras, a los técnicos, siguieron como tales en el Seguro Social o qué pasó con ellos.

PJL: Volviendo a lo del sistema ferroviario, ¿usted desde el Hospital Colonia gestionaba todos los doctores o los asesoraba?

GFO: Yo diría que era parte de la gran estructura que tenía el hospital. Había otras autoridades y otras personas, yo era un colaborador más, que nos entendíamos muy bien. Era una cosa buena, pero ahora me viene a la memoria que cuando yo estuve en el Colonia, en los primeros meses, de mis primeros años, no recuerdo cuándo fue, pero ocurrió un conflicto entre la empresa y los trabajadores del sindicato. Recuerdo que muchos trabajadores estaban descontentos, no sé por qué, no recuerdo por qué condiciones. Y en el hospital sí aparecían pintas en contra de las autoridades de los ferrocarriles, pero nosotros en medicina, pues éramos desatendidos a lo que ocurriera, nuestra obligación era la atención médica y lo demás ya dependía de otras circunstancias. La actividad médica, durante ese tiempo, continuó siendo muy buena a pesar de estar la situación difícil, yo diría la situación política sindical difícil. Y también había pintas en contra de las autoridades médicas, y yo puedo decirle con toda franqueza que yo no conocí o nunca vi una pinta en el elevador, en las paredes en contra mía, nunca, ni favorable ni negativa, nunca vi nada en relación a mi persona.

PJL: En cuanto a su trayectoria dentro de Ferrocarriles, ¿siempre estuvo en el Hospital Colonia?

GFO: Siempre estuve en el Colonia, siempre, aunque hubo ocasiones en muchos hospitales, pero mi actividad básica era en el Hospital Colonia. No sólo en el día, también en la tarde, en la noche, a la hora que se necesitara. Cada que me necesitaban, o yo pensaba que tenía que estar, allí estaba, inclusive en un momento dado, recuerdo que tuve que quedarme algunas noches allí, en el hospital, porque era necesario para cubrir alguna actividad.

PJL: Usted en aquel tiempo tenía en su oficina del Colonia, la comunicación que hacía con las demás divisiones en el interior del país ¿cómo lo hacía usted, mediante teléfono, mediante telégrafo o cómo era la comunicación?

GFO:jese que con la pregunta que usted me hace, déjeme decirle dos cosas. Por una parte, la comunicación era telefónica de tipo convencional, pero también teníamos un sistema de llamador eléctrico, por si se nos buscaba o se nos necesitaba en alguna parte, o nosotros necesitábamos localizar a una persona, un paciente, lo hacíamos por ese medio, que por esa época era novedoso también. Creo que en el Hospital Colonia fue donde se implantó ese método de localización al personal. Sí le digo que hay tantas cosas que quizá, me llevaría más tiempo para pensar lo que hacía el Hospital Colonia, repito, la batería estaba en la parte baja del sótano y entrando al Hospital Colonia a la derecha estaba la farmacia, una gran farmacia que yo no recuerdo para esa época que haya carecido de medicamentos, tanto para los pacientes de consulta externa como para los pacientes que estaban internados en el hospital, nunca recuerdo que hayamos solicitado medicinas a otro hospital o hayamos tenido dificultades para conseguir medicinas. Claro, eso hace tanto tiempo que la medicina y los medicamentos eran de otra naturaleza.

PJL: Volviendo a lo mismo, al sistema sanitario de ferrocarriles, ¿desde dónde se gestionaban o desde dónde se mandaban los hospitales campamento?, ¿desde el Hospital Colonia o desde otra dirección de ferrocarriles?

GFO: Yo no recuerdo esos hospitales que usted menciona, deben haber existido, pero yo no los recuerdo, francamente.

PJL: ¿En qué momento dejó usted su cercanía con ferrocarriles, o siguió usted después del 95, 97?

GFO: Yo diría que mi despedida, si así la podríamos llamar, fue una despedida gradual, no fue una forma tajante, fue poco a poquito. No me despegué yo totalmente del hospital, le repito, lo conocí hasta su desaparición. También recuerdo que el Servicio de Radiología era también un ejemplo, el servicio de radioterapia fue uno de los primeros que se estableció en México, y le reitero lo que he dicho tantas veces, fue una pena, una tristeza, una pérdida, haber perdido ese hospital, haberlo convertido en oficinas. Yo creo, yo pienso que a pesar de lo que ha pasado, el tiempo que ha pasado, ese edificio todavía podía reconvertirse en hospital por la planeación que tuvo. Fue una planeación de avanzada, de primera. Yo pienso que es lamentable que se hagan oficinas administrativas de un hospital, que eso sí no lo viví, pero lo recuerdo, que el embajador de Estados Unidos una vez dijo que si algún día se enfermaba, a él le gustaría internarse en el Hospital Colonia, así de tanta categoría, de tanta importancia, de tanta trascendencia era el hospital.

PJL: Volviendo a lo de su actividad y su relación con ferrocarriles ¿tiene usted documentación desde su ingreso, es decir, su historia ferroviaria, documentos, fotografías o algo así?

GFO: Es una actividad histórica la que me ha gustado y como ustedes saben, he escrito mucho acerca de la historia de los hospitales de ferrocarriles. Desde sus primeras actividades médicas hasta la desaparición de los servicios médicos del Colonia. Yo tuve, por diversas circunstancias, conocí, tuve en mis manos documentos de cómo se inició el Hospital Colonia. Existía allí, en el Hospital Colonia, también por su cercanía con las oficinas centrales o principales del área médica, un área donde estaban los archivos, y allírecurría mucho a ellos para saber muchas cosas, cuando estaba en el hospital: dónde se fundaron por una parte. Por otra parte, antes de que existieran los FNM existían varias compañías extranjeras, que eran las que manejaban los hospitales. Entonces, las compañías tenían sus hospitales y después su unieron todas las compañías hasta formar los FNM, y había información de dónde estaban localizados esos hospitales. Yo tampoco sé si todavía existan los archivos de lo que fueron los servicios médicos, pero también sería muy interesante reconocer las características de los hospitales. Lo que también recuerdo es haber leído que la mayoría de los hospitales en sus inicios, en el siglo XIX, eran manejados por médicos americanos, había pocos médicos mexicanos, pero sería muy interesante, le digo, hacer la historia de los servicios médicos de los FNM.

PJL: Cuando se desmanteló el Hospital Colonia, ¿a dónde cree usted que concentraron su instrumental, así como esos archivos que usted señala?, ¿cuál fue su destino?

GFO: Tampoco tengo idea dónde puedan estar. No tengo idea si fueron llevados al IMSS o se concentraron en otra parte ,o fueron destruidos. No sé, no tengo idea.

PJL: Pero si, posiblemente, nos podría indicar la ruta que hayan tomado, ¿quizá se hayan concentrado en el IMSS?

GFO: Ahorita me viene un pensamiento: esos archivos pudieran estar en el Archivo General de la Nación (AGN), posiblemente, o estarán en cada ciudad donde existían los ferrocarriles. También sería muy interesante conocer, recordar quiénes fueron los médicos iniciales, los médicos que estuvieron en los diferentes hospitales de los ferrocarriles, no sólo en el Colonia, claro que yo conocí a muchos en el Colonia, pero quiénes estuvieron en Puebla, quiénes estuvieron en Monterrey, etc., que pasó con ellos, se me hace muy interesante también escribir esa historia.

PJL:, esa parte de la memoria que estamos tratando de reconstruir y usted ya nos está compartiendo algunas partes. En ese sentido, le pregunto: ¿Cuáles fueron las razones por las que no se desprendió totalmente de ferrocarriles, como dice usted, no de manera brusca sino poco a poco?

GFO: Por dos razones, una, porque me gustaba el sistema de ferrocarriles, y segunda, por las amistades que hice yo en los servicios médicos. Yo los seguía visitando, les seguía comentando, etc. También recuerdo que, ya no siendo yo funcionario del Hospital Colonia, que unos médicos norteamericanos que visitaron el hospital entonces también me pidieron apoyo para que yo estuviera con ellos y les enseñara lo que era el hospital, y les recordara y les hiciera saber más o menos cómo era la red ferroviaria, en particular de los hospitales.

PJL: Después del Hospital Colonia, ¿cuál cree usted que haya sido la más importante institución médica o centro médico de ferrocarriles, tanto en magnitud como en la capacidad de atender a la población ferroviaria?

GFO: Desde luego que el IMSS, fue y ha sido la institución médica más importante del país, y no sólo del país. Yo creo que es la institución más grande. No creo, estoy seguro que es la institución médica más importante de nuestro país, ejemplar. Es tradicional, es bien conocido todo lo que está haciendo el IMSS, la cobertura, sus servicios ubicados en todo el país.

PJL: En los estados, en su tiempo, cuando estaba usted en el Colonia, ¿cuál cree que haya tenido las dimensiones del Colonia?, ¿o todos iban al Hospital Colonia para una atención de tercer nivel?

GFO: El Hospital Colonia también era de concentración cuando no podía resolverse un problema en algún estado. Cuando no había las posibilidades, no había los recursos, los trabajadores eran llevados al Hospital Colonia, porque había allí todas las especialidades médicas. Naturalmente, los hospitales que existían en los estados eran más pequeños, tenían menor capacidad.

PJL: ¿Cuál cree usted que sea su mayor logro o su actividad más notoria durante el tiempo que estuvo usted en ferrocarriles?

GFO: No es fácil hablar acerca de uno mismo, pero yo creo que mi actividad fue profesional, fue una actividad digna, una actividad ética, una actividad moral al acercarnos a los pacientes, a algunos directamente. No verlos como una máquina o como un aparato, sino como una persona más que tiene necesidades, no sólo médicas, sino también de otro tipo. Y yo creo que esto, que estoy mencionando, no sólo lo puedo referir a mi persona sino a gran parte del personal, recuerdo la entrega, el cariño, la pasión que tenía el personal por los pacientes, por las personas que asistían al hospital, y muchas veces también el ferrocarrilero no era una persona amable, era una persona por diversas razones un poco agresiva, pero comprendíamos su problema, su necesidad ,sobre todo cuando venía de fuera de la Ciudad de México, que se alejaba de la familia, que se alejaba del medio, que se alejaba de la comida y de tantas actividades, pero esa era nuestra obligación :comprender a los pacientes, entenderlos.

PJL: En el inicio le había planteado algunas preguntas: donde nació, dónde estudió desde la primaria, la preparatoria y todo eso

GFO: Yo ya les compartí que empecé la universidad en la preparatoria, me titulé como médico en la Universidad Nacional Autónoma de México, luego estuve dos años o un poco más de dos años en Estados Unidos, preparándome en Administración de hospitales, razón por la que llegué yo al Hospital Colonia, pero, además me ha gustado mucho la Historia de la Medicina. Tengo también el doctorado en Historia y por eso me he dedicado a investigar, a estudiar la historia de los hospitales, pero sí, repito, sería muy interesante conocer toda la historia de los hospitales, toda la historia médica que tuvieron los trabajadores de los ferrocarriles, esas son mis palabras. Agradecimientos recíprocos.

Entrevista realizada al doctor Roque Ruiz Pineda[mirada-reference number="1" top="80%"]Entrevista realizada por Patricio Juárez Lucas, jefe de Departamento de Archivo Histórico, y Román Moreno Soto, coordinador del CEDIF-CNPPCF, el 29 de octubre de 2021 en modalidad virtual, a través de una videoconferencia en la plataforma Zoom. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx[/mirada-reference]

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septiembre – diciembre 2021
Entrevista realizada al doctor Roque Ruiz Pineda 1 1. See reference Hide reference 1 Entrevista realizada por Patricio Juárez Lucas, jefe de Departamento de Archivo Histórico, y Román Moreno Soto, coordinador del CEDIF-CNPPCF, el 29 de octubre de 2021 en modalidad virtual, a través de una videoconferencia en la plataforma Zoom. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx
Román Moreno Soto

Román Moreno Soto (RMS): ¿Tiene usted alguna duda respecto a las preguntas que se le enviaron por escrito?

Roque Ruiz Pineda (RRP): No precisamente duda. Le comentaba yo a Toño (Antonio Ruiz Jarquín) que yo estuve o trabajé poco tiempo en el Hospital Colonia, en México. Yo estaba trabajando en el servicio subrogado del Banco de sangre, entonces, estuve escasamente unos seis u ocho meses, que me bastaron para conocer el hospital. No a mucha gente, por cierto, ya que tenía que estar ubicado en mi lugar, solamente salía de allí para hacer las transfusiones que requerían los amputados o algunos otros pacientes del hospital.

Patricio Juárez Lucas (PJL): ¿Cuál es su nombre completo?

RRP: Soy el doctor Roque Ruiz Pineda.

PJL: ¿En qué año nació usted?

RRP: En 1937.

PJL: ¿En qué lugar?

RRP: En Juchitán, Oaxaca.

PJL: ¿Cómo recuerda usted sus primeros años de vida en aquella región?

RRP: Mi infancia, yo me di cuenta de que estaba en este mundo en un pueblo que se llama Almoloya, Oaxaca, queda entre la ciudad de Ixtepec y Matías Romero, comunicada por el tren de los Ferrocarriles Nacionales, FNM. Allí estuve dos años y después, los demás años de la infancia los pasé en mi tierra natal, Juchitán, Oaxaca, hasta la secundaria.

PJL: ¿A dónde se fue usted a estudiar la preparatoria?

RRP: Para la preparatoria me tocó el honor de ser una de las generaciones de la Preparatoria Número 1, San Idelfonso, de la Universidad Nacional Autónoma de México.

PJL: ¿Cuáles fueron sus sentimientos o impresiones, respecto de la localidad en la que usted nació, al ir a la gran ciudad?

RRP: Es algo que, en aquellos momentos, en relación entre la Ciudad de México y los demás estados, me imagino, era una cosa impactante llegar a la Ciudad de México. Era, en aquel momento, lo máximo para cualquier persona llegar allá, estudiar, vivir o encontrar algún empleo.

PJL: ¿Cómo se adaptó usted? ¿tenía usted familiares?

RRP: Fíjese que no tuve problemas de adaptación, porque afortunadamente muchos familiares ya tenían su residencia allá, en la Ciudad de México, y esos familiares me apoyaron a vivir con ellos y seguir estudiando.

PJL: ¿Se acuerda usted en que año ingresó a la universidad?

RRP: Yo ingresé a la universidad desde la prepa, en 1954. En aquel entonces el curso era de dos años, luego aumentó a tres, pero a mí me tocó precisamente el último de los de dos años, de los planes de estudios especializados. Había los que iban a Ciencias Biológicas, a Matemáticas o a Ciencias Sociales, a mí me tocó obviamente la Medicina, las Ciencias Médicas, allí estaba la carrera de Médico, de Odontología y Veterinaria.

PJL: ¿En qué año se tituló usted?

RRP: Me titulé en el año de 1962.

PJL: ¿En qué año llegó usted a esta empresa, dedicada a la transfusión o a la administración de sangre?

RRP: Allí estuve precisamente en el 63, porque en ese momento estaba preparando mi examen profesional y, entre tanto, laboraba yo para generar algunos recursos para seguir viviendo, vamos a decir, y estuve como unos siete u ocho meses en ese servicio subrogado del Banco de sangre en el Hospital Colonia. Tuve por allí una anécdota, que si después tenemos la oportunidad se las comento.

PJL: En esa empresa, que trabajaba para ferrocarriles, ¿era usted laboratorista o médico?

RRP: Trabajé como doctor encargado de suministrar o administrar transfusiones de sangre a los pacientes hospitalizados, o a los que estaban en alguna operación quirúrgica.

PJL: ¿Usted iba al Hospital Colonia y a los lugares donde se encontraran estos enfermos o las personas que requerían esta sangre?

RRP: Allí mismo, en el Hospital Colonia. Todo eso era en el mismo hospital, iba a sus camas o a los quirófanos, o al servicio de urgencias.

PJL; ¿En esos años vivía usted cerca del hospital?

RRP: Prácticamente sí, porque el hospital quedaba allí cerca del monumento a La Madre, por ese rumbo, y yo vivía en la calle de Melchor Ocampo en la colonia, por San Cosme, en la colonia San Rafael.

PJL: Esa era su principal actividad, y cuando deja usted esta empresa, ¿a dónde se fue usted a trabajar?

RRP: Antes ya había hecho el servicio social en el Ferrocarril del Sureste, donde estuve nueve meses en la estación de Teapa, Tabasco, donde el tren de pasajeros hacía una parada obligatoria para que los pasajeros pudieran comer en un restaurante que estaba instalado en la propia estación.

PJL: Y allí, ¿cuál era su función? ¿qué hacía usted regularmente?

RRP: Allí mi función era atender a los trabajadores del ferrocarril y lo que hubiera de urgencias en cualquier momento del día, y hacía yo un recorrido por la vía del ferrocarril en un motor, y con un motorista y una enfermera. Y un día, por ejemplo, el día martes, iba para Lomas tristes, una estación que quedaba como a una hora u hora y media de Teapa, y otro hacia Pichucalco, el jueves, ese era mi trabajo. Y atendía yo a la gente que vivía, digamos, en esos tramos al lado de las vías o de los ranchos que estaban en el camino.

PJL: En esas labores, ¿era usted médico viajero de los ferrocarriles?

RRP: Allí estaba adscrito como servicio social. A mí me pagaba el Ferrocarril del Sureste en operación, así se llamaba, y estuve nueve meses como servicio social.

PJL: Después de allí, ¿a dónde se fue usted?

RRP: De allí, le comentaba hace un momento, me regresé a México para prepararme para presentar mi examen y la tesis, pero en ese lapso, ya buscando algo en qué trabajar, fui a dar por casualidad o por información a ese Banco de Sangre, cuya sede estaba en la avenida Chapultepec. Yo recibía las bolsas de sangre, que venían del laboratorio, y estaba atento a hacer los exámenes que se requieren para poder aplicar un cierto tipo de sangre.

PJL: Y después, ya tuvo usted su consultorio propio…

RRP: No, no tuve consultorio propio. Estuve, después de eso, ya de pasante recorrí muchos lugares. En ese momento ya me había yo casado, ya tenía un hijo, pero en ninguno logré que me contrataran, ya recibido recorrí los mismos lugares y fui a las oficinas de Petróleos Mexicanos y me contrataron como médico sin servicio social, pero ya recibido, para ya acceder, para tener una cosa segura para mantener a mi familia, y ya me tocó ir a Fortuna Nacional, allá entre Macuspana y ciudad PEMEX.

PJL: Entonces, ya titulado empieza usted a trabajar en PEMEX, ¿cuántos años estuvo usted allí?

RRP: En ciudad PEMEX estuve en varios lugares , pero donde más hice residencia fue en Las Choapas, allí PEMEX tenía sus oficinas conocidas como el CAM. Allí en el CAMestuve cinco años seguidos, pero a partir del segundo año empecé a inquietarme, no me sentía yo muy a gusto allí en la ciudad y, francamente, por algunas cosas administrativas que pasaban allí que no fueron de mi agrado, e inicié mis solicitudes para el Seguro Social (IMSS) de Coatzacoalcos, Veracruz. Entonces, trabajaba yo en dos lados, hasta que pude renunciar a PEMEX y quedarme en esta ciudad de Coatzacoalcos.

PJL: ¿En qué año se jubiló usted del IMSS?

RRP: Me jubilé en el año de, ya tengo 25 años de jubilado, en 1996.

PJL: Volviendo a eso del Hospital Colonia que me quería usted platicar, de esa anécdota que me dice usted, ¿cuál es?

RRP: Bueno, son dos anécdotas, pero la más impactante que me dejó huella, porque me gustó y siempre la he comentado en las ocasiones que me han dado la oportunidad, es que en una ocasión llegué hasta la habitación, en un cuarto donde estaba hospitalizado un paciente, y al abrir la puerta había mucho personal del hospital, entre médicos especialistas, trabajadoras sociales, entre otros, y a mí me llamó la atención, nunca había visto tanta gente rodeando la cama de un hospital atendiendo a un paciente. Por cierto, aquel trabajador había sufrido un accidente en el tren y le habían amputado una pierna y un brazo, estaba ya en articulo mortis, y yo observaba la insistencia de la trabajadora social en preguntarle: dónde vivía, a quién podían llamar para notificarle su problema. En ese momento escuché que este señor hablaba en zapoteco, les dije a todas las personas “ábranme cancha, por favor”, para poder acercarme a su oído y comunicarle lo que deseaban hablar con él. Le dije: “yo soy de Juchitán, Oaxaca, aprendí a hablar el zapoteco”. Le comenté y ya me dijo: “Estoy muy mal, estoy muy enfermo”, y a los demás les pregunté qué es lo que desean saber de este paciente. “Pregúntale dónde vive, cómo se llama su familiar para poder avisarle” y esas preguntas se las hice al paciente, me las contestó y se las iba dictando a la trabajadora social, y les pregunté: “¿algo más que quieran saber?”, “No, No, nada más”. Todo esto el paciente en articulo mortis. Y cuando salí me preguntaron: “¿cómo le hizo usted?, tenemos dos horas luchando para sacarle la información”. Y ya les dije: “él es mi paisano y está hablando la lengua zapoteca, por eso con toda confianza me acerqué y le pregunté”. “Ah, que bueno que usted sabe hablar zapoteco”. “Sí, es que nací y crecí allá, en Juchitán”. Eso a mí me quedó un recuerdo de que a veces es necesario no olvidarse de sus raíces, de su lengua, porque en aquellos sagrados tiempos al indígena que llegaba a la Ciudad de México nomás le decían “indio patarrajada”. Gracias a que algunos intelectuales descubrieron que en México hay una gran riqueza cultural en las lenguas indígenas y todo eso se ha ido borrando, y es necesario entenderlas, porque como en esta situación no se entendían, porque tanto el personal del hospital como el paciente no se entendían, pues cada uno estaba hablando una lengua distinta, y él estaba luchando por su vida, allí FNM no se dio a la tarea de poner un traductor a sus trabajadores, porque seguramente tuvo muchos trabajadores con una sola lengua.

PJL: ¿Se llegó a enterar si era trabajador de vía, o de transportes?

RRP: Era un trabajador de camino, era garrotero. Se había caído del tren, era trabajador de camino.

PJL: ¿Y qué sucedió con él, sobrevivió, ya no supo usted más de él?

RRP: No, no sobrevivió. Ya estaba muy grave, por eso al personal le urgía avisarles a los familiares. Realmente estaba muy mal, muy mal, toda la transfusión que supuestamente le iba a poner ya no dio tiempo. Ahora sí que llegué a tiempo, sin querer queriendo, como dicen, y pude sacarle información para solucionar ese problema: dónde encontrar a sus familiares, su ubicación o su domicilio.

PJL: De casualidad, ¿se acuerda usted de su nombre?

RRP: No, sólo me acuerdo que se llamaba Delfino.

PJL: Por lo menos resolvió usted en ese momento el problema. Para mí sería todo, no sé sí Román tiene alguna otra pregunta. Por mi parte, le agradezco la entrevista que estuvo muy interesante, con respecto a este accidentado y su paso por ferrocarriles, tanto como servicio social como esta parte de trabajar en el servicio subrogado por ferrocarriles, de trabajar un poco allí en el Hospital Colonia, y eso es muy importante, y dejar también esa parte de la traducción de una lengua a otra, en esa problemática en que se veía envuelto todo el personal médico del Hospital Colonia en ese entonces. Eso me parece relevante. Le dejo la palabra a mi compañero Román.

RMS: Solamente un par cosas doctor Roque, en cuanto a su experiencia que tuvo usted con el Hospital Colonia, ¿cómo recuerda usted el funcionamiento del hospital?

RRP: Bueno, en aquellos años el Hospital Colonia gozaba de un buen prestigio en el servicio médico, incluso, le digo, uno de sus especialistas fue mi maestro en la Facultad de Medicina, un nefrólogo, que en este momento no recuerdo su nombre. Pero todo el personal con que contaba, principalmente los de urgencias, eran muy atentos, amables, con todos los pacientes que llegaban a ese servicio. Para mí, el Hospital Colonia fue uno de los mejores hospitales de la Ciudad de México, gozaba de un prestigio favorable, magnífico, por la atención que brindaban en todos los niveles de especialidades, y entre el personal había mucha convivencia y camaradería, que, por cierto, había una administradora del hospital, una dama, que un día comentando con ella le pregunté: “¿usted qué carrera estudió?” y me dijo: “Soy de la carrera de Administración de hospitales”. En ese momento yo dije: “No sabía que existiera esa especialidad, carrera”. Tenía un sentido de la administración humana, en ese hospital. Te puedo decir que el trato en el Hospital Colonia me impactó, porque aunque sea por poco tiempo que allí trabajé, en todos los demás había estado como estudiante, no me puedo quejar de ellos, pero en el primer hospital que trabajé fue en el Colonia. Recuerdo en el Hospital Colonia el trato que me dieron, sus atenciones.

RMS: Hace dos días entrevistamos a otro doctor y sus impresiones eran las mismas, incluso él sigue siendo catedrático de la Facultad de Medicina de la UNAM, y nos comentaba que también estuvo en la Preparatoria número 1, en San Ildefonso, de dos años. También estuvo en la Escuela de Medicina allí, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, no sé si también le tocó a usted.

RRP: Él ha de ser un poco más grande porque a mí me tocó, a mi generación, inaugurar la Facultad de Medicina en Ciudad Universitaria. Por cierto, no comenzamos las clases como estaba programado, porque nos informaron que la escuela aún no estaba amueblada. Eso hizo que nos esperáramos a que amueblaran la facultad. En ese entonces empezábamos el primer lunes de marzo, nos esperamos hasta fines de marzo, una semana antes de abril y tuve la fortuna de ser de la primera generación de la Facultad de Medicina de CU. Por cierto, cuando estaba cumpliendo los cuarenta años de estar ejerciendo, la universidad nos llamó, otorgándonos un diploma como la “Primera Generación de la Facultad en CU”.

RMS: Excelente doctor, es una presea de mucho orgullo. En ese momento que usted nos comenta, que había una buena relación entre las instituciones, entre el Hospital Colonia y el servicio social hacia otras empresas públicas, en este caso Ferrocarriles Nacionales de México, pero yo tengo allí tengo una duda ¿Por qué el Hospital Colonia contrataba otra empresa para el servicio del Banco de sangre?

RRP: Siempre ha habido dificultad para la donación, entonces, había laboratorios que hacían esta labor. Creo que era más cómodo para un hospital tener ese servicio subrogado; también el Hospital Colonia no fue un hospital. Hace un rato su compañero preguntó sobre el movimiento médico, es muy interesante. El servicio social, cuando estalló el 20 de noviembre del ISSSTE, yo tenía un pariente que trabajaba en Palacio Nacional y fui a visitarlo, y me dice: “Roque, ¿es cierto que los médicos ganan muy poco?”. “No sólo ganan poco, sino que regalan su trabajo, sólo trabajan por vocación de enseñar, hay uno que otro que tiene un sueldo, pero muy raquítico, hasta ellos mismos nos comentaban, sólo me alcanza para bolearme los zapatos”. Entonces, le llamó a atención, “y así es”, le digo, “es una labor que hacen, que lo hacen por humanidad y vocación y es a todos los niveles, en la Facultad, en los hospitales, en todos lados”. Los médicos en el Colonia gozaban de un sueldo y nunca me enteré que fuera hospital que recibiera alumnos de la universidad, porque lo tenía todo, era como de lujo, sin hacer dispendios.

RMS: Así nos comentaba el doctor Fajardo con respecto a esa compañera que dice usted, que tuvo una especialización en Administración de hospitales. También el doctor Guillermo Fajardo nos decía que él incluso hizo una especialización en el extranjero en relación a este tema de administración de hospitales, y que él considera que el hospital pionero en aplicar ese tipo de prácticas fue el Hospital Colonia…

RRP: Creo que sí, porque en otros hospitales nunca vi alguien encargado de la Administración del hospital. Esa parte estaba en el centro del hospital, donde habían los problemas, allí llegaban médicos, administrativos y personal de limpieza, aseo, y sobre todo para la compra o la adquisición de los medicamentos. Yo siempre he pensado que la administración de hospitales está muy lejos de compararse con la administración de una empresa, porque aquí puede que un medicamento no lo utilices en un año, pero cuando se llegue el momento de usarlo tienes que tenerlo. Entonces no puedo borrarlo de mi lista porque no se usa, por eso digo que ese hospital estaba muy bien administrado por esa señorita, no recuerdo su nombre.

PJL: Doctor Roque, antes de continuar yo le quiero hacer una pregunta más con respecto a este cambio que hizo del centro, o sea de Santo Domingo hacia CU, ¿cómo le hacía usted para trasladarse diariamente?

RRP: Uy, mire, yo en ese entonces vivía en la colonia Estrella, a unas calles de la Villa y teníamos que estar en Ciudad Universitaria a las 8 de la mañana. Yo salía de la casa de usted, allá, un cuarto para las 6 o las 5 y media, tomaba un camión que era la Línea Clasa, que llegaba a Santo Domingo, de Santo Domingo se programaban unos camiones para irse directamente a CU. Si yo salía un poco más tarde, por ejemplo a las 6, ya no llegaba a las 8, entonces, cuando alcanzábamos un camión allí, en Santo Domingo, abarrotábamos el camión, hasta por las ventana nos metíamos, y consignábamos al chofer ¡no te pares¡! y los que vivían en el camino, por avenida Insurgentes, ellos llegaban siempre tarde, porque todos los camiones iban llenos. Así era mi traslado todos los días y de regreso ya no había problemas, porque a veces si quería yo dormir, yo tomaba el tranvía que también salía de Universidad hasta la Calzada Guadalupe, en la colonia donde vivía, pero otras veces, si quería yo leer, pues tenía tiempo, podía ir leyendo de regreso. Así era mi traslado, por eso yo siempre he comentado que el metro se convirtió en algo primordial: el primero que lo impulsó fue Ernesto P. Uruchurtu, que lo tildaron de loco, porque decían “¿cómo va a hacer las excavaciones?, los edificios se van a caer, México estaba en una Laguna”. Después de que salió de su administración se empezó a hacer el metro, sino no en estos momentos en México no se podría vivir, ahora que se cayó uno, ya se vio la crisis. Don Ernesto P. Uruchurtu fue el impulsor los dos sexenios que estuvo, no lo logró.

RMS: Sólo una pregunta más, sobre su experiencia en el Ferrocarril del Sureste. Sabemos nosotros, por las propias condiciones geográficas de ese territorio, que la construcción de esa línea fue muy complicada, incluso. ¿Qué enfermedades eran las más comunes y cuáles los medicamentos para poder atender a los trabajadores ferrocarrileros en esa región?

RRP: Claro que sí, cuando llegué allí, a Teapa, me encontré con un médico militar ya muy grande, la medicina ya se le había olvidado, en cada receta era sólo vitamina C y ya, hasta le pusieron “el Vitamina C”. Pero realmente sí me dieron medicamentos, y además, como yo iba de servicio social, en aquellos años algunos laboratorios nos invitaban un desayuno, un café o una comida, y promovían sus medicamentos, así que yo me llevé una cantidad inmensa de medicamentos por mi cuenta. Tenía medicamentos que no existían en el stock. Me tocó una vez, me interrumpieron en la consulta, me dijeron que había una señora que estaba convulsionando, fui a verla, era un embarazo y estaba convulsionando, le estaba dando preclamsia, no tenía en el stock pero me acordé de mi casa. Le digo la verdad, cuando iba a buscar el medicamento se me borró el casete, Dios mío qué hago, me puse a revolotear y revolotear hasta que lo encontré, corrí a ponérsela y pude controlar el problema. Cuando no era una consulta de urgencia no había problema, generalmente eran parásitos, allí sí conocí todos los parásitos y a todo color. Tenía una enfermera de esas que, en aquel tiempo, ahora sí que se hacían en el camino a golpe de calcetín, me hacía los exámenes de laboratorio. Nosotros en la carrera aprendimos a hacer, con la técnica pertinente, ella nada más agarraba el excremento y agua, lo revolvía y nadaban los parásitos, le decía yo “ya ni lo haga, ya mejor le damos tratamiento”. Era muy buena su técnica, porque si le ayudaba mucho a la gente. Le digo “la parasitosis”. Era lo máximo y junto con la anemia, por la misma parasitosis.

RMS: Muy bien doctor, nos da usted ese panorama y así vemos los contrastes entre lo que era el Hospital Colonia, con todas esas posibilidades, y luego ya en la vía y en el campo, donde estaban las condiciones más difíciles para poder atender a la población. De mi parte sería todo, estamos muy agradecidos. Estamos muy contentos y muy agradecidos por esta charla que nos permitió tener con usted.

RRP: Pues muchas gracias a ustedes por darme esta oportunidad. Realmente no estaba en mi programa. Un último comentario que les quiero decir es que cuando yo ya estaba en el Seguro (IMSS), en el Ferrocarril del Sureste, los trabajadores no tenían el servicio del Seguro, mi jefe máximo, que estaba en Orizaba, me dijo que me viniera para acá a recorrer el ferrocarril para conquistarlo, para que se afiliaran al Seguro Social. Yo le comenté que incluso yo era de allá, entonces me dijo: “véngase conmigo”. Creo que contribuí bastante a convencer a todos los trabajadores para que se afiliaran, primero en el Servicio Social y luego en el Seguro (IMSS), para su servicio médico.

PJL: Pues eso también es importante don Roque.

Las ferrocarrileras hablan. Entrevista realizada a Euridice Roldan Herrera, Santa Delgadillo Delgado, Julieta Arciniega Tetelpa[mirada-reference number="1" top="80%"]Queremos rendir un homenaje a la señora Julieta Arciniega Tetelpa ferrocarrilera que falleció meses después de participar en este conversatorio.[/mirada-reference], Ivonne Morales Fernández y Sonia Antonio de la Rosa[mirada-reference number="2" top="80%"]Entrevista realizada por Patricio Juárez Lucas, Jefe de Departamento de Archivo Histórico del CEDIF-CNPPCF, el 18 de marzo de 2021, en la charla en modalidad virtual “Las ferrocarrileras hablan” que se realizó en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y tuvo como propósito reflexionar sobre la presencia de la mujer en el mundo del trabajo del ferrocarril, con la intención de conocer y reconocer su aportación al gran reto de movilidad colectiva y sostenible que supone el transporte ferroviario, el cual se ha considerado un ámbito de trabajo masculino y la aportación de las mujeres ha pasado desapercibida. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx[/mirada-reference]

revista digital

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mayo – agosto 2021
Las ferrocarrileras hablan. Entrevista realizada a Euridice Roldan Herrera, Santa Delgadillo Delgado, Julieta Arciniega Tetelpa 1 1. See reference Hide reference 1 Queremos rendir un homenaje a la señora Julieta Arciniega Tetelpa ferrocarrilera que falleció meses después de participar en este conversatorio. , Ivonne Morales Fernández y Sonia Antonio de la Rosa 2 2. See reference Hide reference 2 Entrevista realizada por Patricio Juárez Lucas, Jefe de Departamento de Archivo Histórico del CEDIF-CNPPCF, el 18 de marzo de 2021, en la charla en modalidad virtual “Las ferrocarrileras hablan” que se realizó en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer y tuvo como propósito reflexionar sobre la presencia de la mujer en el mundo del trabajo del ferrocarril, con la intención de conocer y reconocer su aportación al gran reto de movilidad colectiva y sostenible que supone el transporte ferroviario, el cual se ha considerado un ámbito de trabajo masculino y la aportación de las mujeres ha pasado desapercibida. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx
Por Patricio Juárez Lucas

Patricio Juárez: Buenas tardes a todas y a todos quienes nos acompañan en esta transmisión, a nombre de la Secretaria de Cultura, a través del Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero, les damos la más cordial bienvenida a este “ Ciclo Charlas de Café con Vías Convergentes: Un espacio de dialogo para reflexionar sobre el ferrocarril y sus protagonistas”, esta primera charla se da en el marco del día internacional de las mujeres y lo que pretendemos con ello es visibilizar el trabajo femenino en los ferrocarriles en ese sentido es un honor iniciar este ciclo con la presencia de quienes me acompañan en esta mesa, mujeres que laboraron en FNM (Ferrocarriles Nacionales de México) y por lo tanto les doy de nuevo, la más cordial bienvenida a quienes están conmigo: Julieta, Eurídice. Por favor, en dos minutos, me pueden decir su nombre completo y su cargo en Ferrocarriles Nacionales de México.

Julieta Arciniega: Mi nombre es Julieta Arciniega Tetelpa, fui telegrafista y jefe de estación en Ferrocarriles Nacionales de México de 1977 a 1998, fui jubilada cuando la concesión de los Ferrocarriles Nacionales de México, me jubilaron a los 39 años de edad.

Patricio Juárez: ¿Eurídice?

Eurídice Roldán: Mi nombre es Eurídice Roldán Herrera, buenas tardes a todos, yo fui telegrafista en Ferrocarriles Nacionales de México iniciando un 6 de abril de 1991 hasta el año de 1997.

Santa Delgadillo: Hola, buenas tardes, mi nombre es Santa Delgadillo Delgado me inicié como telegrafista el 26 de febrero de 1991 y fui liquidada con la privatización en agosto de 1997, laboré como telegrafista B y estoy aquí, a sus órdenes.

Patricio Juárez: Ok.

Ivonne Morales: ¿Qué tal? Buenas tardes, mi nombre es Ivonne Morales Fernández me inicié laborando en el año de 1988, perdón… sí, 1988, fui telegrafista, jefe de estación, despachador de trenes, jefe de oficina telegráfica, ayudante del jefe de despachadores, jefe de despachadores e auxiliar, actualmente todavía sigo laborando para la empresa FERROMEX, ahora soy gerente de la Región Pacífico. El papel de la mujer pues si ha sido bastante difícil y pues todavía seguimos, seguimos trabajando.

Patricio Juárez: OK, muchas gracias a todas, pues yo la siguiente pregunta que les hago es en el sentido de que me platiquen o nos platiquen a todos los que nos están viendo, este, ¿Cuáles fueron las dificultades o cuáles fueron los pasos o el procedimiento para llegar al lugar en que ustedes llegaron? Digamos, su capacitación desde, ayer preguntaban desde que comenzaron como a, chicharear, dijeran en el lenguaje ferrocarrilero, como comenzamos con nuestra presentación por favor, otra vez.

Julieta Arciniega: Bueno…

Patricio Juárez: Alrededor de cinco o seis minutos.

Julieta Arciniega: Sí, este, pues yo comencé a chicharear a los trece años porque, pues en realidad ahí en el pueblo donde vivía pues no había mucho que hacer y pues vivía enfrente de la estación y siempre para mí me llamó la atención el telégrafo porque quería yo saber qué era ese sonido, qué era, lo que significaba, qué era lo que quería decir. Entonces, una vez pasé por ahí y un telegrafista me dijo que si me interesaba ser telegrafista, le dije que sí, me dio la clave morse, la empecé, la aprendí a los dos días. Él… este pues ya empecé a chicharear, pero el primer obstáculo que tuve fue que el jefe de estación no quería mujeres en la estación, entonces, le prohibió al telegrafista que yo fuera a la estación porque decía que las mujeres eran para la casa, para hacer el quehacer, para todo, entonces, yo tuve que buscar otra forma y me fui a otra estación de ahí, cerquita de Paso del Toro, que quedaba a diez minutos de ahí. Empecé a trabajar, a practicar con el jefe de estación, Aurelio Díaz Gómez, por cierto muy buen Jefe de Estación, lo malo es que el obstáculo era que yo no tenía dinero para los pasajes, pero como el jefe vio que yo tenía muchas ganas de ser telegrafista, él me dijo: “no te preocupes, yo te voy a dar para los pasajes¨. Entonces, ahí empecé a practicar con él y este pues, a los… ahí estuve practicando bastante tiempo porque en ese tiempo las escuelas de telegrafistas demoraba mucho tiempo para abrirse, para formar nuevos grupos, entonces a los 18, iba yo a cumplir 18 años cuando me dice el jefe: “Julieta, ¿ya estás lista para irte lejos?”, me dijo, “pues, ya van a abrir un curso”, lo malo que me topé porque yo no era de familia ferrocarrilera, entonces ya en el sindicato me pusieron las trabas como siempre, de que no podía yo entrar porque no tenía quién me recomendará, porque no tenía familia ferrocarrilera y me pidieron un dinero, ¡fíjese, eh! Me pidieron un dinero para poder entrar a ferrocarriles, mi papá hizo el sacrificio de darlo, me lo dieron, me dieron mi carta de recomendación, me fui a la Ciudad de México y ahí otra vez las trabas, “que espérate que todavía no te podemos dar la carta para que hagas el examen pues”… porque ya saben, dinero. Ahí está otra vez, ahí ya no tenía dinero y el jefe fue el que le regalo una botella y fue que me dieron la carta para poder hacer mi examen de telegrafista. Y pasé el examen, estuve un año en la escuela de telegrafista, salí a trabajar y pues siempre a nosotras las mujeres, como yo no sabía nada de ferrocarriles, nos hicieron como quisieron, me mandaban a estaciones para trabajar de las cero horas, los jefes de estaciones, había unos jefes que eran muy buenos, pero había unos jefes demasiado malos que nada más nos dejaban el cubículo donde estaba la telegrafista y nada más, nos cerraban los baños, no podíamos entrar a los baños , ahí teníamos que andar buscando entre los carros para ir a hacer nuestras necesidades porque no había en dónde hacer las necesidades fisiológicas, ahí si hubo muchos problemas para nosotras las mujeres porque la verdad pues los hombres como quieran, pero nosotras como mujeres y trabajando en la madrugada, ¡Imagínese! En una estación donde nada más estaba la pura estación y los carros alrededor, si era un peligro para nosotros, pues no había otra forma de defendernos porque la verdad teníamos que trabajar, nos mandaban a la estación, y que si no íbamos a esa estación nos contaban el tiempo de no presentarnos, nos ponían como “abandono de servicio” y nos corrían, y pues ya de ahí me casé, me hice Jefe de estación y ya tuve más, este, más chance de trabajar en las estaciones, ya este conocía yo más de ferrocarriles, ya dejé de sufrir un poco porque en realidad cuando uno está inexperta en la vida se te dificulta, pero pues aun así estuve trabajando todo este tiempo, cubrí muchos puestos como: jefe de estación, ayudante de jefes de despachadores, este, telegrafista, estuve mucho tiempo en la telegráfica y finalmente me jubilé como Jefe de estación en la estación de Vicente, Oaxaca, y este, pues gracias a Dios si estoy bien.

Patricio Juárez: Gracias, ahora le pedimos a Eurídice que nos comparta también su experiencia, ¿no? En ese mismo sentido de su capacitación, los trabajos y en dónde…por dónde a andando.

Eurídice Roldán: Pues mi capacitación empezó en la estación, donde yo vivo, Empalme El Rey. El primer obstáculo fue mi padre que no creyó, él decía que no, pues al verme practicando en ese aparato, ¿no? (la clave morse). Él me decía que, qué hacía, que pues que nada más me estaba haciendo tonta que mejor me pusiera a trabajar en otra cosa porque realmente solo no iba a servir de nada. Posteriormente, el jefe de estación que muy amablemente me enseñó y siempre estuvo conmigo, el señor Francisco Javier Rodríguez, él me dijo: “échale ganas, tú vas a poder, vas a salir adelante y vamos a demostrarle a papá pues que no estás jugando, que esto realmente es para que entres a esta empresa”. Gracias a Dios, así fue, fueron más o menos un año que estuve practicando, como ya le decía a usted, lo decimos los ferrocarrileros, ¿no? chichareando, empezando el telégrafo. Con esta persona viajaba yo de Empalme El rey hasta Agustín Hidalgo, todos los días en un tren que corría de Buenavista Beristaín el número 61 y 62 a las nueve de la mañana pasaba, a las 16 horas ya veníamos de regreso, esto fue durante un año.

En sí, para poder entrar no tuve mucha complicación gracias a Dios y a él, insisto, a esa persona, jefe de estación, porque él me fue encaminando, él me llevó al sindicato, al edificio administrativo, en sí, él me ayudó a arreglar pues toda mi documentación para poder entrar, ¿un poco complicado? Sí, por la edad porque empecé a los catorce años, entonces era menor de edad, ¿no? El tiempo que estuve también en la escuela, en la terminal Valle de México, fue alrededor de un año, me parece, recuerdo que año y medio, estuvimos preparándonos para ya para salir a trabajar. Desde un principio yo siempre pedí, yo quería conocer más del mundo de los ferrocarriles, creo que fue muy corto el tiempo que yo estuve ahí. Me decían, saliendo ya, terminando el curso: “pues te puedes quedar en la terminal del Valle”, ¿no? , yo quería salir, yo quería conocer.

Desde un principio, insisto, me fui la división Pacifico. Puedo decir que recorrí la mayoría, ¿no?: Acámbaro, San Lázaro, Cárdenas, casi los siete años fueron allá, fueron unos días en Guadalajara, otro poco tiempo fue en Buenavista y al final en la terminal del Valle de México, cuando desafortunadamente, bueno pues, llegó la liquidación, ya no hubo oportunidad de ascender e hice examen para despachador de trenes, pero pues no, ya no se pudo, ya no se pudo hacer más, solo orgullosamente puedo decir que fue poco, ¿no?, pero como telegrafista B estuve en varias estaciones, bueno, pues terminé en el Valle de México, que ahí fue donde me tocó la liquidación. Eso es lo que yo les podría compartir.

Patricio Juárez: Bueno, muchas gracias, Eurídice. Santa nos puedes ahora compartir tus experiencias y, como les he ido comentando, su procedimiento, su capacitación y sus lugares donde hayas trabajado.

Santa Delgadillo: Claro que sí, con mucho gusto. Bueno, al igual que la compañerita Julie, yo no tengo familiares cercanos, muy cercanos a mí en ferrocarriles, entonces, este, igual me llamó la atención mucho el ruido de la clave morse, fui con el jefe de estación de Somorriel, Hidalgo, que es el señor Miguel Ángel Taboada Gómez, el jefe de estación bien amable me enseñó la clave morse, me gustó este mundo, aparte, como así nos los hizo explicar, este, un mundo aparte, el lenguaje morse es diferente. Entonces, como obstáculos pues yo creo que en general, el de todas las mujeres, el ser mujer, precisamente, estuve chichareando ahí en la estación de Somorriel, Hidalgo, me fui al examen al Valle de México, , quedé en el grupo del profesor Jesús Salguero, igual fui compañera de la compañerita Eurídice, fuimos compañeritas de grupo, ahí estuvimos un año en capacitación y pues empecé a trabajar en el Valle de México, de ahí pedí mi cambio a la división Querétaro, me fui a la estación de Escobedo, en Escobedo tuve la oportunidad de conocer muchas de las estaciones de ahí, de la división Querétaro, como Querétaro, Celaya, Irapuato, incluso fuimos hasta San Luis Potosí y es una experiencia bien bonita, pero le digo que como obstáculos precisamente pues el ser mujer, entonces, como en muchas ocasiones si es uno objeto de, como de, la falta de respeto y por lo mismo uno tiene que defenderse como pueda, entonces, pero en general todos nuestros compañeros, los jefes de estación con los que yo tuve alguna conexión, relación, nunca nos faltaron al respeto, entonces, pero si es una aventura bien bonita porque tienes la oportunidad de conocer muchos, muchos lugares que uno, acá en su lugar de origen no podría yo conocer.

Pues igual, otra dificultad, como dijo Julie, las cuestiones de las necesidades fisiológicas, eso era un tema aparte, la verdad es que todo estaba estructurado para hombres no para mujeres, entonces uno tenía la necesidad de buscar alternativas y bueno, de la de Querétaro ya me regresé a la División México, me fui a trabajar a Pachuca, estoy muy cerca de mi tierra. De Pachuca ya me regresé al Valle donde pues desafortunadamente en agosto del 97 me llegó la liquidación. Estuve muy contenta trabajando siempre, yo únicamente fui telegrafista, ayudante de jefe de oficina y solamente eso, telegrafista, pero fue una experiencia bien bonita el haber aprendido la clave morse.

Patricio Juárez: Gracias, Santa, ahora le damos la palabra a Ivonne, que nos platique su vida ferrocarrilera que hasta donde tenemos noticia, continua, por favor, Ivonne.

Ivonne Morales: Claro que sí, con mucho gusto, bueno este, también inicié muy jovencita, apenas tenía diecisiete años cuando comencé a practicar como telegrafista o chichara, como nos decían a nosotras, en la ciudad de Tierra Blanca, Veracruz. Ahí estaban unas oficinas que, bueno, las condiciones de las oficinas la verdad ha sido lamentable durante todo el proceso de nacionales que viví, nunca tuvieron una muy buen imagen e higiene, pues no tenían un mantenimiento adecuado, entonces, para ser mujer, era bastante difícil, rodeada de hombres, en un grupo que comencé en donde había al menos quince hombres y era la única mujer, a mis diecisiete años me topé con muchos varones fuertes, de carácter difícil porque al menos a esa edad uno se siente como que estás en medio de una jauría de lobos porque sí, todos te miran y casi casi te quieren comer con los ojos, pues obviamente entrando en un ambiente de trabajo en donde normalmente había hombres y la verdad es que necesitaba uno mucho valor para hacerlo, si, la verdad sentía miedo, a veces sentía miedo, a veces sentía que caminaba y me sentía tan débil o tan frágil entre tantos hombres, pero algo dentro de mí me hacía salir adelante. En el año de 1987, que fue cuando yo inicié, en Tierra Blanca, pues conviví con varios hombres, ahorita escucho a mis compañeras hablar y la verdad que como se revive ese cassette de todo lo que viví y que realmente está ahí, ¿no? Está vivo, está latente, yo, contrario a ellas, soy una persona que vengo de familia ferrocarrilera totalmente desde mis bisabuelos, tengo mucha familia ferrocarrilera, entonces de alguna forma, pues, siempre conté con ese respaldo de varones dentro de la misma empresa para no sentirme tan descobijada, pero sí, realmente en las oficinas llegamos a estar tan sola y llegaban pues ahí las tripulaciones compuestas de varios hombres y así como que te sentías así un poquito pues expuesta ¿no? Era complicado, era difícil, sin embargo, me siento muy orgullosa, la verdad, porque logré tantas cosas, viaje por tantos lugares como dice mi compañera Julie. Yo estuve por muchos lugares, estuve en Tierra Blanca, en Rodríguez Clara, por parte de lo que fue la región Sureste, también estuve en México, en Puebla, en Valle de México, estuve en Aguascalientes, en Irapuato. Actualmente radico en Guadalajara y bueno si ha sido un peregrinar por gran parte de la republica que eso antes nos lo permitía, el mismo trabajo nos lo permitía, que pudiéramos nosotros aplicar para un puesto en cualquier lugar de la república, cuando fue Nacionales de México, posterior a eso pues ya no, ya no se pudo, una vez que se privatiza la empresa, pero sin embargo conforme fue pasando el tiempo fui testigo, fui testigo, de esa trasformación de los ferrocarriles porque cuando viene la privatización empieza a cambiar todo, empieza a venir la modernidad, empieza ya obviamente los telegrafistas ya fueron eliminados, los jefes de estación poco a poco también fueron eliminando y bueno, afortunadamente, digo, en el momento que tuve la oportunidad siempre busqué un puesto más, un puesto más arriba, entonces estudié pues para jefe de estación y después para despachador, entonces, eso a mí me abrió mucho las puertas, ¿no?

Posteriormente a esto yo también estuve estudiando, hice mi carrera porque soy licenciada en contaduría y también a la par con el trabajo siendo mamá, teniendo hijos, haciendo una carrera, trabajando en horarios también así, de relevos que un día vas en la tarde y otro día vas en la mañana, otro día vas en la noche, entonces la verdad sí, fue un camino y ha sido un camino bastante difícil, lo que comentaban entre mis compañeras también, compartí muchos años, muchos años de trabajar en el turno de la noche, de la madrugada, inclusive en una de las experiencias y que más miedo sentí fue cuando yo trabajé en la terminal de Tierra Blanca Carga, que es una estación que estaba a medio patio, medio patio, estamos hablando de muchas vías llenas de carros y no había transporte y tenía que caminar como tres kilómetros, caminando a las once de la noche para entrar en el turno de las doce con un miedo terrible porque había personas indocumentadas entre los carros del ferrocarril y que la verdad era bastante difícil y había que armarse de mucho valor, la verdad, para ir a trabajar, pero la verdad tengo el honor y el gusto de decir que en toda mi carrera ferrocarrilera solamente una vez, una sola vez, he faltado al servicio, los demás días pues siempre han sido por vacaciones, por maternidad, por alguna incapacidad, pero que yo, por mi cuenta haya faltado al servicio, solamente una sola ocasión. Entonces porque a mí, el compromiso con mi trabajo es tan fuerte que lo llevo dentro de mí, no es algo de lo que yo me pueda deslindar, inclusive pues mis familiares a veces me dicen “es que trabajas mucho”, pero pues es algo que a mi gusta, que me agrada, que siento que llevo en mí y eso me ha abierto mucho las puertas, me siento muy agradecida por todo lo que he logrado…Creo que ya me excedí un poco, ¿verdad?

Patricio Juárez: Gracias, Ivonne. Bueno, este, viendo, escuchándolas a ustedes me gustaría hacerles otra pregunta, es en cuanto a las categorías, yo sé que era escalafonario. y era también de acuerdo a la estación en la que trabajaran y todo eso, pero como vivieron ustedes o como sintieron en la cuestión de que digamos que yendo a la nómina entre ustedes y los compañeros ahora sí que hombres, ¿no?, ¿cómo era su salario? Digamos ser telegrafista o en este caso ser jefa de estación en cuanto a ustedes y con jefe de estación hombre, ¿cuál era… había alguna diferencia o les pagaban igual?

Julieta Arciniega: Nos pagaban igual, nos pagaban igual el trabajo, bueno, jefe de estación, había estaciones donde te daban comisión de express y era un poco más el salario y de telegrafista pues no, era el mismo sueldo de acuerdo también a la clase, porque había clases de estación, por ejemplo, cuando trabajaba uno en la telegráfica, este, de primera pues era un sueldito un poquito más porque te pagaban más tiempo extra de que había teletipo, te pagaban una hora extra, pero en realidad el salario para hombres y mujeres era igual, no había diferencia de nada.

Patricio Juárez: ¿Alguien más?

Ivonne Morales: Como comenta Julieta, ¡ayyy, perdón, perdón! (le gana la palabra a Santa), lo que comenta Julieta es muy cierto, el salario en Nacionales de México era de acuerdo a la estación en donde trabajabas, había estaciones de primera y tenían un mejor sueldo, pero ahí si era el sueldo era el mismo, cuando ya viene la privatización es como cuando hay un poquito de cambios, que eso es lo que yo he vivido, este, no se daban así como tan rápido las cosas, había que trabajar, como que invertir, es una parte de invertir tu trabajo como para que después ya tengas un beneficio, pero eso es de manera general, no es nada más de las mujeres, en la parte complicada de ser mujer y para lo que nosotros tuvimos problemas, o al menos de parte mía, pues es el hecho de que la mujer pues como ha ido cambiando en todo México o sea, la mujer que es y luego era tan participativa en los trabajos, o sea siempre se tuvo a la mujer como que la mujer es para cuidar a los hijos, para hacer el quehacer, para estar en casa, entonces, hoy por hoy la mujer ha destacado en tantos puestos, en tantos trabajos que, la verdad, está siendo un papel bastante importante, por no menospreciar a los hombres por supuesto, porque hay hombres que son la verdad muy buenos para trabajar, pero hay algunos que no, entonces, esos que no han querido ser pues alguien que quiera progresar es ese espacio que nos han dejado a nosotras las mujeres para destacar en los diferentes trabajos porque hoy por hoy, hasta en la rama de la construcción tenemos a mujeres trabajando y eso la verdad es un honor, es un honor de deseo de tanta mujer pues que ha salido adelante.

Patricio Juárez: ¿Alguien más que nos pueda comentar algo al respecto?

Santa Delgadillo: Bueno, solamente para confirmar como dijo la compañerita Julie, era de acuerdo a las estaciones en las que laboraba uno, este, había telegrafistas, como en mi caso, que nada más fui telegrafista, desgraciadamente a las mujeres telegrafistas en línea, que se llamaba así, si percibían un salario un poquito más bajo que en estaciones, como se dice terminales o de primera o extra-primera, que es el caso de Buenavista, si había un poco de diferencia en el salario, pero en comparativa con los hombres se pagaba igual, igual, igual.

Patricio Juárez: ¿algo más que quieran compartir con nosotros, con la gente que nos está viendo que es lo que nos este… además de todo lo que ya nos han dicho: las dificultades, la vida y bueno, pues, pues que nos digan a ver qué otras cosas quedaron en el tintero o quedan en el tintero, bueno de las tantas que pueden quedar, pero alguna que en este momento se les venga a la memoria?

Ivonne Morales: Pues nada, solamente agradecerles esta oportunidad que nos brindan a las mujeres en este caso, pues, escogieron la rama de las ferrocarrileras, pero la verdad es que hay tantas mujeres en la república mexicana y en el mundo entero que día con día estamos luchando para salir adelante, para sacar a la familia adelante, trabajamos para un país donde prolifera el patriarcado y pues las mujeres hoy por hoy realmente tienen mucho valor y ojalá que esta entrevista que nos hicieron pues sirva para que muchos hombres pues empiecen a valorar más a sus mujeres porque pues venimos de la mujer todos y la verdad es que sí, merecen mucho respeto y a nombre de todas aquellas que han perdido la vida o que sufren maltrato, pues que también que ojalá sirva para ese apoyo de ellas, gracias, gracias por darnos esta oportunidad.

Patricio Juárez: Entonces, como les comento, vamos escuchar el testimonio, ya que no se pudo integrar a la mesa por las cuestiones del Covid, se tuvo que ir a la vacunación, nos dejó aquí su testimonio Sonia, adelante con el testimonio de Sonia Antonio de la Rosa.

Santa: Si me permiten, voy a dar una pequeña muestra de telégrafo antes del video.

Patricio Juárez: Sí, por favor.

Santa Delgadillo: (hace uso del telégrafo) Lo que transmití es: “Y que vivan las mujeres ferrocarrileras, saludos”.

Sonia Antonio: Buenas tardes, mi nombre es Sonia Antonio de la Rosa, nací en una pequeña comunidad llamada Mojarras, rumbo a la frontera sur del estado de Chiapas. En mi época las niñas estaban destinadas al casamiento a temprana edad y a tener muchos hijos, sin embargo mi mamá quería algo mejor para mí, entonces, escucho que pasó el señor Vallejo y decía que ya que había mujeres telegrafistas, yo me empecé a acercar a la estación, a hacer los informes de los express 38 y 39, el corte de boletos, todo lo que se hace en las estaciones, después ya me dejaban las estaciones, pero siempre en mi existía un poquito de interés porque de las personas de ahí, del pueblo, pocas sabían leer y escribir, entonces un señor andaba buscando quien hiciera los formatos de, de… para transportar el pescado de un lugar a otro que se llamaba SPD 12 (¿?) y le dijeron la niña que está en la estación lo puede ayudar. Él se comunicó y me dijo: “Oye, hija, ¿puedes hacer los formatos?-Sí, usted me dice cómo; nombre, dirección, remitente, consignatario, cuántos kilos pesa y lo que se cobraba”, y poco a poco me iban agrandando mis conocimientos en la estación, después ya que tuve 17 años, pues ya pensé en venirme a la escuela de telegrafista, pero antes mi mamá decía: “pues si no eres telegrafista, pues vas a tener que hacer la costura o cultora de belleza o algún oficio así, para pasar la vida, ¿no?”. Y yo decía: “pues yo mejor quiero ser telegrafista”, pero no tenía idea de lo que me enfrentaba, lo que era ser telegrafista. Así viajé en 1965 y me presenté ante el maestro Piñera, el instructor de telegrafistas, y le dije: “maestro, yo quiero ser telegrafista”, “¿usted?”, “si”. Me hizo una prueba y me dice: “tienes muchos errores, pero faltan dos o tres meses para que se abra la escuela, puede usted venir diario y practicar”.

Iba diario a la escuela hasta que se formó el grupo. Un cinco de diciembre de 1965 estaba asentando escalafón en la estación de Tonalá, Chiapas. Trabajé todo el 66 en el PA, Ferrocarril Panamericano, después regresé a México y me inscribí en la escoleta. Mientras se habría la escuela de jefe de estación anduve en muchas estaciones: en Huehuetoca, en El Salto, en Tula, en Huichapan, en Rayón, después asenté escalafón en Aragón, y Nopala, y ya para regresar a mi división, me dijeron que estaba aquí una estación de Tetecalita, Morelos, fue como llegué a la línea C y aquí me quedé. Con el tiempo, después de jubilada, comencé a estudiar, ese sabor me quedó de responsabilidad todavía del manejo de las órdenes, el trabajo exigía mucha concentración, exigía no faltar, no tener faltas y estaba acostumbrada a todo eso. Vi que en las estaciones también era una gran responsabilidad manejar la bandera de señales, el efectivo, en todo lo que se relacionaba con la agencia. Así fueron muchos años, 32 años que trabajé en la empresa de ferrocarriles. Allí también en el turno de Cuernavaca, que tarde 20 años, pues siempre andaba apurada por atender la casa, los hijos y fuimos creciendo como familia, estando atentos, sin dejar de trabajar, fueron unos tiempos difíciles como mujer porque en el turno de cero a siete, tenía que ir al trabajo, y embarazada de siete meses o con migrañas al estar atendiendo al despachador, fue un tiempo en el que pues si era bastante absorbente, de mucha responsabilidad. Creo que todos los ferrocarrileros teníamos responsabilidades, pero en el puesto de telegrafistas se necesitaba de tiempo, de todo el pensamiento, de estar atenta. Yo así, llegaban mis familiares a saludarme y si el despachador estaba llamando, pues tenía prioridad, los trenes tuvieron siempre la atención que se debía, el tiempo que se requería, la concentración en las ordenes, el no titubear, no equivocarse, todo eso…pero al final, reconoce uno que ser ferrocarrilero, la empresa nos hizo responsables, la empresa nos hizo personas valiosas porque veo entre mis compañeras que también ellas pasaron momentos inolvidables, momentos de mucha atención con los trenes, con el efectivo y todo lo que se requiera para la responsabilidad siempre, el pensamiento siempre estuvo en la estación. No fue fácil ser telegrafista, sin embargo fue un trabajo hermoso, pues gracias a ese trabajo se tiene una pensión. Hoy ya llegando a esta edad, solas, las secuelas que a veces uno se pone nervioso, todavía recuerdo los trenes, silbatos y todavía me acuerdo de la empresa, del telégrafo, de eso que marcó mi vida, que estuvo más en mi vida, más que otras cosas, fue más responsabilidad, más estar concentrada, pensando siempre en la estación, pensando siempre en las órdenes del tren. Creo que fue una maravillosa experiencia en la vida como para después disfrutarla o sentarse de este otro punto de vista a verla, a criticar lo que fue la vida, ¿por qué no? se pregunta el ser humano: “¿qué es la vida?” Pues mi vida fue llena de responsabilidades y el telégrafo, pues eso lo llevamos hasta hoy, hay gente que trasmite hasta hoy muy bien, hay gente que siempre está practicando, todavía escuchamos el telégrafo y nos acordamos de todo lo que vivimos, de todo lo que fue, de todo lo que compartimos, de todos los momentos difíciles y fue una gran experiencia, muchas gracias por este video, gracias al licenciado Román , gracias al Museo de Puebla por poner sus ojos en esta comunidad porque fueron muchos telegrafistas, fueron miles y miles de telegrafistas, pero la comunidad de mujeres somos como 250, no llegamos a mil y ya, nos conocemos poco, pocas hemos estado alejadas, pues tenemos comunicación y veo que todas ellas comparten la misma responsabilidad, los mismos problemas, muchas gracias por la invitación.

Entrevista con Santos Bustillos, migrante hondureño

revista digital

41

enero – abril 2021
Entrevista con Santos Bustillos, migrante hondureño

Albergue La Sagrada Familia, Apizaco, Tlaxcala. 
11 de noviembre de 2015

Por Patricio Juárez Lucas 1 1. See reference Hide reference 1 Jefe de Departamento de Archivo Histórico del CEDIF-CNPPCF. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx

PJ: ¿De dónde vienes?
SB: De Honduras.

PJ: ¿De qué parte de Honduras? 
SB: Olanchito.

PJ: ¿Cuántos días tienes ya de viaje?
SB: Tengo dieciséis días de haber salido de mi país. 

PJ: ¿Allá a qué te dedicas?
SB: A la agricultura.

PJ: Tu trayecto de la frontera para acá, ¿cómo lo has hecho? 
SB: Lo he hecho, cierta parte en combis y cierta parte por el monte, caminando, porque venimos huyéndole a la migración. Realmente en el camino hay muchos ladrones y sufrimos parte de eso, por ejemplo, a mí me asaltaron aquí del palomar para acá, me pusieron un machete, una pistola, asaltándome me quitaron el dinero y enseguida nos dijeron que nos largáramos de juida para un cerro, y nos fuimos de juida para el cerro, ya luego después de media hora salimos otra vez para el ferrocarril, para agarrar otra vez nuestro camino y nuestro trayecto. De allá para acá nos hemos venido en el tren y aquí estoy descansando en esta Casa del Migrante.

PJ: ¿Te acuerdas en qué estación tomaste el tren?, ¿en qué parte? 
SB: El tren lo he agarrado de Medias Aguas para acá, de Arriaga no, lo he hecho simplemente a pura pata. 

PJ: ¿Cuántos días caminaste? 
SB: Como unos cinco días, de cinco a seis por allí.

PJ: ¿Qué tal el calor? 
SB: Bueno, en el día sí hace un poco de calor, pero en las noches está fresco para nosotros, friíto. Eso hemos venido aguantando, frío, hambre, sed, todo eso. El camino es muy duro para nosotros, pero, la verdad de las cosas es que nos la hemos venido arreglando para llegar a los Estados Unidos. Hasta acá hemos llegado, porque en nuestro país no se puede vivir, no hay trabajo, la Mara nos hecha juida de allá, nos quitan el dinero, si no se los damos nos sentencian, que nos van a sacar de nuestras casas y a otros los matan. Entonces, eso es lo que nos hace migrar de allá de nuestro país. 

PJ: En el campo, ¿en qué trabajabas o qué cultivabas? 
SB: Maíz, frijoles. 

PJ: ¿En propio o trabajando para otro? 
SB: En propio.

PJ: En cuanto a la experiencia en la cuestión migratoria, ¿tú has estado en alguna otra ocasión en Estados Unidos, o es el primer viaje? 
SB: No, ya he estado en Estados Unidos. Entré la primera vez y me deportaron, esta es la segunda vez. 

PJ: ¿De dónde te deportaron? 
SB: De Austin, Texas. 

PJ: ¿Adónde te dejaron? 
SB: De allí me deportaron rumbo a mi país, a Honduras. En avión, sí en avión, a los hondureños los deportan en avión, directamente a Honduras, y yo aquí voy, nuevamente.

PJ: ¿Tienes algún contacto allá, un familiar que tengas? 
SB: Sí, de familia una hermana, primos, tías.

PJ: ¿En qué parte? 
SB: En Austin, Texas.

PJ: De tus familiares, ¿quiénes se quedan en Honduras?
SB: Pues mis hijos, mi mamá ya murió, nada más tengo mi papá y mis hijos, más que todo mis hijos.

PJ: ¿Cuántos hijos tienes? 
SB: Cinco. Tengo seis por todos. Tengo una hija en Estados Unidos con una mexicana, pero está en Estados Unidos, y en Honduras tengo cinco. Seis por todos los que tengo. 

PJ: Ahorita ¿cómo crees poder llegar a la frontera? 
SB: Pues, realmente voy a ver si puedo llegar a la frontera, siempre agarrando el tren, porque realmente dinero no tenemos. Lo poquito que conseguimos, pidiendo, vamos comprando nuestra comida, nuestra agüita, y ciertamente aquí, en partes de México nos regalan mucha comida, agua y así vamos poquito a poquito, hasta que lleguemos a la frontera, aunque con sacrificios vamos en el tren, allí vamos. 

PJ: La primera vez que fuiste a Estados Unidos, ¿alcanzaste a trabajar algo? 
SB: Sí, si alcancé a trabajar, estuve cinco años. Trabajé algo e hice algo en Honduras, pero lo que hice no lo logré, porque lo mandábamos a nuestra mujer y nuestra mujer lo gastó con otro. No pude lograr lo poquito que yo hice con ella, y aquí voy de vuelta para ver si puedo lograr algo, trabajar para hacer nuestro dinerito, simplemente vivir un poquito más mejor. 

PJ: ¿En qué trabajabas en Estados Unidos? 
SB: En plomería. 

PJ: ¿Con algún conocido? 
SB: Con contratistas. Con un contratista de aquí de México, trabajaba con él bien, de plomería. 

PJ: ¿Qué tal el trato?, ¿él cómo te trataba? 
SB: Fue un trato muy bueno, él era muy buena persona. Sí, ahorita que voy, yo creo que tengo todavía el trabajo con él, está seguro al llegar, pero aquí vamos. Dios quiera que nos ayude, llegar a nuestro camino, esa es la ilusión que tenemos, llegar allá. 

PJ: ¿Dices que ya tienes más o menos dieciséis días de viaje? 
SB: Sí, dieciséis días de haber salido de mi país, y yo pienso estar diez u once días para llegar a la frontera, si Dios me ayuda también.

PJ: ¿En qué parte de la frontera entraste? 
SB: Por Tecúm, Tecúm Umán,  de allí Tapachula, de Tapachula llegué a Arriaga, de Arriaga a un pueblito que no sé cómo se llama, de allí logré llegar hasta Medias Aguas, de Medias a Tierra Blanca, de Tierra Blanca a Orizaba y de Orizaba hasta aquí (Apizaco), que no sé cómo se llama (el entrevistador le da el nombre del lugar). De aquí pienso llegar hasta el Distrito, del Distrito hasta Huehuetoca y de allí no sé cómo se llama el pueblito de más adelante. (El entrevistador le comenta: creo que de aquí es más fácil que llegues a Huehuetoca). 

PJ: De los niños que dejaste en tu país, ¿qué edades tienen? 
SB: La mayor tiene 23 años y la que le sigue, año a año están mis hijos, pues la que le sigue, la mayor ya se me casó, la menorcita, la chiquita tiene 16 años. Esa la tengo en el colegio, la tiene que me vine mi papá, ahorita la dejé en el colegio, pero mi padre la atiende. Por eso pretendo llegar, para ayudar a mis hijos, que mis hijos estudien. La mayor gracias a Dios ya se graduó este año y piensa poner allá, no sé cómo se llama “curla”, otro nivel más grande que sigue estudiando. Gracias a Dios si llego la pongo a estudiar más, aunque yo no logré sacar ni mi sexto grado, pero yo pongo a estudiar a mis hijos para se preparen; y hacer mi casita para ellos. 

PJ: Y esta muchacha que está en Estados Unidos, ¿ella ya también trabaja? 
SB: Sí, ella trabaja, una hermana mía también está trabajado. Sí, gracias a Dios estando yo en Estados Unidos le ayudé yo para que entrara, entró y ahora ella está allá y a mí me agarraron, me mandaron para acá a Honduras y ahora voy de vuelta. 

PJ: ¿Cómo es que te agarraron? 
SB: Pues la verdad de las cosas venía trabajando. Venía de trabajar ya muy de noche y ya me estaba pasando del departamento y enfrené mucho el carro y chilló, y enfrente estaba el policía, como vio que chilló me alumbró con la luz y me pararon, y como era indocumentado ya me arrestó y ya me mandaron para mi país, me pusieron en la corte de migración y me fui. 

PJ: ¿En qué año fue?
SB: Este año, hace un año ya que me deportaron. Gracias a Dios aquí voy de vuelta, sufriendo, pero aquí voy. 

PJ: Con este patrón o contratista, ¿en qué horario trabajabas? 
SB: Trabajaba hasta seis u ocho de la noche, el contratista me daba las casas por contrato, depende de la hora que terminara y a esa hora salía, entre más hacía más ganaba, mi hora de salir era de siete u ocho de la noche. 

PJ: ¿Desde dónde te deportaron?, ¿te enviaron directamente a Honduras?  
SB: Sí, directamente hasta Honduras.

PJ: ¿Aquí en México no los han detenido, a ti en este momento? 
SB: Sí, bajándome de la combi. Como vio migración que me estaba bajando y me hecho juida, me fui al monte y ya no nos siguieron, solamente así me escapé de migración. Hemos visto acá más adelante, pero no nos han echado juida, a mí y a mis amigos, pero a ellos sí, la policía pues sí me ha parado, que traigo una mochilita y ven todo, me ha preguntado que a dónde soy y han preguntado por mi identificación y nada más, sólo eso. 

PJ: En las noches, ¿dónde te quedabas? 
SB: En las noches, a veces cuando venía caminando por el monte, pues me quedaba dormido en el monte aguantando el frío y todo, pues en el pueblo no me podía quedar porque no podía pagar un hotel. Entonces me tenía dinero, me tenía que quedar en las vías del tren y allí me dormía, nada más que escondido más en el monte, y así he venido, es un camino muy duro para nosotros, pero aquel que no arriesga no triunfa.

PJ: Entonces, con los policías, ¿solamente te preguntó de dónde eras? 
SB: Sí, me preguntó de dónde era y mi identificación, enseñárselo yo para así mirar y estar seguro de donde venía. Me hizo preguntas de migración, que sí tenía, que sí conocía a la policía. Les dije que sí, me preguntaron de qué color vestían ellos, la troka que traían, como ya las conozco yo les dije que verde con rojo y blanco la troka, y qué color vestían ellos, que de color blanco también ellos, y del pantalón que traían, un pantalón payolito, algo así su pantalón, ya me dijeron: está bien, sigue tu camino y que te vaya bien. 

PJ: De allá de la salida de tu país, ¿venías con alguien más, con más paisanos? 
SB: Sí, en el camino nos hemos juntado. Salí solo, pero en ese camino nos hemos juntado con muchos otros, luego nos juntamos con unos hermanos y ya aquí en México ya vamos juntos, nos acompañamos uno y otro, nos vamos echando ojo uno a otro, uno para allá y otro para acá, mirando a ver qué se mira adelante, que paseen el camino, teniendo cuidado al subirse al tren porque los garroteros nos bajan a algunos, otros para poderse subir les piden dinero, y uno por venirse en el tren lo poquito que trae uno de dinero se los da uno, por dejarme subir, y así venimos, peleando contra todo, pero con fe se puede triunfar.

PJ: Tu expareja mexicana, ¿está en Estados Unidos o aquí, en México? 
SB: Ella está en Estados Unidos, pero ya con ella me dejé, antes de deportarme me dejé y no la he vuelto a mirar a ella ni a mi hija, ahora que llegue si acaso me da oportunidad nuestro Señor de volver a ver a mi hija.

PJ: ¿Dices que los que se quedaron en tu país están con tu papá? 
SB: Pues la pequeña está con mi papá, la mayor la tengo en San Pedro, trabajando por el momento, y pienso llegar a Estados Unidos para poner a estudiar a ella, y a la que se casó pues está con su esposo, y tengo otro varón que está en el ejército. 

PJ: ¿De cuántos años el muchacho? 
SB: Él tiene 19 años ya.

PJ: ¿Él trabaja allí, en el ejército?
SB: Pues él anda sirviéndole a la patria, les pagan, no sé cuánto les pagan a ellos.

PJ: En el tiempo en que trabajaste allá, en tu país, ¿los terrenos eran tuyos o de tu familia o de algún otro? 
SB: No, los terrenos eran de nuestro padre. Allí me daba de aparcero y trabajaba poquito para mí, los trabajaba y de allí me mantenía. El producto que sacaba lo vendía y otra parte lo dejaba y con eso me mantenía.

PJ: ¿Qué es lo que, principalmente, se cultiva allí?
SB: Lo que se cultiva en su mayor parte es el frijol y el maíz, sí, eso es lo único que cultivaba.

PJ: ¿Cómo es el clima allá, con respecto, por ejemplo, a acá?
SB: El clima ya en tiempo de verano es un clima muy fuerte, ya para noviembre, diciembre y enero, pues ya bajó, ese es el detalle.

Entrevista realizada a Gerardo Niño Méndez, ex ferrocarrilero

revista digital

40

septiembre – diciembre 2020
Entrevista realizada a Gerardo Niño Méndez, ex ferrocarrilero
Entrevista realizada en 1999 por el Dr. Robert F. Alegre, profesor asociado de Historia Latinoamericana, en la Universidad de Nueva Inglaterra. Contacto: ralegre@une.edu. Revisión y transcripción de Patricio Juárez Lucas, Jefe de Departamento de Archivo histórico del CEDIF-CNPPCF.

GN: Pues sí, mira Robert, mi familia fue ferrocarrilera. Mi abuelo fue maquinista, entonces él fue maquinista de las máquinas de leña, después, de las máquinas de carbón.

RA: ¿En qué año fue eso?
GN: Pues yo te quiero hablar aquí de los tiempos de la Revolución, o antes de la Revolución. Mi abuelo se llamaba José Antonio Niño Carrasco. Mi abuela también fue revolucionaria, anduvo con él, se llamaba Maximina Ortega; y de allí le siguió mi padre, que fue también ferrocarrilero, pero él empezó de abajo, era de los que se llamaban “los perones de vía”.

RA: ¿Por qué él no regresó a trabajar?
GN: Él, tengo entendido que fue participante de la huelga de 1927, allí salieron muchos desplazados, entre ellos mi padre, sí andaba por Oriental, por Oaxaca. Mi abuelo también anduvo en el tren de Tepexi de Rodríguez, y mi padre como peón de vía andaba también aquí, por el Interoceánico, porque entonces era vía angosta; aquí también por el Sur Puebla-Oaxaca, por todo ese rumbo. Entonces, en la huelga del 27 fueron desplazados, ya después ya no quiso regresar a ferrocarriles y mejor se fue de obrero, y de obrero le fue mejor, porque en tiempos de la Segunda  Guerra Mundial, en 1942, se dio el auge textil, porque entonces estaban solicitando mucho material de Estados Unidos, con lo de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, él como obrero, en la fábrica que se llama San Alfonso, que ya no existe, que estaba aquí en la 11 norte y la 20 poniente. Por allí salía el tren del Ferrocarril Mexicano y el Mexicano del Sur, porque allí estaban dos estaciones, la del Mexicano y Mexicano del Sur, que estaba atrás, y pues le fue muy bien, económicamente. Le fue muy bien porque trabajaba demasiado, había veces que entraba a trabajar a las 7 de la mañana y salía a las 2 o 3 de la mañana del otro día.

RA: ¿Y le apoyó a tu mamá a entrar al ferrocarril?
GN: No, porque tuvieron un problema entre familias, el abuelo y la abuela se divorciaron, se separaron. Él, en algún momento intentó regresar al ferrocarril, pues sí le gustaba el ferrocarril. Le gustaba ver que su padre era maquinista, él añoraba también ser maquinista. Incluso yo, tu servidor, anhelaba ser maquinista, pero con esas cosas de la corrupción y las dificultades de que tenías que dar determinada mordida, para que te dieran las cartas de recomendación para pasarte a alguna especialidad que te gustara, como a mí que me gustaban los trenes y dada mi situación económica, pues no me era posible.

RA: ¿Tu papá te apoyó para entrar al ferrocarril?
GN: Sí me apoyó mucho, porque él incluso aportaba dinero que me pedían en el sindicato los líderes, para poder darme a mí la carta de recomendación y poder ser ferrocarrilero.

RA: ¿Había que darles a los líderes?
GN: Sí. Había que darles una mordida, como le llama uno a la corrupción. Había que darles la mordida para poder ingresar uno a ferrocarriles, porque a mí me encantaba. A mí desde chamaco me gustaban mucho los trenes, siempre añoraba yo los trenes. O sea que, para mí, prácticamente fue un sueño que nunca lo logré, porque yo al entrar a ferrocarriles entré primero a la especialidad de Puentes y Edificios, en el año de 1953. En mayo del 53 ingresé yo a ferrocarriles.

RA: ¿Cuántos años tenías?
GN: Tenía yo 17 años. Allí era un trabajo duro, era una herrería. El taller se llamaba Miscelánea, porque allí estaba incluido carpintería, albañilería, herrería, en fin. Se llamaba el taller Miscelánea, allí trabajé como ayudante herrero, pero cuando había oportunidad, cuando faltaba personal entraba yo. Después de allí me pasé a una cuadrilla de carpinteros, pero como siempre, los mayordomos buscaban la forma de sacar tajada de uno, siempre lo sobornaban a uno, que les diera uno para la cerveza, saliendo de los talleres se iban a tomar. Mi familia, en realidad mi familia no tomaba. Mi papá no me educó de esa forma. Mi padre era muy estricto, pensaba siempre que las cosas estuvieran bien hechas. Me educó como siempre nuestros padres, como dicen, a base de palos. Si uno se salía de las normas que había establecido mi padre, pues era cosa de que yo tenía que pagar las consecuencias.

RA: ¿Tu papá estaba siempre en casa? ¿cómo era? Porque muchos platican que estaban poco en casa, porque estaban mucho en la cantina.
GN: Bueno, mi padre ya después estaba en casa porque cumplía con sus horas de trabajo.

RA: ¿Qué puesto tenía?
GN: Era engomador. Era una máquina muy bonita, muy grande, que engomaba hilos para preparar piezas de manta, de la cual se hacían en aquel tiempo bolsas para la harina, bolsas para azúcar. Se utilizaba mucho la manta.

RA: ¿Entonces, él ya no agarraba camino?
GN: No, porque él se hizo obrero textil. Se hizo obrero textil, ya estaba muy retirado de lo que era ferrocarriles, pero entonces no faltó alguna persona que fuera amistad de mi padre que era ferrocarrilero y este señor, Martín Núñez, era mayordomo de una cuadrilla de remachadores, o sea, que son los que se encargaban de remachar los puentes. Entonces, se hizo de amistad y le dijo que yo quería ser ferrocarrilero. “¿Y por qué no meten solicitud?” Y pues ya metimos cartas, pero no nos llaman. “No, no, aquí no es de que nos van a llamar, aquí es de juntar algunos centavos y dárselos a los representantes, para que inmediatamente le den su carta de recomendación”. Y así lo hizo compadre. Y sí lo hizo. Me dieron mi carta de recomendación. Entré a la especialidad de Puentes y Edificios, y como te digo, allí en la herrería era un trabajo muy pesado, porque se trabajaba en fraguas. Tenía que partir el hongo del riel, o sea, la parte de arriba, donde pisan las ruedas del tren. La parte que se llama hongo tenía uno que partirla a base de puro marrazo y tajadera. La tajadera es como una especie de cincel y con eso se partía, para quitarle el hongo del riel a puro marrazo, y ya de ese hongo que se le sacaba al riel se metían a la fragua y se hacían los picos que utilizaban los compañeros de vía, que por su desgaste tenía uno que pulirlos a base de fragua para que se hicieran largos y ya sacarle el filo y la figura al pico. Primero entré allí al taller de Miscelánea, después de allí me pasé a carpintería, porque el trabajo era menos pesado, que para mi edad, en ese tiempo inexperto y como no tenía yo la fuerza suficiente para desempeñar esos puestos, entré en carpintería donde el trabajo era menos pesado. De todos modos, salíamos al camino a arreglar casetas, los carros campamentos, cambiar techos a las casas de máquinas, en fin, todo lo que se refiriera a carpintería. Después de eso, como se terminan los interinatos de quince, veinte o treinta días, se me terminaba el interinato me quedaba yo al garete de nuevo. Era modo de volver a trabajar y suplir a uno de planta.

RA: ¿Todavía vivías con tus padres?
GN: Sí, todavía. Entonces tardaba mucho tiempo para que volviera ocupar ese puesto y volver a trabajar, de allí vi la oportunidad de pasarme a peón de vía y, por consiguiente, también agarré un interinato, trabajando en una cuadrilla, la R8, a cargo de un mayordomo que se llamaba Ignacio González. Terminé ese interinato y quedé de nuevo así, a la expectativa, hasta que no faltó alguien que me dijera “¿Por qué no te pasas a fuerza motriz?” y ya dando otra mordidita ya me dieron mi carta de recomendación para pasarme a fuerza motriz. Allí en fuerza motriz ya me fue un poco mejor, aunque había como veinte o veinticinco extras. Había momentos en que ya no entrábamos por derecho, porque el que tenía más derechos pues iba a trabajar siempre y los demás nos íbamos a quedar volando, al garete. Entonces, se optó por hacer una cadena, correspondiendo a las fechas, aunque tuvieran menos derechos. En esa cadena, si me tocaba a mí trabajar hoy, mañana ya no me tocaba, le tocaba al que seguía y así, al que seguía, hasta que llegó el momento en que trabajaba nada más dos, cuatro días por quincena.

RA: ¿Qué hacías cuando no trabajabas?
GN: Pues yo me iba a un taller, precisamente allí en la fábrica de San Alfonso, donde trabajaba mi padre. Mi padre me recomendó con el administrador de la fábrica y me dio esa facilidad, de que si no trabajaba yo en ferrocarriles me fuera yo a trabajar al taller de la fábrica de San Alfonso. Así estaba yo, hasta que llegó el momento en que ya por derechos me tocaba trabajar más de diez días por quincena. Diez, once, doce días por quincena.

RA: ¿Cuándo te dieron planta?
GN: Yo asenté escalafón el 14 de mayo de 1953 y yo vine a obtener plaza hasta el 1 de septiembre de 1969. Fíjate cuántos años, de 1953, como doce, trece años. A los trecde años vine yo a adquirir planta. Entonces, en ese tiempo agarré planta porque comenzó la reducción de personal, según el reacomodo que le llamó la empresa, pero fue otra cosa que la reducción de puestos. Allí fue donde nos asignaron el puesto para salir, ya sea a Aguascalientes, Tehuacán, Oaxaca, a varias partes nos mandaron, y a mí me mandaron a Tehuacán, en el 69. Agarré un puesto como ayudante truckero, que era un auxiliar del operario, que era truckero. Allí había varias categorías: truckero A, truckero B, sueldo especial, y yo agarré como ayudante truckero, de acuerdo con mis derechos. Entonces, de allí empecé a ascender. Ascendí a empacador, en aquel tiempo, era engrasar y poner cojinetes a los muñones de las ruedas de los carros, para que tuvieran lubricación y pudieran trabajar.

RA: ¿En qué año te casaste?
GN: En 1967, dos años antes de que me fuera yo a Tehuacán.

RA: Entonces, ¿en el movimiento de Vallejo eras muy joven?
GN: Creo que yo tenía como 22 años, todavía vivía en casa. Por eso es que iba a secundar, a apoyar a los compañeros allá en México, en las manifestaciones, en los mítines que se hacían en el Monumento a la Revolución. Allí fue donde fuimos reprimidos por los granaderos, donde prácticamente murió el movimiento vallejista, porque apresaron a Demetrio Vallejo. Después vino Luis Gómez Zepeda, el triste y célebre líder charro que echó abajo los logros que había obtenido Demetrio Vallejo, como eran: proporcionarle casa a los trabajadores ferrocarrileros y de allí se nos dio médico y medicinas, y para los familiares también. Sí, muchos logros que se obtuvieron y el aumento que obtuvimos fueron por Demetrio Vallejo, porque con Vallejo obtuvimos un aumento global, que en aquel tiempo fueron 215 pesos quincenales o mensuales.

RA: Pero, en aquel tiempo, no tenías problemas económicos porque vivías en la casa de tus padres.
GN: No, no tenía problemas económicos.

RA: ¿Por qué apoyaste el movimiento de Vallejo, si no tenías problemas económicos?
GN: Porque yo veía las injusticias que había, por parte de los líderes del sindicato y por parte también de los administradores de la empresa, que eran muy tiranos. Es que allí en ferrocarriles teníamos divididas nuestras especialidades. Cada uno tenía que desempeñar su trabajo dentro de esa especialidad que a uno le correspondía, los administradores luego nos mandaban a hacer trabajos que estaban fuera de nuestra especialidad, nos mandaban a hacer trabajos de otras categorías con salarios menores y nos exigían trabajos, nos exigían que nos apuráramos.

RA: ¿Había trabajadores flojos?
GN: Sí, es como en todas las factorías. Siempre no falta el personal que es flojo, que es ratero, el personal que es borracho.

RA: ¿Había mucho alcohol en el trabajo?
GN: Sí, había mucho alcohol.

RA: ¿Cómo te trataban a ti, si no tomabas alcohol?
GN: Allí estaba precisamente, como a mí no me gustaba tomar, muchas de las veces tenía que dar a los compañeros, pues invitarles, decirles “ten para un botella”, porque si no, no le daban a uno el ascenso que nos correspondía o no nos dejaban trabajar en el puesto que uno quisiera. ,Nos boicoteaban, les daban la preferencia a los que tomaban con ellos. Desafortunadamente, a mí me pasó así ya teniendo puestos de planta y todo eso. Yo trabajé en la especialidad de coches y carros, y pues buscando, como ya era casado, yo siempre buscaba la forma de ganar un centavo más. Entonces, me gustaba salir a camino, porque sabe uno que en camino gana uno más, pagaban tres o cuatro pesos por un desayuno, tres, cuatro pesos por una comida, pero para mí era un ingreso, pues yo me llevaba mis tortas, mi lunch, mi agua y todo lo que se… Esos tres pesos eran un ingreso para mí, extra, y pues con eso iba yo a beneficiar a mi familia. Entonces, ya de acuerdo a mis derechos me correspondía a mí las salidas a camino, o puestos más arriba de mi categoría, pero como te digo, como yo no iba de borracho con ellos, esos mayordomos jalaban a los compañeros borrachos, se los llevaban a camino y a uno lo dejaban descansar. Lo mismo había tiempo extra: “te quedas tú, te quedas tú y te quedas tú, aquí en Puebla”, o sea, los borrachines se quedaban. “Oiga, pero es que a mí me toca”, “No, no, él sabe más que tú” y había otro problema, luego, cuando se iban de borrachos y no hacían su trabajo. Luego me decía el mayordomo: “¡A ver niño, ven para acá, ven y ponte a hacer este trabajo porque este cuate no sabe hacerlo, mira es muy tarugo!”. Allí, con groserías. “¡Es muy tarugo, no sabe hacer el trabajo, hazlo tú, enséñale como se hace!”. Yo le decía: Si es trabajo de él, yo ya hice el mí. “¡No, pero para que le enseñes!”. No era tanto que le enseñara, sino era para solaparse. Ya se habían ido de borrachos, era para solaparle a él la flojera. Entonces, te digo, existió en el ferrocarril mucha tiranía, mucha tiranía, tanto por parte de la gerencia, que fue la que a sabiendas de que había mucho ratero no hacía prácticamente nada, porque los rateros los teníamos desde arriba, desde la gerencia. Te platico, por ejemplo, de cuando empezaron a desaparecer las máquinas de vapor, a Benjamín Méndez y a su hijo les concesionaron las máquinas para hacerlas chatarra, entonces, allí fue un dineral lo que se robaron, desde arriba, y así como esos, venía así la cadena desde arriba hasta abajo. A los de abajo les solapaban muchas de las veces las raterías.

RA: Entonces, ¿tú no ibas a las cantinas? Porque me cuentan que, al lado del ferrocarril, aquí en Puebla, había muchas cantinas.
GN: Sí, porque incluso había cantinas que llevaban el nombre. Nosotros teníamos una oficina que se llamaba El fichero, allí entraba uno y checaba uno tarjeta de entrada y salida, entonces la cantina se llamaba El fichero. Todos decían: hay que ir al fichero a checar entrada y salida, allí se checaba entrada y salida, pues había una cantina que se llamaba El fichero, donde se iban a registrar los compañeros antes de entrar a trabajar, allí iban a registrarse. Y así había muchas, hasta pulquerías cerca de los centros de trabajo. Había una pulquería que se llamaba El riel, había una cantina que se llamaba El durmiente, había otra pulquería que se llamaba La 2030, porque la 2030 era una máquina de vapor, grande, de doble movimiento, para jalar flete muy pesado. Entonces era una máquina grandota, entonces a esa pulquería le pusieron La 2030 y así por el estilo, había muchas cantinas allí.

RA: ¿Tú ibas?
GN: No, de vez en cuando. Cuando había que cumplirle. Ah. porque para eso, si uno agarraba un puesto de planta decían: “Tiene que pagar las albricias”, o algo así, y tenía uno la necesidad a veces de meterse uno a la cantina, con ellos, con tal de estar bien parado para que te dieran trabajo adecuado para que estuvieras tú más o menos contento con tu jefe, pero yo veía cómo se servían aquellos compañeros, tarros y vasos llenos de puro mezcal y se lo tomaban como si fuera agua. No, yo no aguantaba tomar tan horrible el mezcal.

RA: ¿También había prostitutas?
GN: Sí, sí había prostitución.

RA: ¿Eran muy machos los ferrocarrileros?
GN: El complejo de macho que tenemos nosotros los mexicanos es, por ejemplo, de que la mujer tiene que hacer todo lo que uno le diga, que tiene que estar prácticamente bajo el dominio del hombre, que el hombre no puede hacer el trabajo de una mujer o ayudarla en sus quehaceres, porque entonces ya le llamaban “maricón”. Entonces, tú tenías que exigirle a la mujer que cumpliera bien con sus quehaceres y también, prácticamente la humillación para la mujer de que uno tuviera dos que tres damas.

RA: ¿Era común?
GN: Era común, los trenistas, pues no se diga, los compañeros trenistas tenían en las estaciones también sus muchachitas. Ese el complejo de machos, que aún no se puede superar en México.

RA: ¿Cuáles eran los deberes de la mujer?
GN: Los quehaceres domésticos, hacer la comida, lavar la ropa, plancharla, darle de comer al esposo, darle de comer a los hijos, llevarlos a la escuela, que estuvieran pendientes de darles de comer a los hijos.

RA: ¿Y cuáles eran los deberes del marido?
GN: Pues, en el machismo, el deber del hombre nada más ir a trabajar, muchas de las veces emborracharse, otras veces andar con alguna dama y demostrarle a su mujer su machismo.

RA: ¿Ir a ganar dinero también, era también su responsabilidad de ir a ganar dinero?
GN: De darle dinero a esas mujeres, muchas veces no, porque las mujeres tenían que trabajar para sostenerse ellas, para sostener a los hijos de este macho.

RA: Entonces, ¿tenían hijos con las diferentes mujeres?
GN: Pues sí, con distintas mujeres tenían hijos, es el machismo que existe aquí, en México.

RA: ¿En el ferrocarril había homosexuales?
GN: Sí había muchos, dentro de los que yo conocí, había uno que le decíamos “la nena”, era oficinista; había otro que le decíamos “la burrita”. Había varios, muchas de las veces la disimulaban, porque como eran talleristas, el trabajo era pesado y más o menos la disimulaban. Sí había entre nosotros, que por medio del trabajo rudo y todo eso no se daban a notar que eran homosexuales, si no que se veían que eran como cualquier otro hombre que está trabajando, porque muchos de ellos estaban en trabajos que eran pesados.

RA: ¿Y cómo la gente sabía que eran homosexuales?
GN: Porque luego, luego, por sus inclinaciones, se daba uno cuenta y como antes teníamos baños que nos proporcionaba la empresa, como había máquinas de vapor, pues teníamos baños rusos, para saliendo nosotros bañarnos y pues allí te dabas cuenta más o menos de quien se inclinaba mucho para acercarse a ti, y a veces hacer insinuaciones, pero se daba uno cuenta que era como cualquier trabajador. Trabajaban en especialidades que eran pesadas, que eran para cualquiera.

RA: ¿Qué quieren decir los términos Nena y Burrita?
GN: Nena quiere decir refiriéndose a una mujer, a una muchachita. A las muchachitas les dicen nenas, entonces hablarles a muchos de ellos, para ellos era halagador que se les dijeran nenas, les agradaba simplemente, pero uno ya los conocía que eran homosexuales.

RA: ¿Y se enojaban con uno?
GN: No, no, porque muchos de ellos se llevaban con nosotros, se llevaban bien con nosotros y como cualquier compañero que se lleva así, natural y todo eso, y también, en el sindicato ferrocarrilero también existían. Había un compañero que era homosexual también, pero ese hombre era un hombre culto, él era de los que organizaba festivales dentro del sindicato, de teatro, de deportes, futbol, beisbol, lucha libre, levantamiento de pesas. En fin, había teatro que te digo, este señor cuando había festivales del día del ferrocarrilero, del día de las madres, tenía muy buena relación con artistas, y traía artistas de México aquí, al teatro ferrocarrilero, ahora en el salón donde hacemos nuestras asambleas. Entonces, estaba el salón bien pintado, bien entarimado, tenía sus luces, estaba bien conservado, porque no se hacía lo que ahora hacen los seudolíderes, que los seudolíderes, precisamente, más bien entre Manuel, Pedro Vázquez y varios compañeros que vamos a las juntas los lunes, pues tuvimos la necesidad de hacer una presión tremenda contra el secretario que está hoy, Manuel Arrazola, que es el secretario de aquí de la Sección 21, de que ya alquilaban el salón para eventos denigrantes, porque allí se vendía mucha cerveza, alcohol, incluso yo les comprobé que hasta pastillas psicotrópicas vendían allí. Porque allí en mi casa tengo un archivo y de allí, en cualquier día yo te podré enseñar de los posters que anunciaban los bailes que hacían de rock, de rock pesado, ponían allí hasta fantasmal ¡heavy metal! Pues no sabría decirte, pero ese tipo de rock tocaban allí y deterioran el salón, lo hicieron asqueroso. Tuvimos que en asamblea nosotros imponernos, porque no creas, hemos luchado bastante para poder tener un poco más tranquilo nuestro salón social.

RA: ¿Cómo te volviste luchador social?, ¿cómo te orientaste?
GN: Pues para ser un gran luchador social necesitas traerlo en la sangre, no propiamente porque te enseñen, porque si fuera por eso muchos compañeros fueran luchadores, porque simplemente al ver que nosotros luchamos dirían “pues yo también voy a luchar”, pero hay compañeros que son tan cínicos, tan conformes, que ellos esperan que otro trabaje para que ellos obtengan también los beneficios por los que nosotros estamos luchando. Entonces, el ser luchador ya lo trae uno en la sangre, porque pese a los peligros a los que te enfrentas, porque te enfrentas a la represión por parte del sindicato, por todos los líderes charros, te enfrentas con autoridades que también están en contubernio con los líderes charros, que protegen a los líderes charros, entonces ese peligro, tú buscas la manera de no claudicar, y sigues adelante.

RA: En 1958, ¿ tenías miedo?
GN: Sí, sí, sí te da miedo, porque si tú enfrentas, inerme, nada más con tu cuerpo, no llevas nada, ninguna arma con la cual pudieras defenderte. Por ejemplo en el 58, 59, a los granaderos, que van armados hasta los dientes. En el 58, 59 hubo muchos muertos, también por la represión de los granaderos, por la represión de la que fuimos objeto por parte de Adolfo López Mateos, porque todavía el presidente anterior, que fue Adolfo Ruiz Cortines, todavía supo darnos los aumentos por lo que nosotros estábamos luchando, pero no hizo más que entrar Adolfo López Mateos y tener una plática, en ese tiempo con Eisenhower, aquí, en Acapulco, fue cuando vino la represión contra los ferrocarrileros, y no nada más éramos los ferrocarrileros, ya estaban unidos ferrocarrileros, petroleros, maestros, electricistas, incluso hasta mineros y hasta comerciantes ambulantes.

RA: ¿Tuviste contacto con estos trabajadores de otras empresas?
GN: Sí, en las asambleas que nosotros hacíamos, ahora sí que clandestinas, incluso nos reuníamos con estudiantes de la UNAM, Politécnico, nos reuníamos allí, en salones clandestinos.

RA: ¿En dónde?
GN: En México, principalmente, cerca de la estación de Buenavista, allí hacíamos nuestras asambleas. Se formó allí un comité que se llamaba “La coordinadora”, del regreso, pues le estoy platicando de los años 59, 60.

RA: ¿De los estudiantes también?
GN: De los estudiantes también.

RA: ¿De qué forma apoyaron los estudiantes?
GN: Ellos nos apoyaban, por ejemplo, haciendo las pancartas, haciendo los volantes, dándonos orientación de las luchas sociales. Y nos daban orientación y ya con eso nosotros, muchas de las veces nos daban orientación acerca de la Ley Federal del Trabajo, nos daban prácticamente armas para defendernos por medio de leyes, no de armas de guerra, nada de eso, sino de leyes, pero pues desgraciadamente siempre fuimos perseguidos por el ejército y no faltaban siempre entre nosotros los judas, los traidores que siempre iban con el chisme allí, con los del sindicato, y debido a tanta represión que teníamos por parte de las autoridades.

RA: ¿Tus papás te apoyaron?, ¿querían que tú apoyaras la huelga?
GN: No, estaban por aparte, porque me decían que yo desatendía mi trabajo y que, pues no era correcto, que yo tenía que ser un hombre trabajador.

RA: ¿Y qué les decías?
GN: Pues yo les decía que sí, que ahora sí. Que como dicen yo les daba por su lado, les decía que sí, pero yo seguía en la lucha. Incluso cuando me fui para Tehuacán, yo seguí con la lucha porque de México, de la UNAM iban hasta Tehuacán estudiantes, llevaban grupos de música de protesta, y yo allí, en una arena de lucha libre, que se llamaba la Arena México, yo organizaba allí asambleas.

RA: ¿En qué año?
GN: De eso que te estoy hablando como del año 1969, 70.

RA: ¿Tú apoyaste el movimiento estudiantil del 68?
GN: Sí, porque incluso estuve acudiendo a México a las manifestaciones, a las marchas de protesta yo estuve acudiendo, porque yo tuve contacto allá con varios compañero (as). Entre ellas había una compañera que trabajaba como enfermera en el hospital Colonia de México, era una gran compañera luchadora y ella me hablaba por teléfono y me decía: “Mira niño, que mañana o pasado vamos a tener una manifestación yo te espero aquí en tal parte” y allí nos veíamos, pero pues éramos correteados por los granaderos, con los gases lacrimógenos, nos correteaban en pleno Zócalo.

RA: ¿Qué pensabas del movimiento del 68?
GN: Yo apoyé mucho a ese movimiento. Cuando vino la masacre yo estaba aquí, en Puebla, hasta el día 2 octubre me habló por teléfono la enfermera, se llama María Luisa Montes, me parece, y me decía: “Mira niño, ahorita los compañeros están sufriendo una represión”, eso fue el 3 de octubre cuando me habló, el 3 de octubre tempranito. “¡Oye, anoche fueron masacrados los compañeros estudiantes, muchos están en la cárcel, muchos están muertos, otros están desaparecidos!” Y yo le dije: “Mira yo ahorita no puedo dejar mi trabajo, yo descanso hasta el día lunes”. No recuerdo qué día fue la masacre, martes, y yo podía ir hasta el lunes siguiente. “Mira, yo puedo ir hasta el lunes ahorita tengo trabajo, no puedo dejar mi trabajo”. Como yo trabajaba en servicios ininterrumpidos, que era casa de máquinas, no podía yo dejar ese trabajo, tenía que estar pendiente. Me entero al lunes siguiente, le digo:”Espérame, el lunes yo voy allá, espérame, yo estoy allá a las 8 de la mañana”. Sí me esperó en la terminal, entonces no estaba la Tapo, estaba la terminal en Soledad y allí me esperó. “Nomás ven vamos a ver cómo está Tlatelolco”. Vimos los edificios manchados de humo, cristales rotos, harta sangre en el piso, un sinfín de veladoras que había allí, en ese como altar que está, allí, en Tlatelolco, tantas veladoras que había, pues no dejó de salírseme un lágrima de tristeza, de ver a un país que se estaba hundiendo en la corrupción, en el fango y que hasta la fecha no ha podido salir de eso.

RA: Siendo ferrocarrilero, ¿porqué apoyaste el movimiento de los estudiantes?
GN: Porque su lucha, su lucha era también de clases. Buscaban también ellos un fin, una democracia en el país, no un gobierno que estuviera al servicio del imperialismo yanqui, que hasta la fecha tenemos ese dominio y que no es un dominio que dijéramos, que fuera una dictadura, vamos, que pudiera ser social, vamos a llamarlo así, entrecomillado, una dictadura social que fuera de beneficio para nosotros, que tuviera la justicia de que un obrero tuviera un salario justo, que tuviera una atención médica justa, que pudiera el obrero con sus ingresos pudiera educar y formar a sus hijos profesionistas, esa fue siempre mi idea.

RA: ¿Cuáles eran las expectativas del movimiento del 68?
GN: El movimiento estudiantil empezó por pleitos baladíes, de pleitos que tuvieron las preparatorias, fue un pleito de estudiantes, entre ellos, callejero, se puede decir, pero reprimido por la policía, y salieron bastantes heridos y de allí surgió la protesta de los padres de familia, que empezaron, pero como ya el país estaba en efervescencia, como ahorita se encuentra, efervescencia que para explotar, mucha gente del pueblo apoyó a los padres de familia de esos estudiantes, que habían sido agredidos. Y de allí empezó, y como se dieron las represiones, entonces ya hubo adhesiones ya directamente de obreros, entonces ya lo que se buscaba era sacar un gobierno tirano, un gobierno que lejos de escuchar la voz popular la reprimía, o sea, que es muy fácil ver que muchos problemas sociales con la voluntad de un gobierno se pueden solucionar, en lugar de reprimirlos habían de llamar, qué es lo que quieren, pues a nuestro alcance está esto de proporcionar o alguna cosa, porque hay muchos rateros que se llevan mucho dinero al extranjero, y como es que no se le pueda dar al obrero, que es el que forja la patria, que es el que forja a un México progresista. ¿Cómo es que no se le pueda dar la facilidad de vivir decorosamente? En lugar de buscar una solución a esos problemas sociales, se les reprime y claro está que guerra engendra guerra. Entonces, ¿cuál va a ser la salida del pueblo, de la gente? Tanta miseria que hay y que desde aquel tiempo podría superar un poco ese problema, en cambio ahora hay más ricos y más pobres, los ricos más ricos y los pobres más pobres. A ver Robert, dime si con un salario mínimo, que está estipulado, puede un obrero comer, vestir, pagar renta, educar hijos.

RA: ¿Cómo le hacían los ferrocarrileros en aquel tiempo? Yo estaba viendo los datos y estaban ganando como 34 centavos la hora, a veces menos, 27 centavos la hora, ¿cómo le hacían para vivir?
GN: Precisamente por eso surgió el movimiento vallejista, Robert, porque teníamos muchas de las veces el salario mínimo. En aquel tiempo el salario mínimo era como de 11 pesos. Nosotros teníamos 11 pesos, cuando nosotros éramos ya obreros calificados, y éramos calificados porque nos estábamos especializando en ferrocarril, en todo lo que se refería a la industria ferrocarrilera.

RA: Estaba pensando que los ferrocarrileros ganaban muy bien…
GN: Bueno, hubo una temporada, según tengo entendido. Yo ya no viví esa época, yo tenía entendido que los ferrocarrileros antes eran los mejores pagados, pero debido precisamente a que surgieron los líderes charros, por ejemplo: ese cuate, Jesús Díaz de León, que ese era charro, le gustaba la charrería, peor, era un traidor, por eso ahorita a los líderes se les dice líderes charros.

RA: Si el salario era tan bajo, ¿decidiste ser ferrocarrilero?
GN: Por el amor a manejar un tren, ser un trenista. Era lo que a mí me agradaba, me gustaba mucho, soñaba yo con ferrocarriles. Yo hasta la fecha, Robert, sueño ferrocarriles, hasta la fecha y lo que sueño más es que vuelven las máquinas de vapor, que veo una máquina de vapor, allí viene subiendo. Bendito sea Dios que ya están nuevamente las máquinas de vapor, porque las máquinas de vapor no tenían por qué desaparecer Robert, prestaban un servicio magnífico. Hay repúblicas europeas que todavía manejan el vapor, ahora, cómo es que siendo los ferrocarriles la espina dorsal de un país haya habido un traidor como Ernesto Zedillo, que yo no lo puedo llamar presidente, ni doctor ni nada de eso, yo lo llamo un traidor a la patria, como es que se haya prestado a vender los ferrocarriles, a dejar tanta gente en la miseria. Miles de obreros ferrocarrileros salieron con más de veinte años liquidados, cuando que nuestro contrato decía que tenían que ser jubilados. Había una cláusula en nuestro contrato que decía: que por causas de la empresa, si un trabajador era retirado con quince años de servicios tenía que ser jubilado.

RA: En aquel tiempo ¿dónde vivías, aquí en Puebla, en los años cincuenta?
GN: La mayor parte de mi vida la he vivido acá, en Puebla, aquí, en la ciudad de Puebla. Aquí en la colonia José María Morelos y Pavón.

RA: ¿Era una colonia de ferrocarrileros?
GN: No, había varios ferrocarrileros allí, muchos compañeros que supe que eran ferrocarrileros, muchos compañeros vivían en esa colonia.

RA: ¿Cómo era la colonia durante los tiempos de lucha de Vallejo?
GN: La colonia en sí no despertó, lo que despertó fue nada más la clase obrera, los ferrocarrileros, nada más éramos los que estábamos allí y muchos era gente que no participaba.

RA: En México, como usted dice, participaron los maestros, los electricistas, los mineros. Aquí en Puebla, ¿también otras ramas de trabajo participaron?
GN: Aquí en Puebla lo que mayormente nos apoyaron fueron los estudiantes, porque en esa época los estudiantes prácticamente eran la vanguardia de la lucha social. Los estudiantes en aquel tiempo no podían ver que subieran el precio del pasaje urbano, porque luego, luego, salían a hacer sus marchas de protesta, pero desgraciadamente también el gobierno ahora los tiene bien quietecitos, los tiene bien vigilados. Ahora los estudiantes ya no pueden hacer una lucha social, pese a que ven tanta injusticia ya no pueden. Entonces, en aquel tiempo teníamos asesoramiento con compañeros de aquí, de la universidad, y también hacíamos nuestras reuniones clandestinas aquí, en Puebla. Varias ocasiones tocó en mi domicilio hacer reuniones, allí iba el rector de la universidad en aquel tiempo, Terrazas (Luis Rivera Terrazas) y varios líderes estudiantiles, compañeros ferrocarrileros que estábamos en la lucha.

RA: ¿Y de qué platicaban?
GN: Pues de la lucha social, de los problemas que presentaba siempre el gobierno para solucionar nuestros conflictos.

RA: ¿Y hubo trabajadores que fueron traidores?
GN: Muchos, muchos de ellos. Aquí, en pleno paro ellos se metían a mover máquinas o a trabajar, estando todos en paro total. Hubo uno de ellos, que se llama José Luis Moreno, que era Similar, ese hombre se metió a mover una máquina de vapor que hasta la tiró, la descarriló porque él solito quería hacer todo y no era posible hacer todo, porque se necesitaba hacer los cambios de vía para guiar la máquina. Tenía que estar el maquinista, tenía que estar el fogonero, y no estaba ni el fogonero ni el cambiador, que era el que se encargaba de dar cambios a la máquina. Claro que este dejaba en movimiento la máquina despacito y se bajaba a hacer el cambio, y como se le trabó el cambio ya no pudo y tiró la máquina, la descarriló.

RA: ¿De qué forma participaron los otros traidores?
GN: Otros traidores, por ejemplo, tenemos a otro señor, Luis Rojas, ese hace reuniones aquí en la colonia Santa María, también sacándole dinero a muchos que creen que metiendo sus demandas las van a ganar, y a esos hombres los pelaron, los raparon para distinguirlos de los demás. A otros, en México, los bañaron de aceite. En fin, los señalaron a todos esos cuates, y después esos cuates, cuando se perdió el movimiento, esos adquirieron puesto luego, luego, en el sindicato. Los premiaron con puestos en el sindicato y de allí surgió, precisamente, que viniera desapareciendo las cláusulas que nos beneficiaban a los trabajadores. Ellos se encargaban en las revisiones de contrato de extinguir esas cláusulas que nos ayudaban.

RA: ¿Y a ti por qué no te destituyeron?
GN: Sí, yo estuve destituido por no entrar a trabajar, estuve del mes de febrero y volví a entrar hasta septiembre.

RA: ¿Y por qué te dejaron regresar?
GN: Pues me dejaron regresar porque hacía falta personal extra, no se daba abasto la empresa para abastecer todo lo que se refería a refacciones, a reparaciones de máquinas de equipo de arrastre, entonces fue cuando me volvieron a aceptar.

RA: ¿Tenían bronca con los traidores después?
GN: Pues no, ya nomás los señalábamos, porque si uno actuaba en contra de ellos, pues era lógico que nos corrían.

RA: ¿Cree usted que hubo muchos traidores aquí, en Puebla?
GN: Pues aquí de traidores, pues casi se puede decir que la mayor parte, creo yo que hasta un 90 por ciento, sí, porque ellos fueron los que entraron cuando se rompió el movimiento, cuando hubo la represión. Llamaron a fuerza que ya entraran a trabajar y casi la mayor parte entró, solamente los que seguíamos en la lucha nos quedamos afuera, cuando ya vimos que ya todos estaban trabajando, entonces nosotros ya quisimos entrar, pero ya no nos aceptaron.

 

Entrevista a Arturo Rugerio Ángeles, ex ferrocarrilero

revista digital

39

mayo – agosto 2020
Entrevista a Arturo Rugerio Ángeles, ex ferrocarrilero
Patricio Juárez Lucas
Jefe de Departamento de Archivo histórico, CEDIF-CNPPCF. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx

Entrevista a Arturo Rugerio Ángeles, ex ferrocarrilero 1 1. See reference Hide reference 1 Entrevista realizada el 21 de noviembre de 2008.

PJL: ¿A qué edad entró a ferrocarriles?
AR: Entré en 1970, el 25 de diciembre de 1970.

PJL: ¿En qué rama?
AR: En la rama de transportes.

PJL: ¿A qué edad entró a trabajar?
AR: A los 19 años.

PJL: ¿En qué área?
AR: En la rama de transportes había varias especialidades, para entrar a ella, en ese tiempo se tenía que empezar por llamador de transportes. Un llamador era quien llamaba a las tripulaciones que iban a salir en determinados trenes, a cualquier hora. El servicio era las 24 horas, había tres turnos, por allí se empezaba trabajar en la rama de transportes.

PJL: ¿Tenían alguna capacitación antes?
AR: No, era el inicio para la rama de transportes; era el primer escalafón para poder seguir a determinadas especialidades. En la rama de transportes era vital entrar a llamador, llamador de transportes, esa era la especialidad inicial para entrar a transportes. Cada rama tenía su especialidad; la rama de transportes, fuerza motriz, oficinas, departamento de vía, todos tenían determinadas sus especialidades.

PJL: ¿En qué fecha tuvo su primer ascenso?
AR: Nosotros asentábamos escalafón cuando la empresa nos tomaba nuestro primer servicio, pero anterior a eso usted trabajaba como emergente aquí, en ferrocarriles. Yo, por el ejemplo, estoy allí desde el 25 de diciembre de 1970, esa fue mi antigüedad. Desde allí me tomaron mi primer servicio, pero yo ya había trabajado mucho antes para ferrocarriles, pero para la empresa esa fue la fecha en que se asienta mi escalafón. De llamador quizás dilaté tres años, ya después de llamador se hace la solicitud para boletines, unos boletines que salen para el personal para que hiciera uno aplicaciones. Los boletines para poder hacer el ascenso a garrotero de patio, entonces allí, para garrotero de patio. Usted tenía que tener exámenes que le hacía la empresa, capacitación que le daba la empresa y exámenes médicos para tener ese ascenso a garrotero de patio.

PJL: ¿Cuánto tiempo tardó como garrotero de patio?
AR: Como garrotero de patio si dilaté algo, he de haber dilatado como unos quince años en garrotero de patio, porque allí me estanqué un poco y ya no pude ascender. Lo hice, pero hasta mayordomo de patio, pero ya un poco tarde. Esos son los ascensos, primero llamador, luego garrotero de patio, de garrotero de patio ascendí a mayordomo de patio. El garrotero de patio es el que está aquí, en la estación, que no sale. El trabajo del garrotero de patio es hacer cambios de vía, aplicar frenos de mano. Antes no había radio, se tenía que hacer con puras señales, era muy bonito porque para entender las señales, no era capacitación sino que uno tenía que tener mañas para entenderlas, que el mayordomo le decía cuántos carros cortar, a qué vías se iban a dirigir.

PJL: ¿Más en confianza entre compañeros se pasaban las señales?
AR: Sí, porque no eran ni gritos. Hasta donde distinguía usted, el mayordomo le decía que a la primera, una mano así era la primera, primera, la vía principal, esa era la señal, así le decía ¡a la vía principal¡ No le iba yo a oír como a dos cuadras, más o menos a unos 80 metros, pues no le iba yo a oír a gritos. Por eso tenía que ser a pura señal, me decía ¡la principal!, entonces me tenía que dirigir a la principal, luego que la vía primera, la dos, la tres, la cuatro, así se señalaba, y la cinco me extendía la mano así, cinco, seis, siete, ocho, casa redonda, así casa redonda, la segunda de bodega, al muerto… Cosas muy interesantes en ese tiempo, cuando ya vino la tecnología de los radios ya fue muy diferente, te vas al cinco o vete al ocho.

PJL: En cuánto a su vida familiar, ¿a qué edad se casó usted?
AR: Me casé como a los 20 años, sí, me casé muy joven.

PJL: ¿Cuántos hijos tuvo?
AR: Tres.

PJL: ¿Alguno de ellos se dedicó al ferrocarril?
AR: No, no tuvieron la dicha de ser ferrocarrileros. No, porque ya se vino la licitación y todo eso, ya no pudieron ser ferrocarrileros, pero fue muy bonito la cosa de antes, por el modo que se trabajaba.

PJL: Por cuestiones de su trabajo ,s¿e cambió a vivir a otro lado, fuera de Oriental?
AR: No, como fui de patio, aquí me estanqué. A lo mejor si hubiera sido garrotero de camino o conductor de trenes, a lo mejor me hubiera yo cambiado a la ciudad de Puebla, Ciudad de México o la ciudad de Jalapa, pero como me establecí en el patio, no hubo necesidad de salir.


[1] Entrevista realizada el 21 de noviembre de 2008.

 

Entrevista a Alberto López, migrante guatemalteco

revista digital

38

ene – abr 2020
Entrevista a Alberto López, migrante guatemalteco
Patricio Juárez Lucas
Jefe de Departamento de Archivo histórico, CEDIF-CNPPCF. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx.

Entrevista a Alberto López, migrante guatemalteco 1 1. See reference Hide reference 1 Entrevista realizada el 24 de febrero de 2004 en el Albergue Casa del Migrante La Sagrada Familia, Apizaco, Tlaxcala.

PJL: ¿Cuál es tu nombre?

AL: Alberto López.

PJL: ¿De dónde vienes?

AL: De Guatemala.

PJL: ¿A dónde te diriges en este momento?

AL: Hasta Sonora, pero me dirijo a Estados Unidos.

PJL: ¿De qué parte de Guatemala eres?

AL: San Marcos.

PJL: Allá, cuando estás en tu casa, ¿a qué te dedicas?

AL: Me dedico a trabajar, pero diseños gráficos.

PJL: ¿Cómo para publicidad y eso?

AL: Sí, para publicidad y, por ejemplo, hacemos trabajos para personas a las que les gusta la serigrafía y eso.

PJL: ¿Cuántas veces has ido a Estados Unidos?

AL: Pues ahorita voy por tercera vez, pero la primera vez que pasé siete años fui a hacer y la segunda no pasé y voy intentando otra vez, de nuevo, a ver si se hace.

PJL: Y en esos años que estuviste allá, ¿en qué trabajabas?

AL: Trabajaba en una pinturería, eso estaba trabajando allá.

PJL: ¿Hace cuánto tiempo te regresaste a Guatemala?

AL: Hace como tres años.

PJL: Y en ese tiempo que estuviste allá, ¿estabas trabajando en eso que dices?

AL: Sí, en ese tiempo.

PJL: ¿Ahora por qué te decidiste a regresar?

AL: Bueno, más que todo me decidí regresar por el trabajo tambié. Dije, tal vez está mejor todavía allá. Me di cuenta que la situación está difícil. Está más difícil allá, en mi país, otra vez, mucha delincuencia y pues todas las empresas se están alejando de allí, porque muchos impuestos está cobrando el gobierno y entonces se están yendo para otro país y definitivamente hay poco trabajo, trabajo suficiente.

PJL: ¿Y estás casado?

AL: No estoy casado, estoy unido.

PJL: ¿Pero tienes hijos?

AL: Sí, tengo tres hijos.

PJL: Y allá en el norte, ¿tienes familia también?

AL: Sí, tengo primos allá.

PJL: O sea, ¿más o menos?

AL: Sí son familiares.

PJL: ¿Y qué tan difícil estuvo el cruce?

AL: Pues, hace… ¿cómo saber? La primera vez no fue tan difícil, pero estaba escuchando estos tiempos está más difícil la pasada. Muchos impuestos están cobrando, hay que pagar una cuota. Entonces, ahorita no sé, la verdad. Ahorita que voy otra vez vamos a ver qué pasa en el camino, primero Dios que no haya nada.

PJL: Y en la frontera de México, ¿cómo pasaste?

AL: Pues la frontera de Guatemala con México la pasé bien, pero llegando en Arriaga, como ahí se tiene que agarrar el tren, pues es difícil. Sí, mucho calor, a veces asaltan a uno. Bueno, ahorita que venía todo de ahí de Arriaga para aquí a Tierra Blanca salió todo bien, no nos asaltaron ni nada, pero ya viniendo de Tierra Blanca para acá a Orizaba a mí me pusieron la pistola así y me dijeron que si yo era el guía y le dije que no, y estaban necios. Nos quitaron todo el dinero, a mí me pusieron la pistola, sí, e íbamos como cuatro y cuatro, cuatro aquí en este vagón y cuatro aquí en el otro vagón, éramos ocho, pero a mí me dijeron que yo era el guía que por que llevaba todo y les dije que no, que nada más nos juntamos ahí. Como ahí en los carriles del tren hay un montón se junta uno ahí y se hacen amistades, pues se viene uno y ellos piensan que uno es el guía, sí.

PJL: ¿Y estos tipos cuántos eran?

AL: Eran dos, era uno así alto y gordo y había otro chamaco, como tal vez sus, bueno, digo yo, tenía sus 17 tal vez 16 años. Era delgado, pelo así, quebrado como le dicen aquí, y nos dijo que si llevaban machete, que ahí mismo nos iban a matar, de una vez: “si llevan machete aquí se quedan” dijo. “Se mueren”, estaban diciendo y a mí me dijeron: “si tú eres el guía te vas a aquedar aquí”. Me dijeron así con la pistola de una vez y yo le dije que no, nos empezaron a quitar el dinero: “traigan todo lo que tienen ahí” y sí, los que tenían otros llevaban cincuenta, otros ya. Como aquí se arriesga uno más que todo por falta de dinero, entonces lo que teníamos les dimos, se bajaron, pero robaron a otros vagones. Esos sí tuvieron más tiempo, sí me espanté muy gacho.

PJL: ¿Esto a qué hora sucedió?

AL: Como a eso de las 8, digo yo, así tanteando, verdad.

PJL: ¿De la noche?

AL: Ajá.

PJL: ¿Cuánto ha de haber tardado esto, que los estuvieron encañonando?

AL: Tal vez como unos diez minutos o quince minutos, estuvieron ahí registrándonos todo.

PJL: ¿Y no vieron de dónde salieron? ¿de dónde venían?

AL: Desconectaron el tren, creo yo, le sacaron el aire y paró. Hasta los que iban manejando el tren, se bajaron. Otros que iban ahí empezaron a revisar dónde era y desconectaron el tren. Sí salió todo el aire y ahí paró el tren, se quedó y ahí aprovecharon a subirse y nosotros estábamos, bueno, no estábamos pendientes de eso que iba pasar, porque veníamos concentrados, dijimos “a lo mejor algo tuvo el tren”, pero de repente, así nos encañonaron, así de fácil. No lo esperábamos.

PJL: ¡Órale! Y después ellos ya se volvieron a bajar y ya volvieron a enganchar el tren, supongo yo…

AL: Ajá, volvieron a enganchar el tren y funcionó el tren otra vez, pero sí nos espantamos.

PJL: ¿Y de ahí ya no les pasó nada hasta llegar acá?

AL: No, gracias a Dios que ya no, sólo eso sería si.

PJL: Y ahorita, ¿cómo le vas a hacer para pasar?

AL: Pues ahorita nos vamos a ir transbordando en bus, puro autobús.

PJL: ¿Ya no se van a arriesgar en tren?

AL: Ya no nos vamos a arriesgar en tren, ahorita vamos a hablar con unos familiares a ver si nos echan la mano con un dinero para seguir adelante, a ver qué dice Dios.

PJL: ¿Cuantos años tienen tus hijos?

AL: La primera es una nena, tiene once años, y el segundo tiene diez y la que amo ahorita tiene un año, la nena.

PJL: Y tu familia, ¿todos están allá?

AL: Sí, mi familia están todos allá en Guatemala. Lamentablemente, pues la situación del país en que vivimos también y otra de las cosas que yo antes estaba en la pandilla, allá, en Guatemala, pero era porque uno no piensa, no analiza las cosas, lo que viene, porque en primer lugar mi papá se murió y nos dejó con mi mamá desde muy pequeños y entonces no tenía un cariño, no. Muchas cosas que me pasaron, estaba yo muy chamaco, sí estaba recomendada con unas personas, me humillaban, un montón de cosas, y yo sentí un cariño con esos pandilleros, me daban apoyo, pero no era para nada bueno, para destruirse uno la vida allí, y definitivamente, gracias a Dios que recapacité y pensé y dije no, no va nada bien conmigo, me voy a salir y me salí.

PJL: ¿Pudiste salir?

AL: Pude salir, sí, inclusive me puse dos tatuajes aquí, otro aquí y uno en la espalda, pero me los borré.

PJL: ¿A poco?

AL: Sí, gracias a Dios me los borré y ahorita tengo mis hijos. ¿Qué ejemplo les voy a dar a ellos si voy a estar en lo mismo? Sí, tal vez hice, pero estaba así chamaco, no tenía el consejo de una madre o de un padre, porque mi madre se iba a trabajar para darnos de comer.

PJL: ¿Más o menos de qué edad a qué edad hiciste eso?

AL: Como a los trece años, catorce años. Estaba muy chavo, pero gracias a Dios que no cometí ningún delito. Me siento bien, mi conciencia, que no hice nada malo, no maté, no nada, no violé, nada. Gracias a Dios que me controlé un poco, que, si no, no estuviera aquí contando, ya me hubieran matado.

PJL: Y tus hijos, ¿dónde nacieron?

AL: En Guatemala. Sí, mis hijos gracias a Dios que van a la Iglesia católica, sí, ellos van mucho a la iglesia, van a la misa los domingos, pues mi esposa está también bien metida en la iglesia. Ella es, no sé cómo le dicen aquí, servidora, ella sirve mucho a la iglesia. Y entonces, gracias a Dios que yo tengo una bonita esposa, que me ha apoyado bastante, pues yo también voy a la iglesia de vez en cuando, cuando tengo motivos de trabajo ahí en la casa, pues hay que hacer algo.

PJL: Cuando estuviste en Estados Unidos la primera vez, ¿en qué ciudad estabas trabajando?

AL: En Washington, DC, ahí estuve trabajando.

PJL: ¿Y ahorita vas a ir para allá?

AL: Pues, primeramente Dios allá voy a ir otra vez.

PJL: Y ahorita, ¿dices que ya no vas a agarrar el tren?

AL: No, ya no agarro el tren.

PJL: ¿Y te vas a qué parte de la frontera?

AL: Bueno, ahorita pensamos agarrar aquí hasta Sonora. Sí, hasta Sonora pensamos llegar con estos amigos que me conseguí aquí, ellos son de Guatemala también y nos estamos apoyando los tres, somos tres.

PJL: Y en la cuestión de la ciudad en donde vive tu familia, ¿qué tan grande es?

AL: Pues yo vivo en la capital. Sí, gracias a Dios desde que estuve en Estados Unidos compré una casa allá, ahí compré la casa y se hizo lo que tenía pensado en mis sueños, tener una casa, porque yo no tenía una casa, bueno, yo crecí con una persona, mi abuela, pero nos humillaba siempre para darnos de comer. Nomás crecí un poco empecé a trabajar por mi propia cuenta, pero sí empecé muy pequeño trabajando y me salí, me fui a la ciudad, ahí conseguí a mi esposa y entonces pensé venir a Estados Unidos y compramos la casa. Gracias a Dios tenemos la casa ahí y tenemos otro terrenito ahí, pues ahorita si Dios lo quiere pienso hacer otras cosas para no trabajar para las personas, trabajar por mi propia cuenta y tener a mi familia.

PJL: Para esto que dices de diseño, ¿qué estudiaste o qué preparación tuviste?

AL: Yo estudié perito contador, acá no sé, pero sí soy graduado para eso.

PJL: ¿Y luego te dedicaste a esto de las artes?

AL: Sí, a eso me dediqué, pero sí puedo un poco de todo, carpintero, le hago carpintería también, sí me se defender.

PJL: Y allá en Estados Unidos, ¿en qué estabas trabajando?

AL: En una pintorería (tintorería) donde planchan pantalones, camisas, todo. Los gringos llegan a dejar ahí todo eso y yo los plancho. Así trabajaba en una tienda con unos coreanos y me pagaban bien, 620 dólares a la semana. estaba ganando bien y también aprendí, pues al principio no empecé ganando bien, al principio uno no va entrar ganando uno lo que es, va viniendo uno de abajo para arriba, nunca va a empezar uno de arriba para abajo. Entonces, me dijo un amigo que estaba trabajando ahí me dice: “si quieres vamos a trabajar, pero no vas a ganar mucho”, me dice y pues, está bueno y me fui. Empecé planchando camisas primero, camisas así, como hay una máquina especial en que uno pone las camisas, se inflan y quedan bien, desaparecen las arrugas y todo, y sacaba veinticinco, a veces treinta, así iba aprendiendo, pero el coreano no me pagaba bien, me pagaba poquitillo, pero salía para la comida. Ya después sacaba cuarenta y cinco por hora, cincuenta por hora y ya después le dije al coreano que me iba a salir, después le gustó de plano que yo estuviera trabajando y me dijo: “No, yo te voy a pagar más ahora” y ahí me quede fijo y después aprendí a planchar el pantalón, corbatas, blusas, de todo, suéteres, de todo, empecé a aprender y le agarré la maña. Aprendí a hacer todo y ya después me dijo: “Te voy a pagar otros cien más” y me dio otros cien más y me quedé con el 6.50 ahí fijo, y me daba de comer ahí también. De ahí me salí cuando me vine a Guatemala, porque como quiera tenía mi esposa. No podía estar mucho tiempo allá por mis niños y por eso me vine, pero pues el coreano me ha hablado a Guatemala: “¿por qué no regresas?”, me dice. Por eso que se haga, primero Dios estoy allá otra vez.

PJL: Ah, o sea ya llegarías ahí mismo con chamba, está bien.

AL: Sí, pero como siempre Dios está con los huérfanos también, verdad. Mi mamá acaba de fallecer, tiene como tres años que falleció. Yo estaba en Estados Unidos, hace como tres años, y pues, a veces uno agarra las cosas contra Dios, yo lloraba y le decía: “¿por qué te quitaste a mi papá, mi mamá? Me dejaste solo”, decía yo, pero a veces uno remata las cosas contra Dios y a veces así son las cosas. Dios tiene un propósito para uno, pero si mi vida fue muy dura, mi papá nunca pensó en decirle: “Le voy a dejar un pedazo de terreno a mis hijos”, nada. sólo se mantenía tomando y eso no es para nada bueno y eso lo acabó.

PJL: Sí. Y de familiares, ¿tienes más hermanos o hermanas?

AL: Tengo un hermano y una hermana, son más pequeños que yo, yo soy el mayor.

PJL: ¿Y ellos en dónde están?

AL: En Guatemala. Mi hermano viene a trabajar mucho aquí, a Tuxtla Gutiérrez, y mi hermana está en la capital con su esposo. Ahora tiene dos niños y mi hermano no tiene, nada más tiene novia, a ver cuándo se va a casar.

PJL: ¿El de qué trabaja aquí cuando viene?

AL: Él, como ahí hay cultivo de café él viene a cortar café ahí, en Tuxtla Gutiérrez, sólo ahí puede llegar él, ya de ahí para acá él no quiere venirse, es peligroso eso.

PJL: ¿En temporadas?

AL: Temporadas sí, tres meses, cinco meses se viene a estar ahí y se va para Guatemala.

PJL: ¿Y tú dónde agarraste el tren? ¿En Arriaga?

AL: En Arriaga, sí.

PJL: Y de la frontera a Arriaga, ¿cómo le hicieron?

AL: Yo pasé en puro autobús, pasé la garita y no me bajaron, gracias a Dios, todo bien. La frontera que agarré de Guatemala con México fue Talismán, la frontera donde yo pasé, todo bien gracias a Dios. Como yo venía solo, no me bajaron.

PJL: Y ya los cuates, esos que dices que te encontraste, ¿fue en…?

AL: Ya aquí en Arriaga. En Arriaga se juntan, nos juntamos todos aquí en la casa, empezamos a platicar, a dónde vamos. Bueno, tenemos que estar unidos cualquier cosa juntos ahí, y así nos agarramos confianza y nos apreciamos. Por lo menos ahorita que yo venía, veníamos ocho y se fueron otros, nos pusimos tristes, uno se pone triste, se acostumbra uno, porque si no tenemos comida vamos a chalorear, vamos a traer unas coca colas, comida, un poquitillo de cada uno tenemos que ayudarnos ahí. Y ahorita que se fueron nos sentimos tristes, pero así es la vida.

PJL: ¿Ellos se marcharon en el tren?

AL: Sí, en el tren. Nos quedamos tres nada más aquí. Sí nos estaban contando que en la mañana salieron, pero ellos se van todavía en tren. Sí en tren, no, nos quedamos nosotros todavía aquí, gracias a Dios que por la casa hogar que nos apoya también, es una gran ventaja. Están bendecidas todas esas personas que donan aquí al hogar, que se preocupan por uno, nadie nos quiere, pero sí hay personas que nos quieren.

PJL: Y aparte de esto de la violencia, por así decirlo, ¿qué tan difícil es viajar en el tren?

AL: Pues es muy difícil, muy cansado, se deshidrata uno mucho. A veces no hay agua, tenemos que aguantar si se siente uno deshidratado, sin comer. Cuando uno viene a la casa hogar la comida es como que, lo vienen a uno agarrar como si no hubiera comido uno nunca. Eso, el hambre, uno quiere comida, el hambre y la sed. Y es muy cansado en el tren, muy incómodo.

PJL: ¿En qué parte venías?

AL: Venía en un vagón así, abajo, pero tenía muchos como hierros cruzados y no se podía acostar uno. Solo un puesto, sentado, se cansaba, se paraba uno y no se puede dormir, es muy difícil, y los que están arriba no se pueden dormir, si se duermen pues…

PJL: ¡Se pueden desbarrancar!

AL: Sí, es muy difícil, muy cansado y arriesgando la vida, que si uno se cae ahí mismo se queda.

PJL: A ti, ¿cuánto llevabas que te sacaron?

AL: ¿De dónde? 

PJL: ¿Cuánto te sacaron de dinero?

AL: Pues a mí me quitaron como cincuenta pesos, a los demás también, así les estuvieron bajando.

PJL: ¿Mexicanos?

AL: Sí, mexicanos.

PJL: Y ahorita, ¿por qué te decidiste por Altar y no por otras fronteras?, ¿por qué es más cercano, tal vez?

AL: Para mí es más fácil cruzar en Altar, Sonora, porque supuestamente por otras fronteras son más cerca, pero hay muchos que lo asaltan a uno ahí, que le quitan una cuota. Por ejemplo, Reynosa, yo pasé por Reynosa la segunda vez, pero no crucé por lo mismo, porque hay muchos, los del Cartel del Golfo ahí están ya esperándolo a uno, los mismos policías lo entregan a uno con los del Cartel del Golfo y lo secuestran a uno. A mí me secuestraron dos días, los mismos policías de la migra, y nos bajaron y nos dijeron que, pero yo le dije que mejor me dieran con Migració,n que yo no quería ir con ellos, pero ellos como están conectados con los del Cartel del Golfo llamaron por radio, y de repente llegaron dos trocas ahí: “Súbanse”, nos dijeron, bien armados y nos llevaron a una casa, como un potrero y yo dije: “aquí me voy a morir”. ¿Qué se puede hacer? Ya estamos en las manos, pero primero Dios que le toque el corazón y que nos dejen libres, y nos llevaron y nos hicieron un montón de preguntas, que si éramos guías, que sí, ah un montón de preguntas nos dijeron. Y sólo esperé cuando me hicieron así y me dieron aquí en el pecho y caí en la pared, de ahí nos llevaron a un cuarto lejos y nos metieron y nos tuvieron dos días ahí, hasta que se les ablandó el corazón y nos dejaron ir. Ellos mismos nos fueron a tirar ahí al puente, no, al río Bravo y pues, como digo yo Dios siempre está con uno y tanto la oración por mi familia también, pues gracias a Dios que hasta ellos mismos nos fueron a tirar al río que ahí pasa. “Dios los bendiga” nos dijeron, nada más.

PJL: ¿Ah sí?

AL: Sí, pero no todos ya tenemos la misma suerte. Entonces, yo creo que las oraciones y la fe que uno tiene, pues, gracias a Dios que todo bien. Pues ahorita ya no quiero cruzar por ahí, quiero cruzar por Altar, Sonora.

PJL: Pero esa vez que dices tú, ¿te regresaste a tu tierra?

AL: No, ese día de una vez crucé hasta llegar a Macali (Mc Allen), pero de Macali (Mc Allen) llegué, estuve esperando que me llevaran para arriba, a San Antonio, Texas, de ahí nos fuimos, llegamos, pero lamentablemente la van donde íbamos se arruinó y llegó la policía y nos agarró la Migración, pero yo ya estaba arriba, sí.   

Durante años la migración irregular ha sido la única opción para todas aquellas personas que deciden salir de su país por condiciones económicas adversas o porque se encuentran en un estado de sitio en donde la violencia ha escalado niveles nunca antes vistos. Y no es decisión fácil. Todos los días escuchamos noticias sobre centroamericanos que cruzan nuestra frontera sur con la esperanza de llegar a la Unión Americana, algunos lo logran, otros no, pero el intentarlo se convierte en una alternativa de vida. Este fue el relato de Alberto López, un guatemalteco que se atrevió a cruzar nuestra frontera por tercera ocasión.


[1] Entrevista realizada el 24 de febrero de 2004 en el Albergue Casa del Migrante La Sagrada Familia, Apizaco, Tlaxcala.

 

Entrevista a Armando Rugerio Hernández, extrabajador de los Ferrocarriles Nacionales de México (Primera parte)

revista digital

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may – ago 2019
Entrevista a Armando Rugerio Hernández, extrabajador de los Ferrocarriles Nacionales de México (Primera parte)
Patricio Juárez Lucas
Entrevista efectuada por el Jefe de Departamento de Archivo Histórico-CEDIF-CNPPCF, el 11 de octubre de 2019.

PJ: ¿Cuál es su nombre?, ¿dónde y cuándo nació?

AR: Mi nombre es Armando Rugerio Hernández; nací el 28 de febrero de 1954, en Jalapa, Veracruz.

PJ: ¿Hasta qué edad estuvo en Jalapa?

AR: De Jalapa me vine muy pequeño para Puebla y viví con mis abuelos. Mi abuelo fue ferrocarrilero, fue fogonero de camino, de las máquinas de vapor y ya las recientes. Se jubiló en 1968, en 1967 o 1968, ya no recuerdo bien. Mi papá también fue ferrocarrilero, ya fue ayudante maquinista de camino en Jalapa, Veracruz.

PJ: ¿Su nombre de él?

AR: Armando Rugerio Castro, finado, tuvo un accidente fogonero con un metalero cuando iba a Pacho, Veracruz, con un maquinista que no recuerdo bien su nombre y también un oficial y él no falleció allí, el que falleció fue el maquinista, pero estuvo un tiempo internado y ya no regresó a ferrocarriles, como al año murió.

PJ: ¿A qué edad, más o menos llegó usted a Puebla?

AR: Llegué a Puebla, aproximadamente, como de tres o cuatro años de edad, muy chico, sí.

PJ: ¿A qué escuela fue?

AR: Nada más estudié hasta sexto de primaria en la escuela oficial República Española, que se encuentra en la 74 Poniente y 13 Norte.

PJ: ¿En esos años dónde vivía?

AR: En eso años vivía yo con mis abuelos, en la privada de la 76 Poniente 1306. Esos eran mis abuelos paternos, Lorenzo Hernández y mi abuelita se llamaba Elvira Armas de Hernández. No me sé su otro apellido, porque realmente absorbían el apellido del esposo.

PJ: ¿También era ferrocarrilero?

AR: Sí, era el fogonero de camino que se jubiló en el 67 o 68, ya no recuerdo bien. Él fue fogonero de máquinas de vapor y ya trabajó también en las máquinas diésel como ayudante de maquinista. En mi familia, tanto por parte de mi papá como de mi mamá, fueron ferrocarrileros, fueron fogoneros los dos. Yo ya fui el único que fue maquinista y toda mi familia, toda, por parte de mi papá fueron ferrocarrileros y por parte de mi mamá también, porque tengo un tío que era celador electricista, Alberto Hernández Armas, tengo un primo que también trabajó en ferrocarriles; dos primos, uno fue celador electricista y el otro fue de similares de tripulantes de locomotoras.

PJ: En esa escuela en la que usted estudió, ¿también era de hijos de trabajadores ferrocarrileros?

AR: No, realmente no, allí entraba cualquiera. No había como en la 6 Poniente, que era un hospital de ferrocarriles que después se convirtió en escuela y que lleva el nombre del Héroe de Nacozari. No, allí sí era parejo.

PJ: ¿A qué edad empezó a aprender de la cuestión de los ferrocarriles?

AR: Entré en 1972. Estuve cuatro años en la calle porque no había cupo. Llegaba a trabajar de emergente, hasta 1976 me dieron escalafón.

PJ: Y en ese tiempo, cuando estaba como emergente, ¿qué hacía?

AR: Empecé e estudiar en ferrocarriles. Entré como Similar B y después similar tripulante de locomotoras; después fui ayudante maquinista de patio, maquinista de patio, ayudante maquinista de camino, que fueron los dos cursos que tomé juntos, y luego estudié para maquinista.

PJ: ¿Cuáles eran las funciones del Similar B?

AR: Mis funciones eran ir a llamar a los tripulantes de locomotoras. Iba yo a llamar a los maquinistas y a los ayudantes maquinistas, similares a los maquinistas de patio de acuerdo con el servicio que se necesitaba. Trabajaba de extra, podía ser de segundo o tercer turno, pero como estaba muy saturado había mucho personal, entonces tuve que estudiar para hacerme similar de locomotoras y ya había más área de trabajo, pero no dejaba de ser que había mucho personal y fue entonces que empecé a estudiar, y realmente me hice joven. Tenía yo 28 años cuando me hice maquinista, yo entré de 22 años a ferrocarriles.

PJ: En este tiempo en que estuvo como similar o extra, ¿cuántos días trabajaba, más o menos?

AR: Mire, le voy a ser honesto, yo creo que el que tiene hambre de trabajo, pues perrea, yo entonces llegaba a trabajar más que los compañeros de planta. En ocasiones trabajaba trece, catorce, quince y hasta dieciocho o veinte turnos. Doblaba yo, desde luego. Realmente era lo mismo, porque ya salía yo como ayudante maquinista cuando había emergencia, cuando hacía falta de personal y fue en eso que me empezó a gustar esto y hasta la fecha, y empecé a estudiar.

PJ: ¿Adónde estudió para ser similar de locomotoras?

AR: En Puebla.

PJ: ¿Había una escuela especial para ellos?

AR: No. Estaba en ferrocarriles donde estaba el edificio, en la parte de hasta arriba.

PJ: ¿En cuál edificio?

AR: En el edificio administrativo, donde estaba el telégrafo y del otro lado estaba la superintendencia y la contaduría, y en el tercer piso estaba el Instituto de Capacitación.

PJ: ¿En la 80 Poniente?

AR: Yo aquí trabajé como similar B, era llamador. Había unas oficinas, aquí en el Mexicano, y ya posteriormente esa fue mi rutina, pero yo ambicionaba más y fue cuando me hice ayudante maquinista de patio, pero pues allí realmente no hacía uno nada; estaba uno pasándole las señales al maquinista. A mí lo que me interesaba era ya manejar, entonces me fui al camino como ayudante de maquinista de camino, y por aquí cumplí los mil días efectivos trabajados y me ascendí a maquinista, por eso ascendí muy joven.

PJ: En ese trabajo de similar de locomotoras, como llamador, más o menos de estas áreas que recorría, ¿dónde se encontraban los maquinistas?

AR: Había unos aquí en la 12 (Poniente); entre la 5 y la 7 Norte hay un edificio, todavía existe, ellos vivían en la parte de arriba. Allí vivían unos maquinistas de la división Oaxaca y en la 6 Poniente iba yo a verlos. En la 17 Norte, entre la 10 y la 12 (Poniente), allí había un señor que se llama Humberto García, él era maquinista, además tenía una granja y vendía leche para el hospital de ferrocarriles. En las principales calles, pero había más retirados, pero nosotros teníamos,  para llamar a la tripulación, nada más 2 kilómetros a la redonda, a partir del punto donde estaba la oficina de llamadores.

PJ: Y los que estaban más allá, ¿cómo lo hacían?, ¿ellos se reportaban?

AR: No. Los íbamos a llamar, nos daban para el taxi o nos íbamos en bicicleta, y nos daban en ese tiempo 20 pesos para el taxi. Cuando se pasa a la nueva estación lo más lejos era Maravillas.

PJ: ¿A poco había alguien que vivía hasta allá?

AR: Sí, los íbamos a llamar. Había un padrino que tenía, ya falleció, vivía en la México 68, luego en la Ciénega, cuando se fundó, pero ya en la Ciénega ya estaba dentro del rango de los 2 kilómetros que nos correspondían, pero Maravillas no, ni la México 68. Entonces, íbamos hasta allá. Había un compañero que vivía hasta la Libertad, pero allí sí, ya no nos daba tiempo, por lo que el demás personal se reportaba. Cuando era yo similar B, los iba uno a llamar con dos horas de anticipación. Teníamos un libro, que tenía el número del tren  y el número de las máquinas, si era el ayudante él tenía que ver con qué maquinista salía, si los dos tripulantes vivían por aquí a los dos los iba yo a ver, ya me firmaban a qué horas los iba yo a ver, y los tenía que ir a ver dos horas antes de que saliera el tren.

PJ: ¿Venían con usted?

AR: No, ellos ya se iban por su cuenta, porque se quedaban a esperar su lonche, se bañaban o lo que tenían que hacer. Muchos se bañaban desde antes, porque ya sabían al otro día, más o menos, a la hora que salían cuando un tren local, pero cuando era un tren de pasajeros, ya no había una hora fija, pero teníamos que ir a llamarlos de acuerdo con nuestro contrato en esa época, esos de los más alejados.

PJ: Y de entre ellos, ¿recuerda algún nombre?

AR: ¿De los alejados? El más alejado del que yo me acuerdo era un señor que se llamaba Andrés Castelán Sánchez, ya falleció, y otro, Jesús Torres Corona, otro Miguel Barrón Segura, que es el que vivía hasta la México 68 y en Maravillas Gabriel Flores, que era ayudante maquinista. En los fuertes, en el Cerro de Guadalupe, allí vivía su gemelo Alfredo y ya todos los demás vivían más o menos por la colonia 20 de Noviembre. Otros que vivieron lejos: Vicente Balderrama que vivía en la Loma, Jesús Juárez vivía en la Loma y su hermano Moisés Juárez, y por cierto su hijo es el músico César Juárez, el del sonido Fantasma.

PJ: Entre los que vivían por el centro, ¿trabajaron todavía aquí, en la estación?

AR: Sí, porque de aquí salía el tren, por ejemplo, el de Oaxaca salía de acá, y todos los que trabajaban en el tren de pasajeros venían a tomar aquí sus corridas. La 132, que salía de acá cuarto para las, pasa a la 3 de la tarde en la Estación Nueva, todos los trenes de pasajeros salían de acá, todos, y ya los de carga y mixtos salían de la Estación Nueva, y así se les llamaba, Puebla centro y Puebla carga respectivamente.

PJ: ¿Cuánto tiempo dura la capacitación para ascender a similar de locomotoras?

AR: Aproximadamente eran de dos a tres meses. No era pesado, para ayudante maquinista de camino y maquinista de patio, aproximadamente, porque había uno de maquinaria pesada de transportes, aproximadamente lo hacía uno en 90 días, 120 días y ya el de maquinista de camino ya nos pagaban. Entonces ya eran 180 días efectivos, para que nos dieran el curso.

PJ: ¿Tenía que trabajar entonces, antes para pagar el curso?

AR: No, mire. Cuando yo hice mi curso trabajaba y estudiaba, si había chance de trabajar en la noche, trabajaba yo en la noche. En la mañana no, porque tenía que ir a la escuela, entonces me llamaban a la escuela. ¿Te echas el de las 17 a 24 hrs.?, claro, sí me lo hecho. Nos daban la oportunidad de estudiar y de trabajar. Estábamos bien, para nosotros, ahora están mejor, con la nueva empresa, porque les pagan todos los cursos, y ascienden muy rápido.

PJ: En la escuela, ¿a quién recuerda que haya sido su maestro?

AR: Como maquinista de camino parece que todavía vive, espero en Dios que todavía viva, Roberto Guerrero Caulix, de Jalapa, Veracruz, y mi maestro de transportes era Ciro. Le decíamos maestro Ciro, pero ya no me acuerdo de sus apellidos; él vive en Maravillas, todavía vive, si quiere un día lo voy a visitar y le digo que venga. Era un maestro con toda la barba, mis respetos para él, que no podía yo decir de él, si fue mi maestro. Él me hizo maquinista, y el maestro “Cascaritas”, así le decíamos al maestro Roberto Guerrero Caulix; él era de Jalapa, aún vive allá, en Jalapa. También todavía vive, la última vez que yo fui, el año pasado, yo tenía ganas de irlo a ver, pero no doy con su casa. Ahora que vaya, yo como hago cosa de beisbol y voy a vender cosas de ferrocarriles con los compañeros de Jalapa, que son los del Ferrocarril de Kansas City, voy ir y preguntar por él y no regreso hasta no dar con él, pues tengo muchas ganas de saludarlo. Imagínese, me hizo, creo que en el 83 u 82, me hizo maquinista, yo estudié con él.

PJ: Ya en esta etapa como maquinista, ¿en que divisiones trabajó?

AR: Estuve trabajando en mi división, que es la Puebla, Puebla-Jalapa, era lo mismo. Allí hace años hubo unos trenes cañeros y cuando yo salí de la escuela corrí con tanta suerte que ya andaba yo en los trenes esos, en los cañeros, de Atencingo. Ya de allí nos ocupaban para ir a Apizaco, en el Mexicano. Como yo he ido a varias partes, entonces me llamaban para ir al Mexicano, me llamaban para ir a la Oaxaca, de Puebla-Oaxaca, y luego fui un tiempo prestado a Apizaco, al Mexicano, no recuerdo, como medio año tal vez.

PJ: En este tiempo en los cañeros, ¿en qué partes estuvo trabajando?

AR: En Puebla, porque cerraron Atencingo para remodelarlo. Entonces íbamos a traer la caña a Atencingo y todos esos otros lugares donde hay caña, la traíamos hacia acá, y de aquí ya se iba para Veracruz por el Mexicano, para los ingenios que hay por allá, y también para  Oaxaca, donde también hay un ingenio adelante de Tehuacán. Adelante de san Sebastián y de Altepexi hay un ingenio, entonces llevaba uno la caña hasta allá, porque aquíen  Atencingo funcionaba sólo una parte y no se daba abasto, porque estaban renovando la planta. Creo que dilataron como tres o cuatro zafras, eso es lo que dilatamos, ya posteriormente me redujeron, porque estábamos varios maquinistas, entonces yo me voy prestado al Mexicano. Allí estuve prestado, posteriormente corrieron a muchos trabajadores, compañeros míos, los agarraron por el azucarazo y muchos se fueron. Ya me jalaron de nuevo acá y después a México. Yo salía de México, en la división de México fui a Beristáin, fui a Pachuca, fui en un carguero 409, fui a Cuernavaca, fui en una ocasión en un tren de pasajeros a Guadalajara, pero no llegué hasta allá porque no llega, sólo llega a Irapuato y allí me relevaron.

PJ: En el de Beristáin, ¿en qué horario?

AR: Salía a las 7 y media de la mañana y regresaba uno 5 y media, parece, porque iba y regresaba. Allí fui de emergencia, yo era de la división Puebla. Faltaba personal y como ya sabían que yo era aventado, me decían “te vas a Beristaín” y yo me iba. Y allí iba yo, a veces iba yo en el Purépecha, pues a todo dar, pero en el punto de encuentro me relevan, ya me tuve que regresar con mi tren para Buenavista y ya no pude llegar hasta Uruapan, el término del recorrido.

PJ: Cuando se va prestado al Mexicano, ¿qué trenes manejaba?

AR: El primer tren que manejé… Cuando va uno prestado a otra división tiene que ir uno a hacer un recorrido para conocer el terreno. Entonces, yo renté un cuartito, me instalé, fui por mi horario y llega el llamador y me dice: “Te habla el oficial”, que se llamaba Fernando Cortés y me dice: “Traes una recomendación muy buena”, y me dice: “Saca el 505”. Ese tren era un tren de carga que iba a México, ya que me subo, ya que lo llevo, y al otro día que lo traigo para Apizaco, que le digo: “¿Y ahora en que tren me voy para el reconocimiento del camino?” y me dice: “Esto es más difícil, ya quédate” y me anotan en la pizarra luego, luego. No hice ningún viaje de reconocimiento, ya no, y yo de hecho llegué a salir por allí, anduve en muchos trenes y luego había un accidente y nos mandaban por Apizaco. Yo ya sabía más o menos cómo estaba el terreno.

PJ: En el Apizaco, ¿de dónde salían?

AR: De Apizaco, era la terminal Apizaco, el tren de carga iba a México, a Esperanza o a Orizaba. Normalmente era a Esperanza, porque de Esperanza, la segunda división tenía residencia en Orizaba, entonces venía a Esperanza, se regresaba a Orizaba y hasta Veracruz, y este que dice tenía su residencia en Apizaco y recorría de México a Apizaco y al otro día de Apizaco a Esperanza, o ese mismo día subía otra tripulación y ellos iban a Esperanza y se regresaban a Apizaco. Eran recorridos realmente cortos, el recorrido más largo eran los pasajeros, que salían de México a Esperanza, que eran el 52 y el 54, y el otro iba de México a Córdoba, ya allí se subía otro maquinista del FVCI [ferrocarril de Veracruz al Istmo], ya luego vinieron los trenes azules, había el Jarocho. El Jarocho sí, me lo aventé de México hasta Veracruz…

(Continuará).

Entrevista a Armando Rugerio Hernández, extrabajador de los Ferrocarriles Nacionales de México (Segunda parte)

revista digital

37

sept – dic 2019
Entrevista a Armando Rugerio Hernández, extrabajador de los Ferrocarriles Nacionales de México (Segunda parte)
Patricio Juárez Lucas
Jefe de departamento de Archivo histórico, CEDIF-CNPPCF. Entrevista realizada el 11 de octubre de 2019.

PJ: ¿En cuántas horas?

AR: Si no mal recuerdo salíamos a las 9:30 o 20:30, no recuerdo bien, pero en cualquiera de esos dos horarios y llegaba uno a México a las 7:30 de la mañana, pero estaba tranquilo realmente. Lo sentía tranquilo pues estaba joven, no era yo de planta. Salía yo de emergencia, sí, porque luego estaba en México. Como sabían que estuve prestado en Ferrocarril Mexicano, pues ya me hablaban. No venían los maquinistas a sacar el tren, no sé si les daba flojera o tenían que llegar a México y regresarse a Apizaco, o tenían que proteger el tren en México, y como estaba en México, entonces ya me decían, entonces te echas el nocturno. Ya me iba en los trenes nocturnos a México, luego había veces que llegaba de Puebla, en mi división y luego me decía el cabo “¿te avientas a Veracruz” ya le contestaba, “sí”, y ya me iba a Veracruz, porque realmente estaba joven.

PJ: En términos prácticos, ¿dónde residía?, ¿dónde vivía?

AR: En México, porque en ese tiempo que le digo me mandaron a México a hacer residencia allá, porque faltaba personal. Realmente, cuando ascendí de maquinista me bajaron, como quince días, porque volví al trabajo y me mandaron a México. Primero fui prestado a Apizaco, residía en Puebla y me mandaron a México. Realmente no mucho ya después ya tuve la fortuna de alcanzar Puebla, ya me regresé. Aquí tuve varios trenes de planta, tuve el 109. ¿Se acuerda del tren ese que chocó con una pipa que se incendió? Bueno, ese tren era mi planta, nada más que ese día salí de vacaciones. Por suerte o azares del destino le tocó a mi ayudante, mi conductor, y un maquinista que ya falleció, agarró una pipa allá en Aragón, hizo un hongote, explotó la pipa. Cuando estuve en Teziutlán, me eché mi último viaje en el Teziutlán. Andaba no de planta allí, sino andaba de extra; el de planta parece que había enfermado, ya no regresó, se jubiló, entonces yo me seguí como extra. Ya no lo boletinaron porque ya se sabía que lo iban a quitar. Allí trabajé como medio año tal vez, y fue cuando ya me eché mi último viaje. Ya no nos regresaron trabajando, porque la gente se puso en la vía, como sabían que lo iban a quitar, ya no nos dejaron salir, nos secuestraron, entre comillas, no sé si en ese tiempo había una política, pero nos mandaron a un hotel dentro de Teziutlán y allí pernoctamos, y al otro día nos regresamos en autobús a la estación para ver si podíamos regresar, pero ya no, y allá se quedó el tren, allá se quedó completito el tren, el Teziutlán.

PJ: ¿Invadieron la vía o cómo?

AR: Invadieron la vía, totalmente invadieron la vía, pusieron una bandera de México. No quería que lo quitaran porque realmente ese tren era un pambacito de vía angosta de tres carritos, y ese día también iba el de primera, un carro muy bonito. Iba atascado de gente, siempre tanto al sur como al norte, pero ya no era seguro el tren, se bamboleaba. También hay que reconocer eso, porque nada más de vida son 30 años de cada carro según. Ese carro era creo desde la Revolución, ya no hubo trenes de vapor, más tarde metieron el diésel de vía angosta, las que eran de Zacatecas. Fue el último tren de vía angosta. Trajeron para acá las máquinas, fue muy bonito ese tren. Me gustaba mucho, pagaban bien. En ese tren salía a las 9:10 de la mañana de Puebla y regresaba a las 22:15.

PJ: ¿A qué hora llegaba acá?

AR: A las 22:15 llegaba. Iba de Puebla a Teziutlán. A Teziutlán llegábamos parece que a las 14:50 y salíamos de allá a las 15: 30 y llegábamos acá a las 22:15.

PJ: ¿Como nueve horas?

AR: De camino sí, pero descansábamos una hora y media en Teziutlán en lo que comíamos allá, más o menos como una hora y media, o una hora y veinte y ese tren siempre andaba a tiempo. No había trenes que nos estorbaran, solamente había uno de carga, pero ese lo librábamos, a veces cuando llegábamos a Oriental ese tren ya había llegado. A veces en Zautla estaba metido en el escape y ya nosotros pasábamos. No había otros trenes, sólo había jefes de estación en Zaragoza y Teziutlán, las demás eran estaciones normales, pero no había telegrafistas, nada más en lugares estratégicos, allí ponían los telegrafistas.

PJ: ¿Entonces jefes de estación solamente en Zaragoza y Teziutlán?

AR: Y ese la hacía de telegrafista cuando nos daba las órdenes.

PJ: ¿Y el de Oriental?

AR: Era más grande, era terminal; del que iba para Puebla, el que iba para Jalapa, para México.

PJ: ¿Y de Oriental para Puebla?

AR: En el de vía ancha llegábamos acá. De hecho, la 720 todavía la manejé. Como ese tren se calentaba mucho, subía el tren y allá se quedaba, la máquina con el equipo, con los coches, porque de Oriental para allá era de vía angosta. Nos atravesábamos con nuestras cosas al trenecito y allí nos íbamos, con el tren todo bamboleante.

PJ: ¿Cómo le hacían para el trasbordo, por así decirlo?

AR: Nosotros nos quedábamos en la principal, así está la estación y aquí para allá del lado derecho y el trenecito estaba en el lado izquierdo de la estación. Allí estaba formado ya el tren, ya nada más bajábamos del tren, atravesábamos hacia el otro lado de la estación o por la estación y ya nos subíamos al trenecito junto con nuestras cosas.

PJ: ¿Y los pasajeros?

AR: También los que venían de Puebla se pasaban al otro, y ya seguir a Libres y todo eso, hasta llegara a Teziutlán.

PJ: Cuando cierran esa línea, ¿ustedes se quedaron allá, la tripulación se quedó allá? ¿Qué pasó con ustedes?

AR: Nos regresaron de hecho por carretera, ya llegamos a Puebla. Tuve mucho chance de jubilarme allí, porque ya habían quitado el tren, entonces de acuerdo con nuestro contrato colectivo podía jubilarme, pero resulta que el oficial me dijo “estás muy chico y cómo te vas a jubilar”. Y siguiendo los consejos y por dentro sabía que tenía que  seguir trabajando  y ya me fui a otro tren, el que venía de Oaxaca e iba a México. Lo tomaba en Puebla, a México y en la noche los regresaba a Puebla. Me iba a descansar al otro día y al siguiente ya de nuevo, salía cuatro y media de la mañana, y regresaba a las 22: 15. Así nos encontrábamos los dos, y ya después me quitan de ese tren y me voy a mi puesto definitivo que era el tren 109 y 110, que iba a México, el que agarró la pipa.

PJ: ¿En esos trenes se jubiló, o no?

AR: No, yo salí liquidado, me faltaron dos meses, perdón, un año dos meses, porque tengo derechos desde 1976, y eso fue en 1998, entonces teníamos que tener 25 años de servicio efectivos para jubilarnos, allí fue donde ya me decepcioné, me fui a Ferrosur. Estuve un tiempo en Ferrosur, pero como había cosas que ya no me parecieron, entonces bajé de nivel, me fui de proveedor de locomotoras, dilaté como año y medio todavía. En el 98 me fui a Ferrosur de maquinista, después había un compañero que estaba de proveedor y yo de maquinista y le dije: “si quieres permutamos”, y me dice: “sí, sí”; y él ya se fue como maquinista de camino y yo me quedé en su lugar como proveedor de locomotoras. Ganando menos, pero ya no tenía yo ninguna responsabilidad, porque si se está dando cuenta, ahora que me está entrevistando, en los últimos siete años estuve de maquinista de trenes de pasajeros, entonces ya me acostumbré a trenes de pasajeros. Cuando yo llegué allá no había trenes de pasajeros, pura carga, y luego no me gustaba ya salir en la noche, ya me daba sueño, entonces ya mejor me bajé, dije; ya no, ya hasta acá, pero podía seguir dentro de otros ferrocarriles, y en 2004 me liquida Ferrosur y me recontrata Alsthom, esa empresa le daba mantenimiento a las máquinas de Nacionales, de Ferrosur, y allí estaba, allí me quedé, pero al año y medio me corren. Ya desde el 2005 hasta la fecha ya no trabajo en ferrocarriles, pero trabajo en la casa, ahorita estoy pensionado por el Seguro.

PJ: Quiero que me aclare usted, ¿qué es eso del azucarazo?

AR: Fueron unos compañeros, que yo no sé si los agarraron, que se robaban el azúcar. A mí no me consta porque no estuve allá, pero se decía, entonces varios se jubilaron, a muchos los agarraron y los metieron presos, y muchos más se fueron, pero regresaron, estuvieron en la cárcel y regresaron a trabajar. Yo ya me fui a México. Entonces el escapero podía ser mi planta, el de Cuautla, a lo mejor aquí no porque había un maquinista que era de Cuautla, pero los directos si yo hubiera querido, un directo de planta lo agarro, porque ya por mis derechos ya los alcanzaba, pero quería regresarme a Puebla, y cuando tuve la oportunidad me regresé, y aquí estuve y ya no me movieron.

PJ: Usted menciona que salió de FNM en 1998 y que antes había estado en el cierre del ramal a Teziutlán, en 1993. ¿No demandó a la empresa, no demandó a Ferrocarriles?

AR: Fíjese que sí, pero me fue mal, cuando me corrieron de Alsthom, también, pero allí intervino mucho el sindicato, ya sabe. La verdad eso ya pasó, fue mi mismo primo que me puso el dedo para que me corrieran, y me corrieron y ya no regresé.

PJ: ¿Allí en Alsthom era para manejar las máquinas al interior del taller?

AR: Para llevarlas a combustible, al arenero y regresarlas al taller. Era un trabajo muy sencillo, allí ya me sentía bien.

PJ: De Ferrosur, ¿qué recuerda?, ¿qué es lo que más recuerda?

AR: De Ferrosur lo que más recuerdo son las friegas que me ponía. Fuimos los pioneros, luego salía de aquí de Puebla a Veracruz. Recuerdo que una vez hice 48 horas a Veracruz porque nos metieron por máquinas solas, nos metieron al escape, porque había ventana, la ventana era de que en la noche reparaban la vía. Entonces había trenes a ambos lados, ya en el día pasaban los trenes, esa era la ventana. Entonces había trenes de aquel lado y de este esperando, ya estaban por muchas horas esperando, esa fue una. Otra que bien recuerdo fue cuando ya nos quitaron al ayudante, nada más viajaba el puro maquinista, el conductor y dos garroteros. Entonces yo salí de México a Veracruz en un intermodal, ese intermodal era flete directo desde México hasta Veracruz, desde Veracruz hasta México, hice 18 horas y dejándome todas las vías libres, para que pasara el intermodal. Hice 18 horas, entonces dije esto no es para mí, yo parezco de la presión, entonces fue por eso que ya empecé a dejar de trabajar.

PJ: De esas 18 o 48 horas, ¿cuántas le tomaban como horas extras?

AR: Bueno, depende, porque nos pagaban por kilometraje, entonces mire, si era un tren de carga tenía que hacer uno su cuenta de 160 kilómetros, que es lo que uno tiene que cubrir por 8 horas. Si recorría uno 300 kilómetros le quitaba a uno 160 km y lo que sobraba le sumaba uno al total y eso era lo que pagaban, pero realmente en ese tiempo era muy poco lo que nos pagaban. Me acuerdo cuando Ferrosur, mis quincenas eran de 6 mil pesos, de 5 mil pesos y ahorita ganan 20 o 25 mil pesos a la quincena y ya no trabajan todo el tiempo como el que le estoy indicando, ahora trabajan 8 horas, 9 horas y se quedan adonde están. Va el taxi por ellos y entra otra tripulación, o sea, que están muy bien ahorita, pues imagínese si antes un tren de 60 piezas lo manejábamos seis. La tripulación éramos seis, tres garroteros, conductor, maquinista y el ayudante. Cuando eran noventa piezas, eran tres garroteros más, éramos nuev e la tripulación, y ahorita si son 90, son dos o tres tripulantes. Imagínese cuánto se está ahorrando al empresa, entonces yo dije: todo eso no tiene caso, o sea, está bien por el salario, pero también creo que mi integridad y todo eso, entonces por todo ya dije: y ya me fui a proveedor de locomotoras, y allí estuve.

PJ: ¿Y todo eso fue que llegó a todo esto de la maquila?

AR: Porque en 1995 tuve un accidente y me despidieron. Me despidió ferrocarriles, un año. Fueron 18 meses y en ese tiempo que metí demanda y se tardó mucho, yo dije de qué voy a vivir. No le voy a andar pidiendo a mis compañeros. Entonces me puse a hacer bolsas, chamarras, gorras, bueno las gorras las compro y las bordo, pero las gorras de ferrocarrilero me las maquilan y yo las bordo y ya las vendo. Y ahora ya se me quedó eso, o sea, que no me he salido, no me he bajado del tren, porque de una forma o de otra sigo dentro. Algunas veces me hablan mis compañeros, por ejemplo, voy a mandar unas gorras hasta el norte, a Tamaulipas, por allí, pero me piden cosas de Monterrey, ya me dijo: mándame unas gorras, pues órale, ahorita pienso fabricarlas y llevárselas, o mandarlas, ya con eso me sostengo. A mis compañeros, porque éramos cinco, en ese tiempo andábamos en un tren de pasajeros, y pues cuando podía prestarles, les prestaba y ya ganábamos la demanda, ya nos pagábamos. Me pagaron en ese año o año y medio me dieron sesenta millones de aquellos tiempos, me quitaron lo que le pagué al licenciado, el impuesto y ya solamente me quedaron 30 y tantos, 36, pero por lo que ya me dieron mis compañeros repuse mi dinero, yo no sé si la suerte, pues Dios no se equivoca, ha de haber dicho: pues síguele acá porque tú eres muy testarudo. No iba a ir a besarle los pies al secretario general para que me regresara mi trabajo, la verdad soy honesto. Prefiero morir de pie que vivir de rodillas, eso lo decían los viejos. Yo pensé que era mi amigo, porque lo ayudé mucho para cuando se hizo secretario general, y ahorita somos enemigos, bueno, por lo menos en lo que a mí respecta, no me gustaría ni verlo.

PJ: ¿El secretario nacional o el de acá?

AR: El de acá, el otro si usted supiera, a mí me mandó un papel adonde le dicen a uno de los de él allá de los cuatro fantásticos. Así les dicen a los ayudantes de Víctor Flores, que me atendiera y me reinstalaran porque gané la demanda, a resultas del juicio, mi licenciado se hizo tonto, le digo: “¿no vas a meter la otra demanda de reinstalación?” y ya me dice: “ya con esto ya tenemos audiencia dentro de ocho días ya hasta te van a pagar y no sé qué”, pues órale, y uno tonto, no me dejan trabajar, entonces él ordena que vean esto. Ya no volví a verlo. Desde luego que tengo un arma poderosa allí, porque allí tengo el papel por escrito, pero total el de allá arriba es el que pone todas las cosas en su lugar.

PJ: ¿El de acá cómo se llama?

AR: Se llama Cipriano Manuel Arrazola, se quedó eterno.

PJ: ¿De dónde salía el Autovía y a dónde iba?

AR: Había dos autovías, uno que salía de Apizaco y otro que salía de Puebla. Entonces, creo que hacía dos o tres viajes, ya no recuerdo bien. Salía de Puebla a Apizaco y de regreso a Puebla, cuando recién lo pusieron no querían el de Puebla porque salía a las 6 de mañana de Puebla y otro de Apizaco. Después lo boletinan como definitivo y nadie lo solicita, entonces se lo dan al último del escalafón, un muchacho joven, y ya va y me dice: “no seas mala gente, cuando no pueda yo chambear ¿me lo trabajas?”, “Sí, hombre”, y así le hacíamos. Venía de vez en cuando, echaba dos o tres viajes a la quincena y ya me echaba los demás y ya le decía el oficial de acá, pero no dejes de cobrar porque cuando sale uno a otra División uno cobra las percepciones de la división de origen. Porque me gustaba ese tren, porque era muy fuera de lo común al tren normal, pues me gustaba, hacía uno una hora de aquí a Apizaco, haciendo todas las paradas, me gustaba, andaba en un Roll Royce, que es el que allá en la esquina de la 10 poniente (y 11 norte), que es el anaranjado, porque el otro era un azul y era un Fiat, el que salía de Apizaco.

PJ: ¿Allí cuántos tripulantes eran, nada más el maquinista?

AR: Nada más el maquinista, yo no tenía ayudante, el que andaba conmigo era un eléctrico, por si llegaba a fallar de lo eléctrico, porque esos ya tenían muchos años y los echaron a andar a fuerza. Así también en el otro, un conductor y dos garroteros, el de atrás y el de adelante.

PJ: ¿Qué corrida era la más concurrida, si dice que en la de las 6 nadie quería viajar?

AR: No, como no, de ellos (los tripulantes) tendrían que salir a las 4 de la mañana o 4 y media para venir acá y luego el último viaje no recuerdo a qué hora llegaba y tener que regresarse a su casa (en Apizaco) por eso no querían, porque les iba a salir peor.

PJ: ¿Pero pasaje sí había?

AR: No tiene nada que el trenecito de acá (tren turístico) que tiene más tripulantes que pasajeros, que lleva dos o tres pasajeros. Imagínese toda la gente que se iba a trabajar, principalmente a Panzacola, allí era la primera parada, bajaba mucha gente y había mucha gente que salía de esas empresas, se iban rumbo a Teolocholco, rumbo a Santa Ana, rumbo a todo eso, hasta el domingo, que iban a La Trinidad, que estaba muy de moda. Iba mucha gente todos los días, ahora sí que ese tren lo hicieron para los trabajadores. Desgraciadamente era muy poquito el pasaje, porque si subía de aquí (Puebla) Apizaco le cobraban igual que de aquí a Panzacola, entonces lejos de haber ganancias hay pérdidas, y son pérdidas, y ojalá hubiera entrado todo el dinero, pero solamente entraba lo de las estaciones, porque lo de las intermedias, pues se le quedaba al auditor, bueno ya lo hecho, hecho está, ya nosotros mismos matamos la gallina de los huevos de oro, uno mismo se prestaba para esas transas.

PJ: Además de manejar la máquina, ¿conocía algunas partes de la máquina, eso también le enseñaron?

AR: Sí claro, nos enseñaron desde los motores hasta la operación. Le conozco a usted todo, pero una cosa es conocer y otra ya hacerla de mecánico. Nosotros, por ejemplo, fallaba una máquina en el camino, ya nosotros veíamos de dónde era, pues fue tal cosa, varias cosas, ya reportaba uno, falta de potencia, y muchas cosas, ya llegaba uno acá, a Puebla y ya estaba reportado. Reportaba uno y ya el mecánico o el eléctrico se iban directamente a la falla. Luego había corto circuito a tierra y ya no jalaba la máquina, muchas cosas, ¡Bueno ya un día si quiere vamos a ver el autovía 309 que está aquí en el Museo! Cuando gusten, allí hay un aparato que se llama, “el telma”. Yo le pregunté a un mecánico, porque luego me decían métele el telma, le metía yo el telma y lejos de frenar salía más fuerte, ya un día le pregunté al maestro (mecánico): “¿qué es el Telma?”, “¿Qué no sabes? Es el freno dinámico, es como si fuera un freno dinámico, en una bajada lo metes y ya te detiene el autovía”, pero que le digo “pero este está al revés”, “¿cómo? –me dice– si le meto el telma y se jala”. Por eso mejor ya no lo usaba yo, ya usaba nada más el freno, luego, luego, me di cuenta, desde que lo puse, este no retiene nada, al contrario, un día que lo bajo, ya sentí que ya se retuvo un poco. Entonces ya empecé a dominarla, a dominar el autovía.

Entrevista a Tiburcio Bautista, extrabajador de los Ferrocarriles Nacionales de México

revista digital

35

ene-abr 2019
Entrevista a Tiburcio Bautista, extrabajador de los Ferrocarriles Nacionales de México
Alfredo Nieves y Patricio Juárez

Resumen

Entrevista realizada por Patricio Juárez Lucas y Alfredo Nieves Medina, jefes de Departamento de Archivo histórico y Planoteca, el 4 de abril de 2016, a Tiburcio Bautista Díaz, extrabajador de los Ferrocarriles Nacionales de México.

Palabras claves: Maquinista ferrocarrilero, Ferrocarriles Nacionales de México, Transportación Ferroviaria Mexicana, Oriental, Puebla.

Buenas tardes, don Tiburcio Bautista.

PJL: Cuando trabajó en Kansas, 1 1. See reference Hide reference 1 Transportación Ferroviaria Mexicana inició operaciones el 26 de junio de 1997 como empresa privada. El título de concesión se otorgó originalmente a un grupo conformado por Transportación Maritima Mexicana (TMM), empresa naviera y multimodal, en conjunto con el ferrocarril estadounidense Kansas City Southern Lines (KCSR). Luego de una serie de litigios con su socio mexicano TMM, que se prolongó durante casi dos años, el 1 de abril de 2005 el socio KCSR adquirió la totalidad de las acciones de TFM, cambiando su razón social algunos meses después a Kansas City Southern de México, S.A. de C.V., que es como se denomina actualmente. ¿dónde estaban sus oficinas centrales?

Tiburcio: En Monterrey, siempre, siempre fueron ahí.

PJL: ¿Y cómo es que llegó ahí? Tan pronto como se jubiló de Ferrocarriles Nacionales de Nacionales, ¿entró luego, luego o tardaron?  

Tiburcio: Sí, a mí me jubilaron. Yo trabajaba en la gerencia de transportes desde el año de 1994, en 96, cuando ya se empezaba a ver lo que era la licitación de los ferrocarriles, que se empezó a rotar, a nosotros nos mandaron para Monterrey, a mí me mandaron a Monterrey, otros a Veracruz y otros a Guadalajara. Cuando la licitación termina y empieza el 23 de junio, a mí en ese momento ya me habían entrevistado quince días antes para continuar con la empresa de Transportación Marítima Ferroviaria como inspector de maquinistas del año 1997 al 99. En el 99 el señor Oscar del Cueto me da la oportunidad de hacerme jefe de trenes, así es, del 99 al 2002. En el 2002 me hacen superintendente en la terminal de Nuevo Laredo y luego de Nuevo Laredo me mandan aquí a Xalapa y luego a Querétaro hasta el 2006. Así es, pero a mí me entrevistaron cuando todavía era Ferrocarriles, me entrevistaron en Monterrey, me mandaron a traer para la entrevista, para ver si llenaba yo los perfiles para la contratación.

PJL: Entonces, ¿le tocó ver toda la transformación tecnológica que se dio en el ferrocarril?

Tiburcio: De Ferrocarriles a TFM sí. Sí, todo eso lo vimos y lo viví porque en realidad lo primero que hicieron fue empezar con el funcionamiento de la compra de locomotoras en el año de 1998, fueron las máquinas 45, las 45-AC4400, que esas las fuimos a traer nosotros. Andábamos supervisando el manejo y aparte a nosotros nos habían dado una pequeña, una pequeña orientación o capacitación y nosotros anduvimos abordo de esas máquinas con los maquinistas y las fuimos a traer a Nuevo Laredo esas locomotoras, así es.

PJL: Y en la cuestión de la conducción, ¿cuáles son las principales innovaciones tecnológicas que le metieron ellos al tren?

Tiburcio: Lo principal, al tren, fue cuando empezaron quitando el cabús, que pusieron el aparato de fin de tren, reducción de personal, obvio, las máquinas ya llegaron computarizadas, ya tenían unas pantallitas, como las que están ahí dentro, ya son computarizadas las pantallas, entonces ya traías adaptado lo que es la potencia distribuida, ahí como podías enlazar hasta tres (…) de locomotoras, el manual dice cinco, pero no te acepta más de… hasta cuatro te acepta, lo que no teníamos en ferrocarriles. El tipo de pedestal de control de la máquina fue muy diferente a los que teníamos aquí, en México, posteriormente hay máquinas ahora también con computadoras y con el mismo sistema de pedestal del maquinista, con palancas del regulador, freno dinámico inversor y la automática y la independiente, idénticas a las anteriores. Ahora todo computarizado, ahora por medio de sistema de botones, sí, así es, PDI que quiere decir Potencia Distribuida Integral, así es.

PJL: ¿Cuántas gentes dejaron fuera?

Tiburcio: Con esta organización, lo que corresponde aquí es de que cuando hicieron las máquinas nuevas … cuando en Ferrocarriles Nacionales de México de Veracruz salías de Veracruz, llegabas a Xalapa y ahí te relevaban, de Xalapa a Oriental y de Oriental a México, eran dos cambios de tripulaciones pero eran treinta personas las que se manejaban de Veracruz hasta México, y ahora únicamente se manejan nueve personas, o sea que dejaron afuera veintiún personas, te lo puedo enumerar. Salías de Veracruz con un maquinista, un ayudante, un conductor y cuatro garroteros, porque se manejaban más de cuarenta y cinco carros y era un garrotero maromero, el tamarindo, se acoplaban dos máquinas ayudadoras y que correspondían dos maquinistas y dos ayudantes maquinistas, y cuando subíamos cuádruples eran tres ayudadoras, o sea que éramos en el tren, éramos cuatro maquinistas, cuatro ayudantes, un conductor y cuatro garroteros y de aquí de Oriental llegábamos únicamente ya nada más con dos locomotoras, con los cuatro garroteros, el conductor y el maquinista y el ayudante, ¿por qué? porque a los otros ya los habíamos cortado las ayudadoras en las vigas, donde termina la pendiente gobernadora y de aquí de Oriental salías con un maquinista de tronco y su ayudante, maquinista de ayudadora, ayudante maquinista, conductor y cuatro garroteros, para continuar de aquí de Oriental a México, pero en Sams cortabas la ayudadora, y ya nada más continuaban de allá así en adelante.

PJL: Ah, ya ¿una sola máquina, o?

Tiburcio: Dos máquinas, así es.

PJL: Sí, entonces sí fue una reducción muy grande.

Tiburcio: Pues en realidad la potencia distribuida es una tecnología muy bonita, pero desgraciadamente afectó, siento que como a un 60% de trabajadores, incluso no nada más al personal trenista, de Veracruz ya empezaron a hacer convenios de cómo salían los trenes formados y desde Ferrocarriles hacías movimiento en Xalapa, le hacías movimiento aquí en Oriental y luego los trenes ya salían directos desde Veracruz, aquí en Oriental le cortabas tres, cuatro carros y/o ordenabas el movimiento de lo que tenías que dejar en Lechería y lo que entraba al  Valle de México y también igual empezó a hacer reducción del personal, de servicios, de patio. Mira, ahorita aquí Oriental está muerto, cuando era el punto X principal donde llegaban los trenes de Puebla, de México, de Veracruz, de Teziutlán y donde hacías todo el movimiento de loteo de flete. 

ANM: En su caso, yo creo que hay dos situaciones, una como ferrocarrilero y otra como habitante de Oriental, ¿cómo ve la situación del cambio de los nacionales a la nueva compañía particular?

Tiburcio: Bueno…

ANM: Primero como ferrocarrilero, ya nos dijo, nos externó una parte, sería ver si nos la puede complementar y luego otra como habitante de Oriental.

PJL: ¿Qué pasó con toda esa gente?

Tiburcio: Aquí en Ferrocarriles, anteriormente teníamos gente prestada de Uruapan, de Monterrey, de San Luis, de Tierra Blanca, de Tehuantepec, de Matías Romero. Había mucha gente prestada aquí, en esta División Xalapa, por lo mismo que yo les decía, cada tren se constaba de cuatro maquinistas, cuatro ayudantes y era un mundo de gente. Llegaba uno a la pizarra, en Xalapa, porque me tocó el inicio, en Xalapa, de cuántos quedó de setenta, de sesenta era la pizarra; uh, no salgo hoy, a las 12 horas, 14 horas, por todo el movimiento que había estábamos saliendo continuamente, aquí en Oriental también, era una pizarra  muy buena que dejaba muy buen dinero, la gente de acá pues era de las principales, de más arriba de los escalafones, así es, y muy poco nos dejaban a nosotros y pues nosotros, yo como maquinista yo soy del año 1981, y hay muchísima gente adelante, pero sí, Oriental, en el aspecto de movimiento de trenes bajó el 100%, porque ahora de los aproximadamente 350 trabajadores que había en el taller, ahorita aquí no queda nadie de trabajadores que había en la estación, que era el maquinista de patio, el ayudante, el jefe de patio, el mayordomo de patio, los tres garroteros, el jefe de estación, proveedores de locomotoras, llamadores de transporte, de locomotoras, toda esa gente pues ya no existe, absolutamente nadie. Vino la modernización, desde Ferrocarriles inició con el Skytell, llega TFM inmediatamente implementa los teléfonos celulares y así empezó la reducción de gente, de llamadores y de todo, hasta quedar ahora directamente en Monterrey ser la central y desde ahí manda la llamada, por medio de un mensaje y el trabajador tiene que reportar (…) con un mensaje o vía llamada y lo que corresponde al pueblo de Oriental. ¿Qué sucedió? El comercio se vino muy abajo, fueron aproximadamente, pues qué se yo, unos trescientos cincuenta que trabajaban en el taller, más los del patio, más la gente que llegaba de Xalapa, de México o de Puebla en los trenes. Estamos hablando de unos quinientos trabajadores al día que había o quinientas personas y de esas quinientas personas ponga que doscientas tenían a sus esposas acá.

ANM: Eran jefes de familia.

Tiburcio: Eran jefes de familia, tenían hijos y que el mercado, el comercio se fue para abajo también, carnicerías, de ropa, de zapatos, rentas; definitivamente Oriental se fue muy abajo, así es.

ANM: Aja, cuando se fue el tren.

Tiburcio: Sí, cuando se fue el tren, el tren se fue directamente aquí de Oriental, ya efectivo en abril del 2007, yo estuve de superintendente todavía y yo estuve peleando que el patio de Oriental no se quitara, que era importante, les hacía yo ver a mis jefes que era lo se hacía aquí en Oriental y que ibas a dejar de hacer y entonces mis jefes, pues me daban a lo mejor (…) me dieron la oportunidad de seguir dejando el servicio de patio aquí en Oriental. Yo salgo un 22 de diciembre del 2006 por enfermarme de los nervios y en abril de 2007 se llevan el patio a Xalapa, aquí se perdió (…) por la falta de movimientos, aquí había una minera que cargaba ahí sus tres o cuatro furgoncitos de arena, pero era movimiento, lo de aquí, la grava, eran veinte góndolas diarias que cargaban, el servicio de patio las retiraba, las agregaba a los trenes; no hay nada ahorita absolutamente aquí en Oriental, a lo mejor unos dos carros ahí en la vía del público, que descargan maíz de palomitas y eso es todo lo que hay en Oriental ya.

ANM: ¿Se acabó?

Tiburcio: Se acabó.

PJL: Y esos a los que dices que les daban servicios, tanto la minera y la grava, ¿qué pasó con ellos? ¿Cómo sacan ahora su…?

Tiburcio: Se fueron del tren, se fueron del tren directamente. Esa dolomita la manejaban de aquí de Oriental a Lázaro Cárdenas y ellos, venía la grava, la traían de las derrumbadas, hacia aquí a Oriental, aquí la bajaban y aquí la subían a las góndolas, la arena esa también la procesaban aquí en Oriental, la subían a los carros y se iba por lo regular a Tlalnepantla y a Morelia. También todos se subieron a carros y todo eso se perdió acá, por eso era lo que nosotros peleábamos mucho. Yo como superintendente peleaba mucho este tipo de servicio de patio aquí, en Oriental, era uno de los casos y otra proteger a mi gente de aquí de Oriental, que no se quitara, pero, pues…

PJL: ¿Y por qué se jubiló ahora de Kansas?

Tiburcio: De Kansas… en el año de… yo empecé a sentirme… a lo mejor sería mucha presión de parte de, porque ya estaba yo en Querétaro, es un patio muy grande. Escobedo es un patio muy conflictivo para recibir los trenes y todo el paso de trenes en Celaya, entonces yo administraba lo que era desde Escobedo, Querétaro, San Juan del Río, México, Oriental, Xalapa, Veracruz como superintendente, entonces mi presión fue a lo mejor un poco dura, porque yo me levantaba a las cuatro y cuarto de la mañana todos los días a desayunar, a preparar mi desayuno, darme un baño y a las 6 de la mañana ya estaba en la oficina, a hacer movimiento del… bueno mis conferencias, hacer movimiento del patio, para tener siempre bien actualizado el patio, luego de ahí me iba yo a Escobedo, me venía a San Juan del Río, eran 10 u 11 de la noche y yo apenas iba llegando a mi departamento ahí, en Querétaro y posteriormente a las 12 o 1 de la mañana ya me estaban hablando por teléfono, que Veracruz no quería recibir determinado flete, que Celaya no quería recibir, era un promedio de dos o tres horas que yo dormía diario. Había ocasiones en que yo me quedé dormido manejando, afortunadamente, gracias a Dios, pues nada más la salida de la carretera; entonces ahí mi sistema nervioso se elevó y hablé con mi jefe, el Director de Operaciones, el señor Manuel Zulaica, que me diera la oportunidad de irme y sí, afortunadamente no tengo nada que hablar de él, me liquidaron, no como renuncia, si no como ellos me hubieran liquidado.

ANM: Y formalmente, ¿cómo se llamaba su puesto? ¿Superintendente de…?

Tiburcio: Superintendente Regional.

ANM: En este caso, ¿cuáles eran las funciones del superintendente regional? Ya nos habló del ámbito geográfico, pero ¿cuáles eran sus tareas? Que dijera tengo que hacer esto y esto…

Tiburcio: Así es, o sea, que todo lo que teníamos que hacer, porque todo lo llevábamos a base de conferencias, qué es lo que recibía Veracruz, a qué hora nos lo recibía, entonces yo era el que programaba la salida de los trenes, tanto de Xalapa, para entregarse a tiempo a Veracruz, de dónde se tenía que tomar el flete para poder ingresarlo a Veracruz, cuando Veracruz nos daba más del flete correspondiente cómo teníamos que manejar ese flete, si lo dejábamos en Cardel, en Tamarindo, en algún escape; si no teníamos locomotoras y Veracruz nos daba teníamos que regresar, o sea, que era un administración que tenías que jugar al ajedrez, deja esto acá, retira esto acá, regrésate con esto, ver qué tanto de gente teníamos, a qué hora tenía yo que estar pendiente de que los intercambios se llevaran a cabo, de acuerdo a cómo lo habíamos programado en la conferencia, en Veracruz, en Celaya. Ver que el patio de Escobedo no estuviera congestionado el flete, me tocaba como superintendente también, ver cuando había un accidente y a mí me correspondían las maniobras, porque eran como el personal de mayor jerarquía es el que se hacía cargo de las maniobras de los accidentes, yo llegaba en ese momento y desde que iniciábamos hasta que terminábamos, ahí nada de que vamos a descansar ocho horas y mañana regresábamos, lo que interesaba era dar la vía principal libre para el tránsito de los trenes, porque eso nos afectaba mucho la llegada de los trenes a determinados lugares y aparte que no contábamos con la fuerza suficiente para poder retirar más flete.

ANM: Estamos hablando de TFM, ¿por qué años era esto?

Tiburcio: Esto es del año de 2006, aproximadamente, 2006 para atrás; yo me hice superintendente en el 2002 en Nuevo Laredo, luego de Nuevo Laredo me regresaron a Xalapa y de Xalapa me mandaron a Querétaro.

ANM: La ruta que tenía en ese tiempo TFM, ¿de dónde a dónde era?

Tiburcio: Bueno, de TFM, la terminal Valle de México era una terminal que trabajaba para todos los ferrocarriles, entonces es de Huehuetoca hasta Nuevo Laredo, lo que es Nuevo Laredo, Matamoros, por Monterey (obvio), San Luis Potosí este… por acá por… San Juan del Río, Ahorcado y luego entrar también a Querétaro para llegar a Escobedo, o para ir a Lázaro Cárdenas, también le correspondía y lo que corresponde también de Teotihuacán a Veracruz vía Xalapa era lo que le correspondía a TFM y de San Luis a, este… a Tampico también.

ANM: Ajá, este recorrido geográfico nos ayuda mucho para que, pues, veamos que usted tenía la parte más conflictiva, ¿no?

Tiburcio: Pues sí, era muy conflictiva…

ANM: En el centro del país, pues era muy pesado, además eran distancias más cortas que las del norte.

Tiburcio: Sí, porque ahí corrías de México a San Luis Potosí, de San Luis Potosí a Saltillo y de Saltillo hasta Nuevo Laredo, y luego cuando llegabas a San Luis Potosí ibas directamente hasta… se llama este lugar… Cárdenas, hasta Cárdenas y luego te hacían el relevo y ya te ibas hasta Tampico y del lado también de Saltillo llegabas a Monterrey, y de Monterrey ya llegabas y te ibas directamente hasta Matamoros, sí.

ANM: En este caso, ¿cuántos superintendentes de su mismo nivel había en TFM en esa época?

Tiburcio: En esa época había superintendente de terminal en Nuevo Laredo, en Matamoros, en Monterrey, en San Luis Potosí, en Saltillo; el de San Luis Potosí controlaba todo hasta Tampico; y yo, que estaba en Querétaro, que controlaba lo de San Juan del Río, Escobedo, también México. Nos tocaba porque teníamos que coordinarnos con la terminal del Valle de México, los trenes que entregábamos y que nos iban a entregar también a nosotros; y Xalapa y Veracruz también me correspondían, así es.

PJL: Pero de su nivel serían dos nada más… de superintendente de división, por así decirlo ¿no?

Tiburcio: Había dos y el superintendente general que estaba en Monterrey, así es.

ANM: En este caso (estamos con el señor Tiburcio Bautista, nos está platicando de sus funciones como superintendente), por ejemplo, como superintendente regional usted estaba en TFM, que después fue Kansas City. Conoció también los puestos y funciones que había en Ferrocarriles Nacionales de México, ¿cuál era el equivalente o los equivalentes que había en Ferrocarriles, que hacía o hacían lo mismo que usted hacía en TFM?

Tiburcio: Pues el mismo superintendente, también con el mismo nombre, superintendente de Transportes, porque había superintendente de Fuerza Motriz y había un ingeniero general de Vía, que controlaba vía, puentes y edificios; el de Fuerza Motriz directamente lo que es talleres, y el de transportes igual, controlaba todo lo que es transportes, directamente.

ANM: Y en ese ámbito, por ejemplo, que usted diga, no, pues estoy igual que el superintendente de transportes, ¿o tenía más chamba?

Tiburcio: No, no, no, aquí en el trabajo de TFM se nos agregó más trabajo, porque yo al menos tenía en Escobedo, teníamos a un supervisor por turno, en Querétaro otro, en el Valle de México nada más había uno, de las 7 de la mañana a las 2 de la tarde y aquí en Veracruz teníamos otras gentes que eran, pero no eran correspondientes a transportes, ellos coordinaban, eran como comerciales, nada más y aquí en Oriental contaba yo también con jefes de trenes, que así se llamaban anteriormente, jefes de trenes; pero con todos ellos hacíamos la conferencia y nos poníamos de acuerdo cómo teníamos que hacer las cosas para poder llegar a tiempo a los intercambios y con Ferrocarriles el superintendente, mis respetos para él, pero tenía ayudantes superintendentes en todos lados, ayudantes superintendentes SL, ayudantes superintendentes ST, tenía secretarias, tenía mensajeros, tenía archiveros, tenía todo. Lo que yo en ese tiempo, como superintendente, en una investigación, tenía que entregarle al de recursos humanos todo lo correspondiente, lo que había sucedido y las recomendaciones de trabajador, sacaba yo el pulse de la locomotora de algún accidente y tenía que estudiarlo y ya entregarle directamente, todo analizado, al de recursos humanos, sí.

ANM: En este caso, por ejemplo, usted que vio este cambio, ¿cómo quedó el gremio después de la privatización? Después del concesionamiento, para que no se oiga feo. 

Tiburcio: Bueno, económicamente quedamos muy bien, porque yo recuerdo cuando estaba yo de oficial, de inspector de maquinistas en ferrocarriles, yo recuerdo que ganaba en una quincena mil 200 pesos y en la otra mil 600 con 400 pesos de vales que nos agregaban. Era un promedio de 3 mil pesos ahora y cuando me contrataron en TFM, a mí me contratan ahí en Monterrey, me mandan el contrato con 9 mil 600 pesos, bien que recuerdo, luego, luego, de 3 mil a 9 mil 600 pesos, demasiado dinero, un 200 y tantos por ciento más de lo que ganaba en Ferrocarriles y el trenista quedó muy bien, porque ya no hubo jornadas que a veces hacíamos de 40 de 50, ahí únicamente sus 16 horas de servicio y ni un minuto más, donde fuera, les mandaban su relevo a cada tripulación, así es.

ANM: ¿Y con respecto al gremio? Por ejemplo, aquí hace un rato nos estaba platicando, y esperamos que nos platique más al ratito, de las cosas que estaban haciendo con los jubilados, aquí en Oriental las tradiciones, las fiestas que se hacían con Nacionales de México, ¿qué paso con ello ahora, con los nuevos ferrocarriles?

Tiburcio: Pues ahora, me duele decirlo, me duele, pero es la realidad, anteriormente los ferrocarrileros sentíamos mucho amor a la camiseta, desgraciadamente ahorita, con estas nuevas empresas, están metiendo mucha gente que ni siquiera traen algo, de los calcetines siquiera, de lo que era Ferrocarriles. Ellos vienen aquí a trabajar por ganar dinero, no por el amor a su trabajo, porque anteriormente nosotros desempeñábamos el trabajo con un orgullo tremendo y con una playera como un jugador, nos daba gusto portar esa playera de ferrocarrilero, porque hacíamos las cosas lo mejor que se pueda, porque anteriormente teníamos miedo, o no miedo, respeto, a un trabajador de alta jerarquía que fuera un oficial, que fueran del sindicato. Ahora, los muchachos de ahora no tienen ese respeto hacia los oficiales, los toman de a locos, les dicen groserías, a hoy algo que les hagan, un reporte, pues el sindicato no cree y en vez de creerles a ellos le quieren afectar al trabajador de confianza, porque no tenemos respaldo absoluto de nadie, de nadie, si el sindicato pide la cabeza de uno de confianza, ni modo, nos vamos, se van y ahorita como le digo, nosotros aquí en Oriental hemos retomado con los ferrocarriles, con los ferrocarrileros jubilados que ya no fueron contratados por TFM en el año de 1997, hemos estado, como le digo, retomamos lo de hacer un grupo de amigos ferrocarrileros que estamos participando en muchos eventos, pero para eso tuvimos que ver la vestimenta de los ferrocarrileros de antaño, para que nosotros vistiéramos en las mismas condiciones. Aquí hay unos compañeros, aquí hay un compañero que mandó a hacer una maquinita, la 143, y que nos la proporciona para los desfiles, para que salga más emotivo ese desfile. Ahorita también la escuela Héroe de (…) , Don Antonio Lutrillo y otras personas elaboraron la máquina 501 y es la que también sacamos a relucir en los desfiles, para que se den cuenta del tipo de locomotoras que anteriormente se usaban como vapores y cómo era la vestimenta del mismo trabajador. Ahí, ahí hay otras (…).

PJL: ¿Y qué tan fiel es la reproducción que hicieron de esta máquina, digamos, a lo que eran las reales?

Tiburcio: Pues no es muy real, porque en realidad le faltan muchísimas cosas, ¿verdad? Pero en sí simula ser una máquina de esas antiguas, porque es lo que tratamos nosotros, de que simule algo con flechas, cómo era una máquina de vapor anteriormente, ustedes saben que adentro en la cabina había desde manómetros, había válvulas de seguridad, vapores y todo, pero aquí se trató… las personas que hicieron esas locomotoras, lo hicieron lo más real que pudo ser, que les faltan muchas cosas, pero como les digo, todo esto y tratamos nosotros de ver, iniciamos aquí. Inició este señor Álvaro Navarrete, con otras cinco o seis personas, a levantar este tipo de Club de Amigos Ferrocarrileros, ahorita ya somos gracias a Dios, 35 personas, y a veces un poquito más. A veces se hace más porque nuestros familiares nos acompañan, pero ellas no desfilan, ellas no desfilan. Ahora fuimos invitados el 5 de noviembre a la población de Nopalucan de la Granja, Puebla, en un aniversario más del primer mensaje que se envió a la Ciudad de México. Estuvimos el 20 de noviembre en Amozoc, también en el desfile de la Revolución; luego nuestro evento también del 7 de noviembre, también que cada día lo hacemos más emotivo, haciendo el festejo a nuestro compañero Jesús García Corona el héroe de (…); estuvimos el 20 de febrero aquí, en la feria de San José Chiapa, tenemos ahorita invitación para Lara Grajales, para Huamantla, y tenemos varias invitaciones, porque en realidad han visto la organización que va levantando cada día más.

PJL: ¿Y cómo van los planes o las gestiones para recuperar esta locomotora que nos dice?

Tiburcio: La máquina 90. Esa máquina 90 está en Xalapa, en el Museo de Antropología e Historia, entonces ahí hicieron las oficinas generales del DIF estatal y todo lo que había de máquinas de vapor, máquinas, la máquina diésel; había tres máquinas de vapor, una máquina diésel, había un tanque de guerra, había un helicóptero, había avión, todo eso se lo llevaron y lo arrumbaron. Entonces, posteriormente, hubo una persona ahí de Veracruz que decía que querían hacer un museo acuático o algo así, que querían ingresar la máquina al mar para que ahí estuviera, entonces pues nosotros sabemos perfectamente qué es el agua, es pura sal, esa máquina yo creo que en menos de un año se va a desintegrar, tratamos nosotros de, investigamos con ayuda de gente de Xalapa dónde estaba esa locomotora y qué pensaban; y luego al estar viendo que nosotros estábamos investigando para ver si nos la proporcionaban, se la llevaron a Veracruz y ahí las tienen arrumbadas en una… la tienen arrumbada en una bodega, porque las máquinas de vapor las vendieron a un chatarrero de Orizaba, dos chatarreros y uno se quedó con ella y la tiene ya, la puso frente a su casa para exhibirla, así es.

ANM: ¿Qué significa la locomotora para los ferrocarrileros?

Tiburcio: Locomotora para los ferrocarrileros, pues es la… la… ahí si me agarró… pues en sí lo que pregunta en las definiciones de ésa no se menciona.

ANM: No, no, pero ustedes aquí han hecho labores de restauración con una locomotora, que tuvieron que conseguir los recursos y le metieron mano de obra de ustedes, ¿por qué lo hicieron?

Tiburcio: Pues porque, ahorita lo que nos dice, Oriental es un pueblo netamente ferrocarrilero y la gente del mismo Amigos del Ferrocarril, se dieron a la tarea. Fíjese, esta máquina, la máquina 30-40 llegó en el año de… del 98 … a inicios del año del 98, esa máquina iba para el Museo de Antropología e Historia de Xalapa, pero la trajo Ferrosur con dos máquinas, una al frente y otra atrás y nos la arrumbó ahí en las vías del público, a mí me tocó estar acá ya como oficial con TFM, posteriormente para bajarla a Xalapa se requería de, pues como ya ahora no es Ferrocarriles Nacionales de México, era empresa particular, cobraban demasiado dinero, cosa que no aceptaron pagar para bajar esa máquina, con don Raúl Mendoza Carabeo, un superintendente que llegó en esa época aquí, procedente de Chihuahua, nos dimos a la tarea con gente de jubilados, como podíamos apoyarnos en ellos y ver cómo podíamos bajar esa máquina, cuando nos lo ordenaran. Entonces, esa gente de ferrocarriles llegó y nos dijo que podíamos bloquear un eje, ese bloquearlo quería decir que lo levantáramos, porque esta máquina son de varios ejes consecutivos, son de cuatro, cuatro ejes consecutivos y podían abrir la vía, entonces ya ellos nos mostraron como gatear y como calzarla. Posteriormente, no hubo ya eso de que se llevara la locomotora, no aceptaba, y ya estaba ahí arrumbada. Yo, en ese tiempo, el señor Miguel Ángel Bravo Lutrillo maquinista de camino, era regidor de aquí del pueblo de Oriental, con el señor Arturo Moreno que era el presidente de Oriental, hijo de ferrocarrilero. Y yo le expuse al señor Bravo que hablara con Arturo Moreno, para que esa máquina la solicitaran al estado de Veracruz, que esa máquina ya no se iba a bajar, entonces el hizo los trámites correspondientes y al final de cuentas le donaron esa locomotora. Después hicieron los trámites con TFM para que esa máquina se metiera en la “Y”, para eso TFM autorizó al Departamento de Vía cambiar los durmientes que fueran necesarios para poder llevar esa máquina al lugar a donde está. Una vez que está ya establecida ahí, la gente de ferrocarrileros empezaron a ver cómo le podían hacer para repararla y vieron ellos a estos de pinturas Comex y dijo que les iba a apoyar con toda la pintura correspondiente, pero que la gente empezara haciendo las reparaciones, querían que mientras ellos vieran que estaban haciendo las reparaciones, iban  a donar la pintura; hubo mucha gente, aquí hubo un señor que se llama Fidel Munguía, también él donó con su gente toda la lámina, la fueron, la remacharon, soldaron, muchísima gente de aquí de Oriental participó en la reparación y la pintura de la locomotora. En la restauración, cuando se restauró esta locomotora, vino gente, por ejemplo, también el líder sindical Víctor Flores y quería que se fuera a restaurar la máquina de Xalapa y de Veracruz, mandaron a la gente de acá, pero esas máquinas ya están completamente malas, ya es muy difícil su restauración, se requiere muchísimo dinero y de maquinaria para volverlas a hacer.

ANM: Y esa locomotora que se quedaron como símbolo de Oriental, la 30-40, ¿de dónde a dónde corría?

Tiburcio: Esas máquinas a lo mejor, en una o dos ocasiones, llegaron aquí a Oriental, porque las máquinas corrían esas de México a Nuevo Laredo, San Luis Potosí, donde no hay tanta curvatura, por las mismas máquinas que aquí tenemos rumbo a la… a Veracruz de hasta 13 grados de curvatura, no podían llegar ahí, aquí si a lo mejor, le digo, llegaron unas, pero casi por lo regular eran las máquinas 27 las que andaban aquí corriendo en Oriental, así es.

ANM: Ahorita estamos en el año 2016, ¿hay ferrocarrileros en activo aquí, en Oriental?

Tiburcio: ¿Activos?

ANM: Que ustedes sepan, esos son ferrocarrileros.

PJL: O que fueron. 

Tiburcio: A lo mejor hay algunos, que todavía ahí andan de maquinistas, otros de conductor, que son gente que todavía siente ese amor por la playera y les gusta trabajar. Desgraciadamente, hay mucha gente que ya no les permite hacer lo que anteriormente estaban acostumbrados a hacer en Ferrocarriles, les restringe ese deber de hacer las cosas, de querer hacer las cosas mejor.

ANM: Esto va con la pregunta, ¿había un reconocimiento social para los ferrocarrileros?

Tiburcio: Anteriormente, sí.

ANM: Hablemos… nos está hablando de que usted empezó a trabajar en Ferrocarriles Nacionales de México a principios de los ochenta…

Tiburcio: No, en el año de… el 26 de junio de 1972.

ANM: Ah, 72, en ésa época, ¿cómo veían a los ferrocarrileros aquí, en Oriental?

Tiburcio: No, pues es que en realidad el maquinista era… saliendo… mire… aquí en Oriental, anteriormente al ferrocarril no le tenían mucho respeto, porque sabían que eran de los que ganaban, que incluso había gente que decía “ahora los ferrocarrileros comen con manteca” el día de quincena, porque aquí llegaba el pagador los días 5… no, creo los días 7 y los días 22, llegaba el carro pagador. Entonces mucha gente así le manejaba a los ferrocarrileros, pero en sí el ferrocarrilero, principalmente el personal trenista, tenía mucha distinción. Cuando yo llegué, inicié aquí en ferrocarriles barriendo fosas, limpiando máquinas, lo que fuera que me mandaran a hacer. Entonces yo siempre vi con mucho respeto al personal trenista, por la distinción que tenía un bonito pantalón, una bonita chamarra, una bonita maleta, su presentación. Yo me hice a la idea desde esa época, cuando habían pasado a lo mejor tres, cuatro, seis meses, de decir “algún día tendré esa oportunidad de ser maquinista” y desempeñé bien mi trabajo, lo mejor que se puede y se vio logrado, porque en el año de 13 de agosto de 1976 ingresé al área de Transportes, dejé Fuerza Motriz.

PJL: ¿Y qué tan difícil fue ese cambio, de Fuerza Motriz a Transportes?

Tiburcio: Pues era… anteriormente no había tantos ascensos, eran boletines que a veces había que tener una cantidad de maquinistas y otra cantidad de ayudantes maquinistas. Cuando se jubilaba algún maquinista, o el trabajo lo ameritaba, subía personal de ayudantes maquinistas a maquinistas y para eso boletinaban puestos a similares de locomotoras o a ayudantes maquinistas de patio, hacia ayudantes maquinistas de camino y luego posteriormente a nosotros nos daban como vacantes a los puestos de Fuerza Motriz que éramos los primeros que teníamos que… como le diré, éramos los primeros en que nos tomaran en cuenta para poder llegar al ascenso de trenistas; posteriormente venían también los hijos de trabajadores, personal de Vía, personal de Puentes y Edificios, pero nosotros éramos los que teníamos prioridad para ascender.

PJL: O sea que tenían vínculos, por así decir, de Fuerza Motriz…

Tiburcio: A Transportes, así es.

PJL: Ah, ok.

ANM: La entrada a los Nacionales de México, ¿cómo fue? ¿por quién fue? ¿cómo estuvo entrar ahí a los Nacionales de México a trabajar?

Tiburcio: Bueno, aquí yo recuerdo y todavía existe, mi papá era ferrocarrilero, él era cobrero, sueldo especial compensado en el Taller, en Fuerza Motriz, yo veo ahí que tengo cuando él fue a solicitar al sindicato para que se tomara en cuenta su solicitud para que yo ingresara en ferrocarriles. Entonces, en el año que yo había mencionado, en el 72, el día 26 de junio, me… pues… en realidad en aquellos tiempos decían los papás, si no estudias, si no sacas buenas calificaciones, te voy a meter al ferrocarril, era una amenaza la que teníamos, verdad. Entonces a mí, yo todavía no salía de la secundaria cuando ya trabajaba de noche de 0 a 7, trabajaba en Fuerza Motriz y en el día me iba yo a las 8 de la mañana, me iba a la secundaria, a terminar los últimos, ya los últimos para salir del tercer año, y así fue, pero fue con recomendación de mi papá al sindicato y el sindicato recomendaba a la gente directamente a determinadas áreas que estaban requiriendo personal.

ANM: Y ¿qué otros familiares que estuvieran en ferrocarriles?

Tiburcio: Tengo un hermano, al que sigue de mí, está un hermano, todavía en Orizaba, tiene un puesto de confianza también que está activo, él tiene 55 años, así es; y otro hermano, el más chico, que estábamos, mi hermano lo había recomendado que ingresara, pero a final de cuentas como que el no tuvo ese… a lo mejor ese amor o ese interés de trabajar en Ferrocarriles, ya que estaba casi por terminar la escuela se retiró, dio las gracias y mejor se fue.

ANM: ¿Y los abuelos?

Tiburcio: Mis abuelos, él era herrero, de los fundadores de aquí de Oriental, así es, él llegó aquí a Oriental procedente … anteriormente Ferrocarriles, en dónde había talleres grandes y había personal en determinados talleres chicos, los regresaban, los mandaban a determinado taller. Por ejemplo, aquí mi abuelo llegó a Oriental en el año de 1902, procedente de los talleres que estaban en San Marcos, también en Ferrocarriles, así es, que era herrero.

ANM: Y en este caso, que estamos hablando del abuelo que viene a Oriental de otra parte del estado, ¿cómo se formó Oriental? ¿cuál es la versión que ustedes tienen?

Tiburcio: Bueno, pues aquí Oriental se fundó con el ferrocarril, cuando inició, pero en sí ya había aquí las haciendas correspondientes, con trabajadores del campo, de lo que es Virreyes, lo que es Torija, determinadas haciendas que había, había acá y después cuando inició la inauguración del ferrocarril, el 24 de mayo del año de 1892, que empezaron a habitar aquí en Oriental en carros campamentos, la mayoría, bueno, gente de ferrocarriles, del departamento de vía, de fuerza motriz (…) y después empezaron a llegar la gente de fuera. Cuando quitaron lugares, como les digo, de allá de San Marcos, empezaron a juntar aquí la gente en Oriental y ya por eso empezó a haber muchísima gente de ferrocarrileros, pero en sí, Oriental, desde el año de 1892 hubo gente ferrocarrilera ya. Así es.

PJL: ¿Qué hacía en estos trabajos donde empezó de noche? ¿Cuál era su tarea principal?

Tiburcio: Mi tarea principal era ayudante auxiliar, entonces, como ayudantes auxiliares, nosotros auxiliábamos lo que fuera que nos daban, para barrer una locomotora, para limpiar el motor, el taller; dar arena a las locomotoras, ir con el ayudante mecánico,  del ayudante cobrero, determinados puestos y de lo que había vacantes había trabajadores que tenían su planta y que luego fallaban o estaban de vacaciones y nosotros cubríamos esos puestos, así es y había lugares, había tiempos, que se llamaban… unos empleos que se llamaban DCIP, pues en realidad no recuerdo las palabras correctas, pero en ese tiempo, cuando había DCIP, había paileros, había soldadores adicionales, airistas, había mucho empleo, había hasta como treinta empleos son ese DCIP y cada tres meses, noventa días, lo quitaban, dos días o tres días y lo volvían a meter para que no los hicieran de planta, entonces esos días nosotros casi no trabajábamos, pero cuando había esos puestos, trabajamos. Hubo ocasiones que yo logré hacerme 26, 28 turnos a la quincena, doblaba yo casi diario, que luego pues ya iba yo con mi papá, porque siempre con mi papa íbamos a cobrar al pagador, a formarnos ahí y ya le decía “ahora cobré más que tu papá”, ya ganaba más que él, yo ganaba en eso tiempos, cuando ingresé aquí, a ferrocarriles, me acuerdo que era de 50 pesos mi salario, así es, y en el patio de inspección como truquero, ganaba unos 54, 55 pesos, había puestos que iban en aumento, a lo mejor 1 o 2 pesitos más aquí en Fuerza Motriz, pero en el patio de inspección eran 4 o 5 pesos más de diferencia, sí.

PJL: ¿Hasta qué nivel alcanzó ahí, en Fuerza Motriz?

Tiburcio: Bueno, en Fuerza Motriz nada más trabajé de 72 al 76, pero ahí fue como ayudante auxiliar y obtuve la planta con ese puesto, pero siempre ya de acuerdo con los derechos de cada uno siempre andaba yo de ayudante mecánico, había ocasiones que me decía luego, don Joaquín García Zerón, el maestro mecánico, un señor que se llamaba Gilberto Zamora, que le decían “El Lagartijo”; ese señor nos mandaba a nosotros, este compañero José Luis Hernández Juárez que también, entramos juntos, y continuamente nos daban la oportunidad de trabajar como electricistas, como airistas, como mecánicos de primera, nos daba la oportunidad, en vez de traer a gente de… que iban a traer para que doblaran otro turno, nos tenía mucha confianza para poder desempeñar los puestos de mecánicos.

ANM: Mencionó algunos apodos ahorita, ¿cómo eran los apodos entre los ferrocarrileros?

Tiburcio: No, pues aquí entre los ferrocarrileros siempre se ha manejado con apodos y hasta la fecha todavía se sigue manejando con apodos. Aquí nosotros teníamos anteriormente nuestro mecánico que le decían “El Lagartijo”, un mayordomo que le decían…

PJL: Nombre, nombre.

ANM: “El Lagartijo” ¿cómo se llamaba?

Tiburcio: Este… Gilberto Zamora. Al mayordomo, que era Joaquín García Zerón, le decía “El Pachón”, a Norberto García, “El Culeco”, a José Luis Hernández Juárez le decían “La Hormiga”, porque así le decían también a su papá, a don Luis Hernández Sánchez. A mí me decían “Ganso”, porque a mi papá también le decían “Ganso”, Tiburcio Bautista Alemán; y así determinada gente, a don Antonio Lutrillo le decían “El Jeringas”, porque él ahí, en su cuarto de soldadura, ahí iban las personas, ahí se inyectaban con él, por eso le decían “El Jeringas”.

PJL: ¿Era como enfermero?

Tiburcio: Era como enfermero ahí del ferrocarril, así es, y pues determinada gente, así hay muchos apodos y nos ponemos a platicar y a recordar todos esos apodos. Yo creo en todo el día nunca lo terminamos.

PJL: Pero, ¿por qué? Bueno, esta onda de por qué iban y se inyectaban con él, ¿él de dónde aprendió o qué?

Tiburcio: Pues ahí sí no puedo decirles, porque yo me acuerdo que desde chico, cuando mi papá decía “mira nomás cómo estás de desnutrido, mira, te voy a poner inyectores, vámonos con El Jeringas” y ya me llevaba a base de jalones y todo. Todavía estaba yo de diez, doce años, y ahí él agarraba y me ponía una nalgada, mi papá, para adormecerme, para que no me doliera y ya en ese tiempo ya era “Jeringas” don Antonio Lutrillo, así es.

ANM: ¿Cuántos trabajadores jubilados ahora hay en Oriental? Que se quedaron aquí, en Oriental…

Tiburcio: Calculándole, híjole, pero sí hay un poquito arriba de cien, poquito arriba de cien, ya no creo que cien, están más o menos en unos 85 o 105, por ahí, de personas jubiladas, porque hay mucha gente muy adulta y todo. Nosotros tenemos nuestra Asociación de Pensionados y Jubilados, pero esa es de… de Pensionados y Jubilados somos 185 trabajadores, así es.

PJL: ¿Pero vienen de Xalapa también?       

Tiburcio: No, no, nada más somos de la región aquí, de la región, así es.

ANM: Pero estamos en un lugar donde están coleccionando una serie de cosas, artículos, con motivos ferrocarrileros, ¿por qué?

Tiburcio: Pues anteriormente, yo nunca imaginé tener este museo. Empecé con unas cositas, por ejemplo, la fotografía esa grande, que esa es del 9 de septiembre de 1966; la otra fotografía que sigue, a dónde está mi papá también. Empecé a recolectar esas fotografías de chico, luego, posteriormente busqué una lámpara, que un rayo que se me quedó de Ferrocarriles, que mi lámpara de carburo, mi martillo, cositas de mi papá… Entonces, yo empecé a ponerlas ahí en el suelo. Un día mi esposa, que me dice “un día que me hagas enojar, cuando vengas todas tus porquerías te las voy a echar a la basura”, así me dice y luego me dice “oye, ya ni se puede pasar acá, de tantas cosas que tienes, a ver qué haces con ellas”. Entonces yo salí de trabajar de FerroMex, que fue mi última empresa para la que trabajé y la mera verdad yo le doy gracias a Dios el haber pertenecido, el haber trabajado para Ferrocarriles, le doy gracias a Dios que gracias a los puestos, al trabajo que desempeñé, mi familia la levanté. Lo que tengo gracias a Ferrocarriles, todo le doy gracias a Ferrocarriles, a mi papá, al señor Carreño, que él fue la primera persona que me recomendó y tuvo confianza en mí, para ir a Estados Unidos a un curso a Cerritos, California; posteriormente, de ahí me recomendó para ser oficial en la Gerencia de Transportes en el edificio de ahí, de Ferrocarriles. En aquellos tiempos, casi nunca el personal de la División Puebla tenía un puesto ahí, siempre gente de la de Querétaro, de la México-Querétaro o de otros lugares, pero de la Puebla nunca; de ahí fuimos los primeros que llegamos, fue mi cuñado Efraín Ledo, Hugo Robles y su servidor a la Gerencia de Transportes, de ahí empecé a conocer a mucha gente, de determinada… de muchos lugares y ahí fue donde a lo mejor me abrí las puertas para poder llegar a los puestos que tuve, pero no nada más en plan por amistad me dieron esos puestos. Yo supe trabajar y ganarme esos puestos, a pulso me los gané y sí le digo, yo cuando llegué aquí, cuando salí el 28 de agosto de 1912 llegué aquí ya liquidado, porque le gané una demanda al Seguro Social y me dio una invalidez total, y ya no me tuvieron ahí, ya salí de trabajar y pues sentía yo esa nostalgia por mi ferrocarril y soñaba y todo, entonces me di a la tarea de mandar a hacer mi museo y recopilar todas estas cositas que poco a poco han caído y mire, hay ocasiones que recuerdo mi ferrocarril, vengo aquí, me encierro y aquí estoy viendo las cosas, de dónde proceden, a dónde fueron, cómo llegaron, quién utilizaba estos aparatos y miren, gracias a Dios he tenido mucha aceptación de parte de gente de aquí, de Oriental, de fuera, porque han visitado mucho este museo y mire, ahora ya el lugar, cuando lo mandé a hacer lo veía demasiado grande, ahora ya veo todo y ya ni se dónde poner las cosas, todo esto mire.

ANM: ¿De qué ramas hay piezas aquí?

Tiburcio: De todas las ramas, desde Fuerza Motriz, Departamento de Vía, Departamento de Transportes, Telecomunicaciones, de todo hay acá, de todas las ramas correspondientes; ahí tenemos el taladro para hacer los hoyos al riel, ahí tenemos (…) tenemos del de sobreelevación, planchuelas, placas de asiento, las tenazas para tomar los durmientes, el (…) de vía angosta, clavos de vía, clavos fechadores, reglamentos del departamento de vía, contratos, tenemos aquí de Fuerza Motriz, las lámparas de carburo, sopletes, cinceles, pericos, tijeras de cortar lámina, pinzas, cortatubo, manómetros de las locomotoras, válvulas de retención, del Departamento de Transportes tenemos ahí las lámparas, candados, llaves, radios, del Departamento de TeleComs, los radios de las locomotoras, de parte de auditores, ahí tenemos los gorritas, checador, los boletos, reglamentos… También ahí tenemos el fechador, tenemos para también del jefe de estación para flejar las cajas y todo. Mire, aquí tenemos del Departamento de Telégrafos, aquí tenemos el telégrafo, también la llanta, este es el vibro que ya está conectado y ya aquí cualquier persona que conoce del telégrafo, viene y quiere mandar mensaje, éste es el vibro y esta es la llave. Yo creo, primeramente Dios, que en otros, a lo mejor en un mes ya tengo armado para hacer la repetición correspondiente y mandar mensaje de parte de aquí del vibro y escuchar aquí la llave y la llave hacer, también para que pueda uno hacer… pues… comunicándose, aquí después del telégrafo el telegráfono, lo primero que existían ahí en las oficinas telegráficas y en las salidas de los escapes aquí tenemos el micro, cuando se fundó la Micro que es una  red interna de ferrocarriles, posteriormente el primer radio que se le puso a las locomotoras, es Motorola, los radios portátiles de las tripulaciones en RedCorp, posteriormente en General Electric, Motorola y luego todos los Motorola con el (…) 51-50, el A-7000 fue el primero el (…) y luego el PRO-5172. Aquí tenemos el radio también de locomotora Expectra, así es; lámparas de señales  de los garroteros, también aquí tenemos una lámpara que hizo un mayordomo de patio, que llamaba el señor Ramón Córdoba, que lo hizo con tres pilas grandes, ya le eliminó ahí el toche y de ahí empezó Estados Unidos a mandar la primera lámpara de pila, esa redonda que se ve ahí (…) y ahorita la que utilizan todos los ferrocarriles, porque por ejemplo, FerroSur, FerroMex, la amarilla también aquella de pila grande, así es.

ANM: ¿Qué otra persona o qué otras personas aquí, en Oriental, tienen su colección?

Tiburcio: Pues, yo también admiro mucho la colección que tiene el señor Álvaro Navarrete, que lo tiene ahí en el restaurante, que en el Rincón Bohemio también, y pues don Antonio Lutrillo que tiene también ahí unas cosillas, que tiene unos indicadores, ojos de buey y de cosas de boletos…

ANM: ¿Y también tiene un lugar así, don Antonio?

Tiburcio: No, no, nada más es un lugar así, especie… en su misma sala, tiene un escritorio y ahí mismo tiene sus indicadores, no tiene un lugar exclusivo, como aquí.

ANM: Y don Antonio, ¿de qué rama era?

Tiburcio: Don Antonio era soldador, de la rama también de Fuerza Motriz, era soldador, así es.

ANM: Y el señor Felipe Lutrillo, ¿qué era de él?

Tiburcio: Felipe Lutrillo es su sobrino, el señor ese chaparrito, es muy astuto, muy bueno en la electricidad, muy bueno que era este señor. Aquí en Ferrocarriles, de los eléctricos buenos era Goyito, que era también de aquí, bueno, procedía de Xalapa. Rafael Cruzado y este chaparro de Felipe Lutrillo. Posteriormente, él trabajó para Alsthom hasta hace como dos años o tres años, dejó de trabajar porque llegó a la edad de 60 años, pero muy, muy buen electricista Felipe Lutrillo.

ANM: ¿Y quién fue el último maestro mecánico de los talleres?

Tiburcio: Aquí en Oriental fue un señor… ay, ¿cómo se llama? Guillermo… no recuerdo bien su apellido, pero le decíamos “La Florecita”, porque como que caminaba un poquito… raro, pero así como si fuera como en pétalos, pero el fue el último maestro mecánico aquí en Oriental, fue Rafael Cruzado y luego Guillermo, así es y él ahorita está trabajando en Progreso todavía, en Toluca, sí, estaba muy joven él, chavo, estaba muy joven y todavía sigue, ha de tener como 58 o 59 años.

ANM: ¿Y el último Jefe de Estación?

Tiburcio: El último Jefe de Estación se llamaba… ay, Dios, ¿cómo se llamaba este señor…? que era de Grajales, no recuerdo bien este nombre del Jefe de Estación y lo tenía por acá, hace unos días, no recuerdo su nombre, pero era de Grajales ese señor.

ANM: ¿Y cuándo cierra la estación?

Tiburcio: La estación cuándo se cierra…

ANM:  Para el servicio de pasaje, que fue el último que hubo, ¿no?

Tiburcio: Los últimos trenes… el último tren se ha de haber cerrado por ahí como por el 2000, como por el 2000 más o menos, 99 a 2000, por ahí se cerraron los trenes de pasajeros. En las concesiones que le dio la Secretaría de Comunicaciones a cada ferrocarril, ahí especificaba que cada ferrocarril privatizado tenía que tener un tren de pasajeros, por ahí tengo el convenio que establece que debe de tener… el convenio que… en el cual debe de haber trenes de pasajeros.

ANM: Ajá, ¿Y qué paso?

Tiburcio: Pues esos convenios (…) no les convenían porque no era redituables, no dejaban dinero supuestamente, pero más o menos por ahí del 99 fue cuando dejaron de funcionar los trenes de pasajeros

ANM: Estamos en abril de 2016, Oriental tiene una estación muy grande, son una planta alta que se utilizó como hotel para pasajeros y tripulaciones, ¿verdad? Aparte una planta baja que también es extensa, que también era restaurante y todas las oficinas necesarias para el tren, y además unos talleres que datan de alrededor de 1900 ¿no? ¿Qué pasa con ellos?

Tiburcio: No, de 1894… más o menos.

ANM: Finales del siglo XIX, ¿qué pasa con ellos ahora, en 2016? 

Tiburcio: Esos talleres desgraciadamente, pues ya no hubo las locomotoras, ahora las modernas ya no las metían como las otras máquinas a revisiones, a las fosas, ya directamente se llevaron, se lleva a cabo ya como la doble AA-R, establece que cada mil millas, o sea que cada 1600 km deben tener su revisión correspondiente, nada más. Entonces, pues los talleres los dejaron obsoletos y al dejarlos obsoletos pues mire, lo que está sucediendo, ya todo se viene abajo, ya no le dieron mantenimientos, se supone que TFM no adquirió la concesión correspondiente; porque tampoco las estaciones entran en la concesión, únicamente la vía principal y el patio correspondiente, así es, las estaciones no entran en la concesión.

ANM: ¿Y entonces? Nosotros sabemos por otras gentes y por nosotros mismos, que antes había gente de TFM, ahora hay gente de Kansas, que dice que la estación está a su servicio.

Tiburcio: No, no es cierto.

ANM: Porque (…) bueno, a lo mejor no hay gente del ferrocarril, pero hay gente de seguridad, es lo que ellos dicen.

Tiburcio: Sí, desgraciadamente ellos dicen porque ahí los pusieron, incluso, cuando la privatización, a nosotros nos acondicionaron una oficina y ahí todavía donde está la gente de seguridad pertenecía al jefe de estación, y luego en la estación había el jefe de patio, estaba lo de, todavía el exprés, el restaurante todavía funcionaba, las habitaciones. Después, conforme fueron eliminando, a partir del 2006, que empezaron a eliminar gente, pues ya fueron cerrando oficinas y únicamente se quedó la oficina del Jefe de Maquinistas y de los de seguridad, que los de seguridad estaban hasta… en … en otra oficina y ya la acercaron ahí a donde la gente de Telecoms puso todos los aparatos correspondientes para las repetidoras, pero si se da cuenta, en Nuevo Laredo; bueno le digo de Nuevo Laredo porque ahí estuve y esa estación de pasajeros la adquirió el gobierno, el ayuntamiento; en Escobedo, Guanajuato, la adquirió también el ayuntamiento, ahí también teníamos las… cuando yo estaba ahí en Querétaro, todavía teníamos oficina ahí los oficiales y hubo gente que también estaba, pero cuando el ayuntamiento las pidió, que los iban a hacer también archivo o museo, la retiraron y las pasaron a un costado de las estaciones; Xalapa, lo que era la estación, lo que era la sala de espera, el restaurante, lo adquirió también el gobierno estatal y si le empiezo a nombrar Alborada, Apache, o todos esos lugares, los adquirió el ayuntamiento; aquí también había personas que estaban queriendo encargarse de que la estación se hiciera oficina, se hicieran del Ayuntamiento, incluso una biblioteca, un buen museo, para beneficio del pueblo, pero pues no hemos tenido esa oportunidad, ese auge de que alguien nos apoye para poder rescatar esa estación y a lo mejor hacer un proyecto muy bueno. Nosotros teníamos, cuando la … el proselitismo de Tony Gali, le habíamos platicado de que si nos ayudaba para recuperar la casa del maestro mecánico por conducto de Conaculta, en aquellos tiempos, para que se nos diera esa casa y nosotros hiciéramos un pequeño museo y la gente de los pensionados y jubilados ahí hiciéramos nuestras reuniones, que hacíamos mensualmente o por qué no, hacer ahí un lugar para poder jugar dominó, cartas, reuniones que estemos ahí, que tengamos ese viento ferrocarrilero ahí, en ese momento que tengamos fotografías, y pues ahí estemos. También habíamos visto, también le habíamos mencionado de lo del taller, que queríamos ahí hacer, incluso un trenecito turístico, con recorrido pequeño de la Casa del Maestro Mecánico  hacia el taller y dándole unas dos vueltas, pero también tener cosas de ferrocarriles ahí, por ejemplo cambios, caretillas de las más pesadas, que no se lleven porque hay gente que son un poco… traviesas, si el museo de ahí de la pequeña colección que tenían en el taller, en la estación, se han llevado muchas cosas, incluso le digo, cómo no llegan a mi poder, pero pues no tendría caso, yo mismo me haría la maldad de que si la gente que sustrajo esas cosas me la traen a mí y yo las acepto, van a decir que yo y al rato pues no va a estar bien, mejor las cosas que yo tengo es cosas que salgan de otros lugares y no las que se hayan robado. Así es.

ANM: Hace unos años supimos que, parece, Kansas City estuvo levantando vías auxiliares de los patios, ¿es cierto eso?

Tiburcio: Sí, así es, empezó levantando… quitó muchas vías, del trayecto de Teotihuacán para acá, levantó Otumba, Santa Clara, Veloz, La Luz, Mena, Velasco, Zerón, Vega, de aquí de estos lados… pues de aquí de estos lados todas siguen, luego levantó Los Berros, nada más de allá y luego aquí en Oriental, de las… todas de las vías que había, ocho, quedaron nada más primera y segunda para intercambios, ocho para formación de trenes o almacenamiento de carros y las otras cinco vías las levantó, se llevaron el riel, el durmiente que estuviera mejor, todo el (…) se lo llevaron a Lázaro Cárdenas, a un lugar que se llamaba o que hicieron allá en el puerto “El Cayacal”, todo eso se lo llevaron.

ANM: ¿Lo reutilizaron?

Tiburcio: Lo reutilizaron, pero, bueno las concesiones de acuerdo a lo que estoy leyendo, no se puede hacer, únicamente con autorización de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, todo movimiento, toda modificación que tienen que hacer debe de ser avalado por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

ANM: Bueno eso también nos sirve para otra pregunta, ¿hay alguna entidad que regule los ferrocarriles particulares?

Tiburcio: Una entidad…

ANM: ¿Una oficina, un agente? ¿Algo, que digan “esto si se puede hacer, esto no se puede hacer y aténgase a las consecuencias”? ¿O es aquí la ganancia del más vivo?

Tiburcio: Es que ellos creen que al haber adquirido la concesión tienen derecho a hacer todas esas cosas, pero no, les digo, ahí está el librito, ese azul, en el cual no está y yo creo que los directores o la gente que adquirieron esto saben perfectamente lo que se les concesionó y en qué circunstancias se lo concesionaron, porque pues la Secretaría claramente dice ahí que ellos serían los únicos y debían de hacer una especie de solicitud y que se analizara cuál iba a ser… por qué lo estaban haciendo, pero cuando se termine la concesión, a lo mejor no lo vamos a ver dentro de cincuenta años, pero hay otra opción de otros cincuenta años, tienen que entregar las cosas tal y como se les entregaron y con todas las vías. Ahorita, por ejemplo, aquí Kansas levanta las vías y ahorita tienen otra vez, parece que tienen otra vez el plan de volverlas a tender, porque ahorita que empiece lo de Audi, que al parecer va a haber un tráfico muy bueno para Kansas, así es, que va a haber mucho, tanto de Kansas como para Ferrosur, así es y más que nada ahorita, que a partir de este año a lo mejor ustedes sepan, se llama ahora, ya cada ferrocarril puede entrar al ferrocarril que sea, con derecho de paso, siempre y cuando no haga movimientos, únicamente a donde va a dejar a la industria que va a dejar va a retirar y no haga movimientos en otros escapes, nada más sea de industria a industria en el trayecto, pero se llama ahora Ferrocarril… comercializador, sí Ferrocarril comercializador, le dieron a partir del 1 de enero ese renombre.

ANM: Tenemos una foto de la estación, ¿cuándo fue la última vez que entraron?

Tiburcio: ¿A la estación?

ANM: Así que dijeron “pues está requetebién”, o “esto ya está bien amolado”.

Tiburcio: Pues yo la última vez que entré ha de haber sido por ahí del año 2005, 2005 o 2004, fueron las últimas…

ANM: ¿Y ya no dejan entrar?

Tiburcio: Pues bajo la responsabilidad, ahorita, de cada uno de nosotros. Las escaleras todavía están bien, pero arriba ya le robaron las puertas a las dieciséis habitaciones que había y hay lugares donde ya la madera está completamente… está ya apolillada, pero sí yo creo, con algún permiso, yo creo que sí les dan la oportunidad de entrar.

ANM: ¿Y los talleres ya están más este…?

Tiburcio: No, los talleres ya están completamente deteriorados, ya es un peligro, que ahí con cualquier aire que hay pueden caerse las láminas, puede caerse el techo, incluso ya si se dan cuenta ya las trabes esas de madera tremenda que había, ya se cayeron, las fosas ya se están tapando. Ahorita el único lugar donde está más o menos bueno es donde estaba el departamento de Herrería.

ANM: Ajá, bueno, a ver una cosa más, ya la última, ¿cuál sería la construcción emblemática aquí, en Oriental? Allá en Apizaco, o en el mismo escudo hay una locomotora de vapor y aquí en Oriental, que dijeran “esto no, con esto sé que estoy en mi pueblo”.

Tiburcio: Aquí, aquí se ha manejado mucho el emblema de la estación con una máquina y dándole de fondo el Cerro de la Nalga, así es, así se ha manejado. Incluso yo, bueno yo mi logotipo que tengo de Pensionados y Jubilados es una máquina de vapor, la máquina 67 y la de Amigos del Ferrocarril la tengo con la máquina 143, así los diferencio, una es “Pensionados y Jubilados Grupo Héroe de Nacozari” y “Pensionados y Jubilados de la Región A-C” y otro “Amigo de Ferrocarrileros”, porque es muy diferente lo de Amigos y otro de Pensionados.

ANM: Bueno, y regresando con Jesús García, ¿cómo celebraban el 7 de noviembre acá?

Tiburcio: Nosotros aquí lo hacemos primero, vamos a hacerle… hay un homenaje a Jesús García con banda de guerra, nos vestimos de ferrocarrileros y le hacemos… le tocamos el minuto de silencio, le hacemos una guirnalda o una corona de flores, de ahí nos vamos a la máquina 30-40, también a hacerle un pequeño homenaje y ahí en ese homenaje, ahí manejamos a toda la gente que ha fallecido, que son ferrocarrileros, y que fueron netamente ferrocarrileros, en la máquina. Luego nos regresamos a la máquina 143 y ahí también elogiamos, más que nada a las personas que trabajaron en ese tren, porque no cualquier persona trabajaba en ese tren, era muy difícil, era muy peligroso y era de los trenes que más pagaban, porque la coper de Teziutlán era la que financiaba los pagos de las tripulaciones.

ANM: ¿Era el del ramal de Oriental o Teziutlán?

Tiburcio: Era el del ramal Oriental-Teziutlán, el que fue fundado el 5 de mayo de 1900, así es, y luego de ahí, nos venimos a la estación. Ahí también hacemos la celebración de una misa que se hace cada año y posteriormente un pequeño convivio, con un ratito de música y ahí estamos conviviendo. Hay ocasiones, cuando es entre semana, en la escuela Jesús García Héroe de Nacozari, esa primaria nos invita a participar en el homenaje que se hace también ahí, muy diferente. Ahí estamos y con los niños también le hacen su… a su gusto también le hacen su homenaje, hacen bailables, hacen la presentación de lo que fue cuando fue la explosión de la locomotora, del tren con dinamita, y hacen todo esto ahí, también igual. Es lo que se hace, es lo que hacemos y yo creo que, pues de los lugares grandes, por ejemplo, Xalapa ha establecido que nada más hacen juegos deportivos y la comida y todo, pero en sí… ah y le hacen también un homenaje a la estatua que tienen también de Jesús García Corona, pero en realidad, le digo, uno de los lugares aquí, en Oriental, pues aquí con cooperación de cada uno de nosotros e invitamos pues… a gente del pueblo que ya saben de esto, nos reunimos aproximadamente 150, 200 personas, que hacemos de comer para todos y ahí estamos en la estación haciendo ese pequeño homenaje.

ANM: ¿Y cómo celebran el 1 de febrero?

Tiburcio: El día de la democracia sindical, ese casi siempre por lo regular lo hacen por medio del sindicato de cada sección, nos invitan a determinados lugares. Hay ocasiones en que lo hacen en Xalapa, lo hacen en Orizaba, en México, en Puebla, en diferentes lugares.

ANM: Pero, ¿es por sección?

Tiburcio: No, luego a veces nos invitan, a veces nos invitan a ir a un lugar estratégico. La última vez que fuimos fue a Orizaba y estos últimos años ya se ha manejado en cada sección. Así es.

PJL: Ahora, volviendo al sindicato, ¿qué sabe o qué conoce, o qué idea tiene de qué pasó con su archivo? ¿Tenían archivo, no, en el sindicato?

Tiburcio: ¿De cada trabajador?

PJL: Ajá.

Tiburcio: Pues deben de tenerlo, porque aquí todos los archivos que había en Ferrocarriles, en las oficinas, todo eso se manejó directamente, vinieron unos carros y se manejaron todas las cajas y se fueron para Querétaro, pero del sindicato, definitivamente … pues nosotros no sabemos, porque el sindicato son los que manejan cada quien sus archivos, sus reglamentos, todo lo que ha habido ahí.

PJL: ¿Sobre todo con sus expedientes de personal, no? 

Tiburcio: Sí, aquí, le digo, aquí yo tengo el expediente de mi papá, de mi hermano y el mío cuando… antes de que se lo llevaran, porque se los llevaron a almacenar ahí a Querétaro, yo los recuperé.

PJL: Pero había una parte que pertenecía al sindicato…

Tiburcio: Pero no estaba aquí. La empresa directamente en Ferrocarriles, cada sindicato tiene sus… tenía ahí sus archiveros, en donde tenía los archivos de cada uno, porque si se da cuenta, cuando a nosotros nos llegaban a disciplinar por alguna circunstancia, cada representante apelaba para que se nos quitaran las marcas que nos ponían, o la disciplina de llamarles la atención, pero todo eso lo tenían ahí directamente en sus archivos y ya mandaban copia directamente a cada uno de nosotros, del personal.

PJL: Pero entonces, ¿en el sindicato puede que existan?

Tiburcio: A lo mejor. Sí deben existir, yo veo aquí en la delegación que hay unos archiveros muy grandes, pero en realidad nunca, nunca he tenido esa inquietud de abrirlos, porque pues no, no, es que me vayan a llamar la atención y le digo, las empresas anteriormente si abrían, pero ahorita el sindicato no puedo, ahí sí no les puedo contestar esto.

ANM: Bueno, regresemos con las locomotoras, el hecho de haberse quedado una de vía angosta y una de vía ancha, ¿fue intencional?

Tiburcio: La máquina, la 143, como era emblema de la que más corría aquí, bueno de la que estuvo más aquí en Oriental, esa fue donada le digo que por Ferrocarriles Nacionales de México, para que se subiera. Incluso Nacionales de México fue el que hizo el monumento para que se subiera  a donde está ahorita la máquina y le digo, la fecha correspondiente fue el 9 de septiembre de 1968, cuando esa máquina fue retirada, aquí se ve con todos los chorreados que así le ponían, los chorreados, cuando salió y aquí en esta otra que está a la izquierda, que es cuando está en su lugar correspondiente, en esa misma fecha y todavía la sacó el señor Narciso Nava, trabajando la máquina hasta ese lugar y ya ahí en ese lugar ya fue por medio de la máquina, las máquinas 54 y dos madrinas conforme la subieron, la enhuacalaron. Yo me acuerdo bien, como la enhuacalaron y la subieron. Yo tenía en ese tiempo cuando salió, tenía … fue en el 68 … doce años, sí.

ANM: Ah bueno, y ¿qué sabe de don José María López Escamilla?

Tiburcio: Don José María López Escamilla, pues lo que nosotros conocemos que fue un empleado maquinista de camino. Posteriormente, empleado de confianza, tuvo muy buenos cargos en Ferrocarriles; en el último carro que tuvo fue como gerente de Ferrocarriles en Querétaro, pero de lo que no me gusta de don José López Escamilla fue que a principios de 1998, cuando la concesión de… cuando ya tenía casi seis meses, más de seis meses la concesión, mandó la (…) del Valle de México con dos plataformas, con dos tráilers a llevarse dos locomotoras de aquí, de Oriental, que se encontraban en la vía y en las fosas correspondientes y de ahí mandaron un escrito, pero nadie dio la cara de otras personas, más que el chofer y el operador de la (…) para poder subir las máquinas, las subieron, se las llevaron, incluso sin asegurarlas, por ahí a la orilla del pueblo las tuvieron como quince días hasta que vinieron a asegurarlas y no sabemos qué fin tuvieron esas locomotoras, las maquinitas.

ANM: Agradecemos al señor Tiburcio Bautista Díaz por este testimonio, ¿algo más que haya quedado?

Tiburcio: Pues ahorita ya hay algo más también, que hay una maquinita que … ah sí, ya dije del Museo de Antropología e Historia, que hicieron las oficinas del DIF Estatal y que esa gente de Veracruz que quiere llevarse la máquina 90 y meterla al mar, pues ojalá y toda la gente nos unamos y no dejemos, esa máquina se va a deshacer en el mar, eso es todo, y pues qué les puedo decir, aquí tienen las puertas abiertas para todas las personas que quieran visitar este museo, aquí los atendemos con todo gusto y todas las preguntas que requieran.

PJL: Muchas gracias, a 4 de abril de 2016.

 


 

[1] Transportación Ferroviaria Mexicana inició operaciones el 26 de junio de 1997 como empresa privada. El título de concesión se otorgó originalmente a un grupo conformado por Transportación Maritima Mexicana (TMM), empresa naviera y multimodal, en conjunto con el ferrocarril estadounidense Kansas City Southern Lines (KCSR). Luego de una serie de litigios con su socio mexicano TMM, que se prolongó durante casi dos años, el 1 de abril de 2005 el socio KCSR adquirió la totalidad de las acciones de TFM, cambiando su razón social algunos meses después a Kansas City Southern de México, S.A. de C.V., que es como se denomina actualmente.