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ene – abr 2020
Entrevista a Alberto López, migrante guatemalteco
Patricio Juárez Lucas
Jefe de Departamento de Archivo histórico, CEDIF-CNPPCF. Contacto: pjuarezl@cultura.gob.mx.

Entrevista a Alberto López, migrante guatemalteco 1 1. See reference Hide reference 1 Entrevista realizada el 24 de febrero de 2004 en el Albergue Casa del Migrante La Sagrada Familia, Apizaco, Tlaxcala.

PJL: ¿Cuál es tu nombre?

AL: Alberto López.

PJL: ¿De dónde vienes?

AL: De Guatemala.

PJL: ¿A dónde te diriges en este momento?

AL: Hasta Sonora, pero me dirijo a Estados Unidos.

PJL: ¿De qué parte de Guatemala eres?

AL: San Marcos.

PJL: Allá, cuando estás en tu casa, ¿a qué te dedicas?

AL: Me dedico a trabajar, pero diseños gráficos.

PJL: ¿Cómo para publicidad y eso?

AL: Sí, para publicidad y, por ejemplo, hacemos trabajos para personas a las que les gusta la serigrafía y eso.

PJL: ¿Cuántas veces has ido a Estados Unidos?

AL: Pues ahorita voy por tercera vez, pero la primera vez que pasé siete años fui a hacer y la segunda no pasé y voy intentando otra vez, de nuevo, a ver si se hace.

PJL: Y en esos años que estuviste allá, ¿en qué trabajabas?

AL: Trabajaba en una pinturería, eso estaba trabajando allá.

PJL: ¿Hace cuánto tiempo te regresaste a Guatemala?

AL: Hace como tres años.

PJL: Y en ese tiempo que estuviste allá, ¿estabas trabajando en eso que dices?

AL: Sí, en ese tiempo.

PJL: ¿Ahora por qué te decidiste a regresar?

AL: Bueno, más que todo me decidí regresar por el trabajo tambié. Dije, tal vez está mejor todavía allá. Me di cuenta que la situación está difícil. Está más difícil allá, en mi país, otra vez, mucha delincuencia y pues todas las empresas se están alejando de allí, porque muchos impuestos está cobrando el gobierno y entonces se están yendo para otro país y definitivamente hay poco trabajo, trabajo suficiente.

PJL: ¿Y estás casado?

AL: No estoy casado, estoy unido.

PJL: ¿Pero tienes hijos?

AL: Sí, tengo tres hijos.

PJL: Y allá en el norte, ¿tienes familia también?

AL: Sí, tengo primos allá.

PJL: O sea, ¿más o menos?

AL: Sí son familiares.

PJL: ¿Y qué tan difícil estuvo el cruce?

AL: Pues, hace… ¿cómo saber? La primera vez no fue tan difícil, pero estaba escuchando estos tiempos está más difícil la pasada. Muchos impuestos están cobrando, hay que pagar una cuota. Entonces, ahorita no sé, la verdad. Ahorita que voy otra vez vamos a ver qué pasa en el camino, primero Dios que no haya nada.

PJL: Y en la frontera de México, ¿cómo pasaste?

AL: Pues la frontera de Guatemala con México la pasé bien, pero llegando en Arriaga, como ahí se tiene que agarrar el tren, pues es difícil. Sí, mucho calor, a veces asaltan a uno. Bueno, ahorita que venía todo de ahí de Arriaga para aquí a Tierra Blanca salió todo bien, no nos asaltaron ni nada, pero ya viniendo de Tierra Blanca para acá a Orizaba a mí me pusieron la pistola así y me dijeron que si yo era el guía y le dije que no, y estaban necios. Nos quitaron todo el dinero, a mí me pusieron la pistola, sí, e íbamos como cuatro y cuatro, cuatro aquí en este vagón y cuatro aquí en el otro vagón, éramos ocho, pero a mí me dijeron que yo era el guía que por que llevaba todo y les dije que no, que nada más nos juntamos ahí. Como ahí en los carriles del tren hay un montón se junta uno ahí y se hacen amistades, pues se viene uno y ellos piensan que uno es el guía, sí.

PJL: ¿Y estos tipos cuántos eran?

AL: Eran dos, era uno así alto y gordo y había otro chamaco, como tal vez sus, bueno, digo yo, tenía sus 17 tal vez 16 años. Era delgado, pelo así, quebrado como le dicen aquí, y nos dijo que si llevaban machete, que ahí mismo nos iban a matar, de una vez: “si llevan machete aquí se quedan” dijo. “Se mueren”, estaban diciendo y a mí me dijeron: “si tú eres el guía te vas a aquedar aquí”. Me dijeron así con la pistola de una vez y yo le dije que no, nos empezaron a quitar el dinero: “traigan todo lo que tienen ahí” y sí, los que tenían otros llevaban cincuenta, otros ya. Como aquí se arriesga uno más que todo por falta de dinero, entonces lo que teníamos les dimos, se bajaron, pero robaron a otros vagones. Esos sí tuvieron más tiempo, sí me espanté muy gacho.

PJL: ¿Esto a qué hora sucedió?

AL: Como a eso de las 8, digo yo, así tanteando, verdad.

PJL: ¿De la noche?

AL: Ajá.

PJL: ¿Cuánto ha de haber tardado esto, que los estuvieron encañonando?

AL: Tal vez como unos diez minutos o quince minutos, estuvieron ahí registrándonos todo.

PJL: ¿Y no vieron de dónde salieron? ¿de dónde venían?

AL: Desconectaron el tren, creo yo, le sacaron el aire y paró. Hasta los que iban manejando el tren, se bajaron. Otros que iban ahí empezaron a revisar dónde era y desconectaron el tren. Sí salió todo el aire y ahí paró el tren, se quedó y ahí aprovecharon a subirse y nosotros estábamos, bueno, no estábamos pendientes de eso que iba pasar, porque veníamos concentrados, dijimos “a lo mejor algo tuvo el tren”, pero de repente, así nos encañonaron, así de fácil. No lo esperábamos.

PJL: ¡Órale! Y después ellos ya se volvieron a bajar y ya volvieron a enganchar el tren, supongo yo…

AL: Ajá, volvieron a enganchar el tren y funcionó el tren otra vez, pero sí nos espantamos.

PJL: ¿Y de ahí ya no les pasó nada hasta llegar acá?

AL: No, gracias a Dios que ya no, sólo eso sería si.

PJL: Y ahorita, ¿cómo le vas a hacer para pasar?

AL: Pues ahorita nos vamos a ir transbordando en bus, puro autobús.

PJL: ¿Ya no se van a arriesgar en tren?

AL: Ya no nos vamos a arriesgar en tren, ahorita vamos a hablar con unos familiares a ver si nos echan la mano con un dinero para seguir adelante, a ver qué dice Dios.

PJL: ¿Cuantos años tienen tus hijos?

AL: La primera es una nena, tiene once años, y el segundo tiene diez y la que amo ahorita tiene un año, la nena.

PJL: Y tu familia, ¿todos están allá?

AL: Sí, mi familia están todos allá en Guatemala. Lamentablemente, pues la situación del país en que vivimos también y otra de las cosas que yo antes estaba en la pandilla, allá, en Guatemala, pero era porque uno no piensa, no analiza las cosas, lo que viene, porque en primer lugar mi papá se murió y nos dejó con mi mamá desde muy pequeños y entonces no tenía un cariño, no. Muchas cosas que me pasaron, estaba yo muy chamaco, sí estaba recomendada con unas personas, me humillaban, un montón de cosas, y yo sentí un cariño con esos pandilleros, me daban apoyo, pero no era para nada bueno, para destruirse uno la vida allí, y definitivamente, gracias a Dios que recapacité y pensé y dije no, no va nada bien conmigo, me voy a salir y me salí.

PJL: ¿Pudiste salir?

AL: Pude salir, sí, inclusive me puse dos tatuajes aquí, otro aquí y uno en la espalda, pero me los borré.

PJL: ¿A poco?

AL: Sí, gracias a Dios me los borré y ahorita tengo mis hijos. ¿Qué ejemplo les voy a dar a ellos si voy a estar en lo mismo? Sí, tal vez hice, pero estaba así chamaco, no tenía el consejo de una madre o de un padre, porque mi madre se iba a trabajar para darnos de comer.

PJL: ¿Más o menos de qué edad a qué edad hiciste eso?

AL: Como a los trece años, catorce años. Estaba muy chavo, pero gracias a Dios que no cometí ningún delito. Me siento bien, mi conciencia, que no hice nada malo, no maté, no nada, no violé, nada. Gracias a Dios que me controlé un poco, que, si no, no estuviera aquí contando, ya me hubieran matado.

PJL: Y tus hijos, ¿dónde nacieron?

AL: En Guatemala. Sí, mis hijos gracias a Dios que van a la Iglesia católica, sí, ellos van mucho a la iglesia, van a la misa los domingos, pues mi esposa está también bien metida en la iglesia. Ella es, no sé cómo le dicen aquí, servidora, ella sirve mucho a la iglesia. Y entonces, gracias a Dios que yo tengo una bonita esposa, que me ha apoyado bastante, pues yo también voy a la iglesia de vez en cuando, cuando tengo motivos de trabajo ahí en la casa, pues hay que hacer algo.

PJL: Cuando estuviste en Estados Unidos la primera vez, ¿en qué ciudad estabas trabajando?

AL: En Washington, DC, ahí estuve trabajando.

PJL: ¿Y ahorita vas a ir para allá?

AL: Pues, primeramente Dios allá voy a ir otra vez.

PJL: Y ahorita, ¿dices que ya no vas a agarrar el tren?

AL: No, ya no agarro el tren.

PJL: ¿Y te vas a qué parte de la frontera?

AL: Bueno, ahorita pensamos agarrar aquí hasta Sonora. Sí, hasta Sonora pensamos llegar con estos amigos que me conseguí aquí, ellos son de Guatemala también y nos estamos apoyando los tres, somos tres.

PJL: Y en la cuestión de la ciudad en donde vive tu familia, ¿qué tan grande es?

AL: Pues yo vivo en la capital. Sí, gracias a Dios desde que estuve en Estados Unidos compré una casa allá, ahí compré la casa y se hizo lo que tenía pensado en mis sueños, tener una casa, porque yo no tenía una casa, bueno, yo crecí con una persona, mi abuela, pero nos humillaba siempre para darnos de comer. Nomás crecí un poco empecé a trabajar por mi propia cuenta, pero sí empecé muy pequeño trabajando y me salí, me fui a la ciudad, ahí conseguí a mi esposa y entonces pensé venir a Estados Unidos y compramos la casa. Gracias a Dios tenemos la casa ahí y tenemos otro terrenito ahí, pues ahorita si Dios lo quiere pienso hacer otras cosas para no trabajar para las personas, trabajar por mi propia cuenta y tener a mi familia.

PJL: Para esto que dices de diseño, ¿qué estudiaste o qué preparación tuviste?

AL: Yo estudié perito contador, acá no sé, pero sí soy graduado para eso.

PJL: ¿Y luego te dedicaste a esto de las artes?

AL: Sí, a eso me dediqué, pero sí puedo un poco de todo, carpintero, le hago carpintería también, sí me se defender.

PJL: Y allá en Estados Unidos, ¿en qué estabas trabajando?

AL: En una pintorería (tintorería) donde planchan pantalones, camisas, todo. Los gringos llegan a dejar ahí todo eso y yo los plancho. Así trabajaba en una tienda con unos coreanos y me pagaban bien, 620 dólares a la semana. estaba ganando bien y también aprendí, pues al principio no empecé ganando bien, al principio uno no va entrar ganando uno lo que es, va viniendo uno de abajo para arriba, nunca va a empezar uno de arriba para abajo. Entonces, me dijo un amigo que estaba trabajando ahí me dice: “si quieres vamos a trabajar, pero no vas a ganar mucho”, me dice y pues, está bueno y me fui. Empecé planchando camisas primero, camisas así, como hay una máquina especial en que uno pone las camisas, se inflan y quedan bien, desaparecen las arrugas y todo, y sacaba veinticinco, a veces treinta, así iba aprendiendo, pero el coreano no me pagaba bien, me pagaba poquitillo, pero salía para la comida. Ya después sacaba cuarenta y cinco por hora, cincuenta por hora y ya después le dije al coreano que me iba a salir, después le gustó de plano que yo estuviera trabajando y me dijo: “No, yo te voy a pagar más ahora” y ahí me quede fijo y después aprendí a planchar el pantalón, corbatas, blusas, de todo, suéteres, de todo, empecé a aprender y le agarré la maña. Aprendí a hacer todo y ya después me dijo: “Te voy a pagar otros cien más” y me dio otros cien más y me quedé con el 6.50 ahí fijo, y me daba de comer ahí también. De ahí me salí cuando me vine a Guatemala, porque como quiera tenía mi esposa. No podía estar mucho tiempo allá por mis niños y por eso me vine, pero pues el coreano me ha hablado a Guatemala: “¿por qué no regresas?”, me dice. Por eso que se haga, primero Dios estoy allá otra vez.

PJL: Ah, o sea ya llegarías ahí mismo con chamba, está bien.

AL: Sí, pero como siempre Dios está con los huérfanos también, verdad. Mi mamá acaba de fallecer, tiene como tres años que falleció. Yo estaba en Estados Unidos, hace como tres años, y pues, a veces uno agarra las cosas contra Dios, yo lloraba y le decía: “¿por qué te quitaste a mi papá, mi mamá? Me dejaste solo”, decía yo, pero a veces uno remata las cosas contra Dios y a veces así son las cosas. Dios tiene un propósito para uno, pero si mi vida fue muy dura, mi papá nunca pensó en decirle: “Le voy a dejar un pedazo de terreno a mis hijos”, nada. sólo se mantenía tomando y eso no es para nada bueno y eso lo acabó.

PJL: Sí. Y de familiares, ¿tienes más hermanos o hermanas?

AL: Tengo un hermano y una hermana, son más pequeños que yo, yo soy el mayor.

PJL: ¿Y ellos en dónde están?

AL: En Guatemala. Mi hermano viene a trabajar mucho aquí, a Tuxtla Gutiérrez, y mi hermana está en la capital con su esposo. Ahora tiene dos niños y mi hermano no tiene, nada más tiene novia, a ver cuándo se va a casar.

PJL: ¿El de qué trabaja aquí cuando viene?

AL: Él, como ahí hay cultivo de café él viene a cortar café ahí, en Tuxtla Gutiérrez, sólo ahí puede llegar él, ya de ahí para acá él no quiere venirse, es peligroso eso.

PJL: ¿En temporadas?

AL: Temporadas sí, tres meses, cinco meses se viene a estar ahí y se va para Guatemala.

PJL: ¿Y tú dónde agarraste el tren? ¿En Arriaga?

AL: En Arriaga, sí.

PJL: Y de la frontera a Arriaga, ¿cómo le hicieron?

AL: Yo pasé en puro autobús, pasé la garita y no me bajaron, gracias a Dios, todo bien. La frontera que agarré de Guatemala con México fue Talismán, la frontera donde yo pasé, todo bien gracias a Dios. Como yo venía solo, no me bajaron.

PJL: Y ya los cuates, esos que dices que te encontraste, ¿fue en…?

AL: Ya aquí en Arriaga. En Arriaga se juntan, nos juntamos todos aquí en la casa, empezamos a platicar, a dónde vamos. Bueno, tenemos que estar unidos cualquier cosa juntos ahí, y así nos agarramos confianza y nos apreciamos. Por lo menos ahorita que yo venía, veníamos ocho y se fueron otros, nos pusimos tristes, uno se pone triste, se acostumbra uno, porque si no tenemos comida vamos a chalorear, vamos a traer unas coca colas, comida, un poquitillo de cada uno tenemos que ayudarnos ahí. Y ahorita que se fueron nos sentimos tristes, pero así es la vida.

PJL: ¿Ellos se marcharon en el tren?

AL: Sí, en el tren. Nos quedamos tres nada más aquí. Sí nos estaban contando que en la mañana salieron, pero ellos se van todavía en tren. Sí en tren, no, nos quedamos nosotros todavía aquí, gracias a Dios que por la casa hogar que nos apoya también, es una gran ventaja. Están bendecidas todas esas personas que donan aquí al hogar, que se preocupan por uno, nadie nos quiere, pero sí hay personas que nos quieren.

PJL: Y aparte de esto de la violencia, por así decirlo, ¿qué tan difícil es viajar en el tren?

AL: Pues es muy difícil, muy cansado, se deshidrata uno mucho. A veces no hay agua, tenemos que aguantar si se siente uno deshidratado, sin comer. Cuando uno viene a la casa hogar la comida es como que, lo vienen a uno agarrar como si no hubiera comido uno nunca. Eso, el hambre, uno quiere comida, el hambre y la sed. Y es muy cansado en el tren, muy incómodo.

PJL: ¿En qué parte venías?

AL: Venía en un vagón así, abajo, pero tenía muchos como hierros cruzados y no se podía acostar uno. Solo un puesto, sentado, se cansaba, se paraba uno y no se puede dormir, es muy difícil, y los que están arriba no se pueden dormir, si se duermen pues…

PJL: ¡Se pueden desbarrancar!

AL: Sí, es muy difícil, muy cansado y arriesgando la vida, que si uno se cae ahí mismo se queda.

PJL: A ti, ¿cuánto llevabas que te sacaron?

AL: ¿De dónde? 

PJL: ¿Cuánto te sacaron de dinero?

AL: Pues a mí me quitaron como cincuenta pesos, a los demás también, así les estuvieron bajando.

PJL: ¿Mexicanos?

AL: Sí, mexicanos.

PJL: Y ahorita, ¿por qué te decidiste por Altar y no por otras fronteras?, ¿por qué es más cercano, tal vez?

AL: Para mí es más fácil cruzar en Altar, Sonora, porque supuestamente por otras fronteras son más cerca, pero hay muchos que lo asaltan a uno ahí, que le quitan una cuota. Por ejemplo, Reynosa, yo pasé por Reynosa la segunda vez, pero no crucé por lo mismo, porque hay muchos, los del Cartel del Golfo ahí están ya esperándolo a uno, los mismos policías lo entregan a uno con los del Cartel del Golfo y lo secuestran a uno. A mí me secuestraron dos días, los mismos policías de la migra, y nos bajaron y nos dijeron que, pero yo le dije que mejor me dieran con Migració,n que yo no quería ir con ellos, pero ellos como están conectados con los del Cartel del Golfo llamaron por radio, y de repente llegaron dos trocas ahí: “Súbanse”, nos dijeron, bien armados y nos llevaron a una casa, como un potrero y yo dije: “aquí me voy a morir”. ¿Qué se puede hacer? Ya estamos en las manos, pero primero Dios que le toque el corazón y que nos dejen libres, y nos llevaron y nos hicieron un montón de preguntas, que si éramos guías, que sí, ah un montón de preguntas nos dijeron. Y sólo esperé cuando me hicieron así y me dieron aquí en el pecho y caí en la pared, de ahí nos llevaron a un cuarto lejos y nos metieron y nos tuvieron dos días ahí, hasta que se les ablandó el corazón y nos dejaron ir. Ellos mismos nos fueron a tirar ahí al puente, no, al río Bravo y pues, como digo yo Dios siempre está con uno y tanto la oración por mi familia también, pues gracias a Dios que hasta ellos mismos nos fueron a tirar al río que ahí pasa. “Dios los bendiga” nos dijeron, nada más.

PJL: ¿Ah sí?

AL: Sí, pero no todos ya tenemos la misma suerte. Entonces, yo creo que las oraciones y la fe que uno tiene, pues, gracias a Dios que todo bien. Pues ahorita ya no quiero cruzar por ahí, quiero cruzar por Altar, Sonora.

PJL: Pero esa vez que dices tú, ¿te regresaste a tu tierra?

AL: No, ese día de una vez crucé hasta llegar a Macali (Mc Allen), pero de Macali (Mc Allen) llegué, estuve esperando que me llevaran para arriba, a San Antonio, Texas, de ahí nos fuimos, llegamos, pero lamentablemente la van donde íbamos se arruinó y llegó la policía y nos agarró la Migración, pero yo ya estaba arriba, sí.   

Durante años la migración irregular ha sido la única opción para todas aquellas personas que deciden salir de su país por condiciones económicas adversas o porque se encuentran en un estado de sitio en donde la violencia ha escalado niveles nunca antes vistos. Y no es decisión fácil. Todos los días escuchamos noticias sobre centroamericanos que cruzan nuestra frontera sur con la esperanza de llegar a la Unión Americana, algunos lo logran, otros no, pero el intentarlo se convierte en una alternativa de vida. Este fue el relato de Alberto López, un guatemalteco que se atrevió a cruzar nuestra frontera por tercera ocasión.


[1] Entrevista realizada el 24 de febrero de 2004 en el Albergue Casa del Migrante La Sagrada Familia, Apizaco, Tlaxcala.