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septiembre – diciembre 2020
Entrevista realizada a Gerardo Niño Méndez, ex ferrocarrilero
Entrevista realizada en 1999 por el Dr. Robert F. Alegre, profesor asociado de Historia Latinoamericana, en la Universidad de Nueva Inglaterra. Contacto: ralegre@une.edu. Revisión y transcripción de Patricio Juárez Lucas, Jefe de Departamento de Archivo histórico del CEDIF-CNPPCF.

GN: Pues sí, mira Robert, mi familia fue ferrocarrilera. Mi abuelo fue maquinista, entonces él fue maquinista de las máquinas de leña, después, de las máquinas de carbón.

RA: ¿En qué año fue eso?
GN: Pues yo te quiero hablar aquí de los tiempos de la Revolución, o antes de la Revolución. Mi abuelo se llamaba José Antonio Niño Carrasco. Mi abuela también fue revolucionaria, anduvo con él, se llamaba Maximina Ortega; y de allí le siguió mi padre, que fue también ferrocarrilero, pero él empezó de abajo, era de los que se llamaban “los perones de vía”.

RA: ¿Por qué él no regresó a trabajar?
GN: Él, tengo entendido que fue participante de la huelga de 1927, allí salieron muchos desplazados, entre ellos mi padre, sí andaba por Oriental, por Oaxaca. Mi abuelo también anduvo en el tren de Tepexi de Rodríguez, y mi padre como peón de vía andaba también aquí, por el Interoceánico, porque entonces era vía angosta; aquí también por el Sur Puebla-Oaxaca, por todo ese rumbo. Entonces, en la huelga del 27 fueron desplazados, ya después ya no quiso regresar a ferrocarriles y mejor se fue de obrero, y de obrero le fue mejor, porque en tiempos de la Segunda  Guerra Mundial, en 1942, se dio el auge textil, porque entonces estaban solicitando mucho material de Estados Unidos, con lo de la Segunda Guerra Mundial. Entonces, él como obrero, en la fábrica que se llama San Alfonso, que ya no existe, que estaba aquí en la 11 norte y la 20 poniente. Por allí salía el tren del Ferrocarril Mexicano y el Mexicano del Sur, porque allí estaban dos estaciones, la del Mexicano y Mexicano del Sur, que estaba atrás, y pues le fue muy bien, económicamente. Le fue muy bien porque trabajaba demasiado, había veces que entraba a trabajar a las 7 de la mañana y salía a las 2 o 3 de la mañana del otro día.

RA: ¿Y le apoyó a tu mamá a entrar al ferrocarril?
GN: No, porque tuvieron un problema entre familias, el abuelo y la abuela se divorciaron, se separaron. Él, en algún momento intentó regresar al ferrocarril, pues sí le gustaba el ferrocarril. Le gustaba ver que su padre era maquinista, él añoraba también ser maquinista. Incluso yo, tu servidor, anhelaba ser maquinista, pero con esas cosas de la corrupción y las dificultades de que tenías que dar determinada mordida, para que te dieran las cartas de recomendación para pasarte a alguna especialidad que te gustara, como a mí que me gustaban los trenes y dada mi situación económica, pues no me era posible.

RA: ¿Tu papá te apoyó para entrar al ferrocarril?
GN: Sí me apoyó mucho, porque él incluso aportaba dinero que me pedían en el sindicato los líderes, para poder darme a mí la carta de recomendación y poder ser ferrocarrilero.

RA: ¿Había que darles a los líderes?
GN: Sí. Había que darles una mordida, como le llama uno a la corrupción. Había que darles la mordida para poder ingresar uno a ferrocarriles, porque a mí me encantaba. A mí desde chamaco me gustaban mucho los trenes, siempre añoraba yo los trenes. O sea que, para mí, prácticamente fue un sueño que nunca lo logré, porque yo al entrar a ferrocarriles entré primero a la especialidad de Puentes y Edificios, en el año de 1953. En mayo del 53 ingresé yo a ferrocarriles.

RA: ¿Cuántos años tenías?
GN: Tenía yo 17 años. Allí era un trabajo duro, era una herrería. El taller se llamaba Miscelánea, porque allí estaba incluido carpintería, albañilería, herrería, en fin. Se llamaba el taller Miscelánea, allí trabajé como ayudante herrero, pero cuando había oportunidad, cuando faltaba personal entraba yo. Después de allí me pasé a una cuadrilla de carpinteros, pero como siempre, los mayordomos buscaban la forma de sacar tajada de uno, siempre lo sobornaban a uno, que les diera uno para la cerveza, saliendo de los talleres se iban a tomar. Mi familia, en realidad mi familia no tomaba. Mi papá no me educó de esa forma. Mi padre era muy estricto, pensaba siempre que las cosas estuvieran bien hechas. Me educó como siempre nuestros padres, como dicen, a base de palos. Si uno se salía de las normas que había establecido mi padre, pues era cosa de que yo tenía que pagar las consecuencias.

RA: ¿Tu papá estaba siempre en casa? ¿cómo era? Porque muchos platican que estaban poco en casa, porque estaban mucho en la cantina.
GN: Bueno, mi padre ya después estaba en casa porque cumplía con sus horas de trabajo.

RA: ¿Qué puesto tenía?
GN: Era engomador. Era una máquina muy bonita, muy grande, que engomaba hilos para preparar piezas de manta, de la cual se hacían en aquel tiempo bolsas para la harina, bolsas para azúcar. Se utilizaba mucho la manta.

RA: ¿Entonces, él ya no agarraba camino?
GN: No, porque él se hizo obrero textil. Se hizo obrero textil, ya estaba muy retirado de lo que era ferrocarriles, pero entonces no faltó alguna persona que fuera amistad de mi padre que era ferrocarrilero y este señor, Martín Núñez, era mayordomo de una cuadrilla de remachadores, o sea, que son los que se encargaban de remachar los puentes. Entonces, se hizo de amistad y le dijo que yo quería ser ferrocarrilero. “¿Y por qué no meten solicitud?” Y pues ya metimos cartas, pero no nos llaman. “No, no, aquí no es de que nos van a llamar, aquí es de juntar algunos centavos y dárselos a los representantes, para que inmediatamente le den su carta de recomendación”. Y así lo hizo compadre. Y sí lo hizo. Me dieron mi carta de recomendación. Entré a la especialidad de Puentes y Edificios, y como te digo, allí en la herrería era un trabajo muy pesado, porque se trabajaba en fraguas. Tenía que partir el hongo del riel, o sea, la parte de arriba, donde pisan las ruedas del tren. La parte que se llama hongo tenía uno que partirla a base de puro marrazo y tajadera. La tajadera es como una especie de cincel y con eso se partía, para quitarle el hongo del riel a puro marrazo, y ya de ese hongo que se le sacaba al riel se metían a la fragua y se hacían los picos que utilizaban los compañeros de vía, que por su desgaste tenía uno que pulirlos a base de fragua para que se hicieran largos y ya sacarle el filo y la figura al pico. Primero entré allí al taller de Miscelánea, después de allí me pasé a carpintería, porque el trabajo era menos pesado, que para mi edad, en ese tiempo inexperto y como no tenía yo la fuerza suficiente para desempeñar esos puestos, entré en carpintería donde el trabajo era menos pesado. De todos modos, salíamos al camino a arreglar casetas, los carros campamentos, cambiar techos a las casas de máquinas, en fin, todo lo que se refiriera a carpintería. Después de eso, como se terminan los interinatos de quince, veinte o treinta días, se me terminaba el interinato me quedaba yo al garete de nuevo. Era modo de volver a trabajar y suplir a uno de planta.

RA: ¿Todavía vivías con tus padres?
GN: Sí, todavía. Entonces tardaba mucho tiempo para que volviera ocupar ese puesto y volver a trabajar, de allí vi la oportunidad de pasarme a peón de vía y, por consiguiente, también agarré un interinato, trabajando en una cuadrilla, la R8, a cargo de un mayordomo que se llamaba Ignacio González. Terminé ese interinato y quedé de nuevo así, a la expectativa, hasta que no faltó alguien que me dijera “¿Por qué no te pasas a fuerza motriz?” y ya dando otra mordidita ya me dieron mi carta de recomendación para pasarme a fuerza motriz. Allí en fuerza motriz ya me fue un poco mejor, aunque había como veinte o veinticinco extras. Había momentos en que ya no entrábamos por derecho, porque el que tenía más derechos pues iba a trabajar siempre y los demás nos íbamos a quedar volando, al garete. Entonces, se optó por hacer una cadena, correspondiendo a las fechas, aunque tuvieran menos derechos. En esa cadena, si me tocaba a mí trabajar hoy, mañana ya no me tocaba, le tocaba al que seguía y así, al que seguía, hasta que llegó el momento en que trabajaba nada más dos, cuatro días por quincena.

RA: ¿Qué hacías cuando no trabajabas?
GN: Pues yo me iba a un taller, precisamente allí en la fábrica de San Alfonso, donde trabajaba mi padre. Mi padre me recomendó con el administrador de la fábrica y me dio esa facilidad, de que si no trabajaba yo en ferrocarriles me fuera yo a trabajar al taller de la fábrica de San Alfonso. Así estaba yo, hasta que llegó el momento en que ya por derechos me tocaba trabajar más de diez días por quincena. Diez, once, doce días por quincena.

RA: ¿Cuándo te dieron planta?
GN: Yo asenté escalafón el 14 de mayo de 1953 y yo vine a obtener plaza hasta el 1 de septiembre de 1969. Fíjate cuántos años, de 1953, como doce, trece años. A los trecde años vine yo a adquirir planta. Entonces, en ese tiempo agarré planta porque comenzó la reducción de personal, según el reacomodo que le llamó la empresa, pero fue otra cosa que la reducción de puestos. Allí fue donde nos asignaron el puesto para salir, ya sea a Aguascalientes, Tehuacán, Oaxaca, a varias partes nos mandaron, y a mí me mandaron a Tehuacán, en el 69. Agarré un puesto como ayudante truckero, que era un auxiliar del operario, que era truckero. Allí había varias categorías: truckero A, truckero B, sueldo especial, y yo agarré como ayudante truckero, de acuerdo con mis derechos. Entonces, de allí empecé a ascender. Ascendí a empacador, en aquel tiempo, era engrasar y poner cojinetes a los muñones de las ruedas de los carros, para que tuvieran lubricación y pudieran trabajar.

RA: ¿En qué año te casaste?
GN: En 1967, dos años antes de que me fuera yo a Tehuacán.

RA: Entonces, ¿en el movimiento de Vallejo eras muy joven?
GN: Creo que yo tenía como 22 años, todavía vivía en casa. Por eso es que iba a secundar, a apoyar a los compañeros allá en México, en las manifestaciones, en los mítines que se hacían en el Monumento a la Revolución. Allí fue donde fuimos reprimidos por los granaderos, donde prácticamente murió el movimiento vallejista, porque apresaron a Demetrio Vallejo. Después vino Luis Gómez Zepeda, el triste y célebre líder charro que echó abajo los logros que había obtenido Demetrio Vallejo, como eran: proporcionarle casa a los trabajadores ferrocarrileros y de allí se nos dio médico y medicinas, y para los familiares también. Sí, muchos logros que se obtuvieron y el aumento que obtuvimos fueron por Demetrio Vallejo, porque con Vallejo obtuvimos un aumento global, que en aquel tiempo fueron 215 pesos quincenales o mensuales.

RA: Pero, en aquel tiempo, no tenías problemas económicos porque vivías en la casa de tus padres.
GN: No, no tenía problemas económicos.

RA: ¿Por qué apoyaste el movimiento de Vallejo, si no tenías problemas económicos?
GN: Porque yo veía las injusticias que había, por parte de los líderes del sindicato y por parte también de los administradores de la empresa, que eran muy tiranos. Es que allí en ferrocarriles teníamos divididas nuestras especialidades. Cada uno tenía que desempeñar su trabajo dentro de esa especialidad que a uno le correspondía, los administradores luego nos mandaban a hacer trabajos que estaban fuera de nuestra especialidad, nos mandaban a hacer trabajos de otras categorías con salarios menores y nos exigían trabajos, nos exigían que nos apuráramos.

RA: ¿Había trabajadores flojos?
GN: Sí, es como en todas las factorías. Siempre no falta el personal que es flojo, que es ratero, el personal que es borracho.

RA: ¿Había mucho alcohol en el trabajo?
GN: Sí, había mucho alcohol.

RA: ¿Cómo te trataban a ti, si no tomabas alcohol?
GN: Allí estaba precisamente, como a mí no me gustaba tomar, muchas de las veces tenía que dar a los compañeros, pues invitarles, decirles “ten para un botella”, porque si no, no le daban a uno el ascenso que nos correspondía o no nos dejaban trabajar en el puesto que uno quisiera. ,Nos boicoteaban, les daban la preferencia a los que tomaban con ellos. Desafortunadamente, a mí me pasó así ya teniendo puestos de planta y todo eso. Yo trabajé en la especialidad de coches y carros, y pues buscando, como ya era casado, yo siempre buscaba la forma de ganar un centavo más. Entonces, me gustaba salir a camino, porque sabe uno que en camino gana uno más, pagaban tres o cuatro pesos por un desayuno, tres, cuatro pesos por una comida, pero para mí era un ingreso, pues yo me llevaba mis tortas, mi lunch, mi agua y todo lo que se… Esos tres pesos eran un ingreso para mí, extra, y pues con eso iba yo a beneficiar a mi familia. Entonces, ya de acuerdo a mis derechos me correspondía a mí las salidas a camino, o puestos más arriba de mi categoría, pero como te digo, como yo no iba de borracho con ellos, esos mayordomos jalaban a los compañeros borrachos, se los llevaban a camino y a uno lo dejaban descansar. Lo mismo había tiempo extra: “te quedas tú, te quedas tú y te quedas tú, aquí en Puebla”, o sea, los borrachines se quedaban. “Oiga, pero es que a mí me toca”, “No, no, él sabe más que tú” y había otro problema, luego, cuando se iban de borrachos y no hacían su trabajo. Luego me decía el mayordomo: “¡A ver niño, ven para acá, ven y ponte a hacer este trabajo porque este cuate no sabe hacerlo, mira es muy tarugo!”. Allí, con groserías. “¡Es muy tarugo, no sabe hacer el trabajo, hazlo tú, enséñale como se hace!”. Yo le decía: Si es trabajo de él, yo ya hice el mí. “¡No, pero para que le enseñes!”. No era tanto que le enseñara, sino era para solaparse. Ya se habían ido de borrachos, era para solaparle a él la flojera. Entonces, te digo, existió en el ferrocarril mucha tiranía, mucha tiranía, tanto por parte de la gerencia, que fue la que a sabiendas de que había mucho ratero no hacía prácticamente nada, porque los rateros los teníamos desde arriba, desde la gerencia. Te platico, por ejemplo, de cuando empezaron a desaparecer las máquinas de vapor, a Benjamín Méndez y a su hijo les concesionaron las máquinas para hacerlas chatarra, entonces, allí fue un dineral lo que se robaron, desde arriba, y así como esos, venía así la cadena desde arriba hasta abajo. A los de abajo les solapaban muchas de las veces las raterías.

RA: Entonces, ¿tú no ibas a las cantinas? Porque me cuentan que, al lado del ferrocarril, aquí en Puebla, había muchas cantinas.
GN: Sí, porque incluso había cantinas que llevaban el nombre. Nosotros teníamos una oficina que se llamaba El fichero, allí entraba uno y checaba uno tarjeta de entrada y salida, entonces la cantina se llamaba El fichero. Todos decían: hay que ir al fichero a checar entrada y salida, allí se checaba entrada y salida, pues había una cantina que se llamaba El fichero, donde se iban a registrar los compañeros antes de entrar a trabajar, allí iban a registrarse. Y así había muchas, hasta pulquerías cerca de los centros de trabajo. Había una pulquería que se llamaba El riel, había una cantina que se llamaba El durmiente, había otra pulquería que se llamaba La 2030, porque la 2030 era una máquina de vapor, grande, de doble movimiento, para jalar flete muy pesado. Entonces era una máquina grandota, entonces a esa pulquería le pusieron La 2030 y así por el estilo, había muchas cantinas allí.

RA: ¿Tú ibas?
GN: No, de vez en cuando. Cuando había que cumplirle. Ah. porque para eso, si uno agarraba un puesto de planta decían: “Tiene que pagar las albricias”, o algo así, y tenía uno la necesidad a veces de meterse uno a la cantina, con ellos, con tal de estar bien parado para que te dieran trabajo adecuado para que estuvieras tú más o menos contento con tu jefe, pero yo veía cómo se servían aquellos compañeros, tarros y vasos llenos de puro mezcal y se lo tomaban como si fuera agua. No, yo no aguantaba tomar tan horrible el mezcal.

RA: ¿También había prostitutas?
GN: Sí, sí había prostitución.

RA: ¿Eran muy machos los ferrocarrileros?
GN: El complejo de macho que tenemos nosotros los mexicanos es, por ejemplo, de que la mujer tiene que hacer todo lo que uno le diga, que tiene que estar prácticamente bajo el dominio del hombre, que el hombre no puede hacer el trabajo de una mujer o ayudarla en sus quehaceres, porque entonces ya le llamaban “maricón”. Entonces, tú tenías que exigirle a la mujer que cumpliera bien con sus quehaceres y también, prácticamente la humillación para la mujer de que uno tuviera dos que tres damas.

RA: ¿Era común?
GN: Era común, los trenistas, pues no se diga, los compañeros trenistas tenían en las estaciones también sus muchachitas. Ese el complejo de machos, que aún no se puede superar en México.

RA: ¿Cuáles eran los deberes de la mujer?
GN: Los quehaceres domésticos, hacer la comida, lavar la ropa, plancharla, darle de comer al esposo, darle de comer a los hijos, llevarlos a la escuela, que estuvieran pendientes de darles de comer a los hijos.

RA: ¿Y cuáles eran los deberes del marido?
GN: Pues, en el machismo, el deber del hombre nada más ir a trabajar, muchas de las veces emborracharse, otras veces andar con alguna dama y demostrarle a su mujer su machismo.

RA: ¿Ir a ganar dinero también, era también su responsabilidad de ir a ganar dinero?
GN: De darle dinero a esas mujeres, muchas veces no, porque las mujeres tenían que trabajar para sostenerse ellas, para sostener a los hijos de este macho.

RA: Entonces, ¿tenían hijos con las diferentes mujeres?
GN: Pues sí, con distintas mujeres tenían hijos, es el machismo que existe aquí, en México.

RA: ¿En el ferrocarril había homosexuales?
GN: Sí había muchos, dentro de los que yo conocí, había uno que le decíamos “la nena”, era oficinista; había otro que le decíamos “la burrita”. Había varios, muchas de las veces la disimulaban, porque como eran talleristas, el trabajo era pesado y más o menos la disimulaban. Sí había entre nosotros, que por medio del trabajo rudo y todo eso no se daban a notar que eran homosexuales, si no que se veían que eran como cualquier otro hombre que está trabajando, porque muchos de ellos estaban en trabajos que eran pesados.

RA: ¿Y cómo la gente sabía que eran homosexuales?
GN: Porque luego, luego, por sus inclinaciones, se daba uno cuenta y como antes teníamos baños que nos proporcionaba la empresa, como había máquinas de vapor, pues teníamos baños rusos, para saliendo nosotros bañarnos y pues allí te dabas cuenta más o menos de quien se inclinaba mucho para acercarse a ti, y a veces hacer insinuaciones, pero se daba uno cuenta que era como cualquier trabajador. Trabajaban en especialidades que eran pesadas, que eran para cualquiera.

RA: ¿Qué quieren decir los términos Nena y Burrita?
GN: Nena quiere decir refiriéndose a una mujer, a una muchachita. A las muchachitas les dicen nenas, entonces hablarles a muchos de ellos, para ellos era halagador que se les dijeran nenas, les agradaba simplemente, pero uno ya los conocía que eran homosexuales.

RA: ¿Y se enojaban con uno?
GN: No, no, porque muchos de ellos se llevaban con nosotros, se llevaban bien con nosotros y como cualquier compañero que se lleva así, natural y todo eso, y también, en el sindicato ferrocarrilero también existían. Había un compañero que era homosexual también, pero ese hombre era un hombre culto, él era de los que organizaba festivales dentro del sindicato, de teatro, de deportes, futbol, beisbol, lucha libre, levantamiento de pesas. En fin, había teatro que te digo, este señor cuando había festivales del día del ferrocarrilero, del día de las madres, tenía muy buena relación con artistas, y traía artistas de México aquí, al teatro ferrocarrilero, ahora en el salón donde hacemos nuestras asambleas. Entonces, estaba el salón bien pintado, bien entarimado, tenía sus luces, estaba bien conservado, porque no se hacía lo que ahora hacen los seudolíderes, que los seudolíderes, precisamente, más bien entre Manuel, Pedro Vázquez y varios compañeros que vamos a las juntas los lunes, pues tuvimos la necesidad de hacer una presión tremenda contra el secretario que está hoy, Manuel Arrazola, que es el secretario de aquí de la Sección 21, de que ya alquilaban el salón para eventos denigrantes, porque allí se vendía mucha cerveza, alcohol, incluso yo les comprobé que hasta pastillas psicotrópicas vendían allí. Porque allí en mi casa tengo un archivo y de allí, en cualquier día yo te podré enseñar de los posters que anunciaban los bailes que hacían de rock, de rock pesado, ponían allí hasta fantasmal ¡heavy metal! Pues no sabría decirte, pero ese tipo de rock tocaban allí y deterioran el salón, lo hicieron asqueroso. Tuvimos que en asamblea nosotros imponernos, porque no creas, hemos luchado bastante para poder tener un poco más tranquilo nuestro salón social.

RA: ¿Cómo te volviste luchador social?, ¿cómo te orientaste?
GN: Pues para ser un gran luchador social necesitas traerlo en la sangre, no propiamente porque te enseñen, porque si fuera por eso muchos compañeros fueran luchadores, porque simplemente al ver que nosotros luchamos dirían “pues yo también voy a luchar”, pero hay compañeros que son tan cínicos, tan conformes, que ellos esperan que otro trabaje para que ellos obtengan también los beneficios por los que nosotros estamos luchando. Entonces, el ser luchador ya lo trae uno en la sangre, porque pese a los peligros a los que te enfrentas, porque te enfrentas a la represión por parte del sindicato, por todos los líderes charros, te enfrentas con autoridades que también están en contubernio con los líderes charros, que protegen a los líderes charros, entonces ese peligro, tú buscas la manera de no claudicar, y sigues adelante.

RA: En 1958, ¿ tenías miedo?
GN: Sí, sí, sí te da miedo, porque si tú enfrentas, inerme, nada más con tu cuerpo, no llevas nada, ninguna arma con la cual pudieras defenderte. Por ejemplo en el 58, 59, a los granaderos, que van armados hasta los dientes. En el 58, 59 hubo muchos muertos, también por la represión de los granaderos, por la represión de la que fuimos objeto por parte de Adolfo López Mateos, porque todavía el presidente anterior, que fue Adolfo Ruiz Cortines, todavía supo darnos los aumentos por lo que nosotros estábamos luchando, pero no hizo más que entrar Adolfo López Mateos y tener una plática, en ese tiempo con Eisenhower, aquí, en Acapulco, fue cuando vino la represión contra los ferrocarrileros, y no nada más éramos los ferrocarrileros, ya estaban unidos ferrocarrileros, petroleros, maestros, electricistas, incluso hasta mineros y hasta comerciantes ambulantes.

RA: ¿Tuviste contacto con estos trabajadores de otras empresas?
GN: Sí, en las asambleas que nosotros hacíamos, ahora sí que clandestinas, incluso nos reuníamos con estudiantes de la UNAM, Politécnico, nos reuníamos allí, en salones clandestinos.

RA: ¿En dónde?
GN: En México, principalmente, cerca de la estación de Buenavista, allí hacíamos nuestras asambleas. Se formó allí un comité que se llamaba “La coordinadora”, del regreso, pues le estoy platicando de los años 59, 60.

RA: ¿De los estudiantes también?
GN: De los estudiantes también.

RA: ¿De qué forma apoyaron los estudiantes?
GN: Ellos nos apoyaban, por ejemplo, haciendo las pancartas, haciendo los volantes, dándonos orientación de las luchas sociales. Y nos daban orientación y ya con eso nosotros, muchas de las veces nos daban orientación acerca de la Ley Federal del Trabajo, nos daban prácticamente armas para defendernos por medio de leyes, no de armas de guerra, nada de eso, sino de leyes, pero pues desgraciadamente siempre fuimos perseguidos por el ejército y no faltaban siempre entre nosotros los judas, los traidores que siempre iban con el chisme allí, con los del sindicato, y debido a tanta represión que teníamos por parte de las autoridades.

RA: ¿Tus papás te apoyaron?, ¿querían que tú apoyaras la huelga?
GN: No, estaban por aparte, porque me decían que yo desatendía mi trabajo y que, pues no era correcto, que yo tenía que ser un hombre trabajador.

RA: ¿Y qué les decías?
GN: Pues yo les decía que sí, que ahora sí. Que como dicen yo les daba por su lado, les decía que sí, pero yo seguía en la lucha. Incluso cuando me fui para Tehuacán, yo seguí con la lucha porque de México, de la UNAM iban hasta Tehuacán estudiantes, llevaban grupos de música de protesta, y yo allí, en una arena de lucha libre, que se llamaba la Arena México, yo organizaba allí asambleas.

RA: ¿En qué año?
GN: De eso que te estoy hablando como del año 1969, 70.

RA: ¿Tú apoyaste el movimiento estudiantil del 68?
GN: Sí, porque incluso estuve acudiendo a México a las manifestaciones, a las marchas de protesta yo estuve acudiendo, porque yo tuve contacto allá con varios compañero (as). Entre ellas había una compañera que trabajaba como enfermera en el hospital Colonia de México, era una gran compañera luchadora y ella me hablaba por teléfono y me decía: “Mira niño, que mañana o pasado vamos a tener una manifestación yo te espero aquí en tal parte” y allí nos veíamos, pero pues éramos correteados por los granaderos, con los gases lacrimógenos, nos correteaban en pleno Zócalo.

RA: ¿Qué pensabas del movimiento del 68?
GN: Yo apoyé mucho a ese movimiento. Cuando vino la masacre yo estaba aquí, en Puebla, hasta el día 2 octubre me habló por teléfono la enfermera, se llama María Luisa Montes, me parece, y me decía: “Mira niño, ahorita los compañeros están sufriendo una represión”, eso fue el 3 de octubre cuando me habló, el 3 de octubre tempranito. “¡Oye, anoche fueron masacrados los compañeros estudiantes, muchos están en la cárcel, muchos están muertos, otros están desaparecidos!” Y yo le dije: “Mira yo ahorita no puedo dejar mi trabajo, yo descanso hasta el día lunes”. No recuerdo qué día fue la masacre, martes, y yo podía ir hasta el lunes siguiente. “Mira, yo puedo ir hasta el lunes ahorita tengo trabajo, no puedo dejar mi trabajo”. Como yo trabajaba en servicios ininterrumpidos, que era casa de máquinas, no podía yo dejar ese trabajo, tenía que estar pendiente. Me entero al lunes siguiente, le digo:”Espérame, el lunes yo voy allá, espérame, yo estoy allá a las 8 de la mañana”. Sí me esperó en la terminal, entonces no estaba la Tapo, estaba la terminal en Soledad y allí me esperó. “Nomás ven vamos a ver cómo está Tlatelolco”. Vimos los edificios manchados de humo, cristales rotos, harta sangre en el piso, un sinfín de veladoras que había allí, en ese como altar que está, allí, en Tlatelolco, tantas veladoras que había, pues no dejó de salírseme un lágrima de tristeza, de ver a un país que se estaba hundiendo en la corrupción, en el fango y que hasta la fecha no ha podido salir de eso.

RA: Siendo ferrocarrilero, ¿porqué apoyaste el movimiento de los estudiantes?
GN: Porque su lucha, su lucha era también de clases. Buscaban también ellos un fin, una democracia en el país, no un gobierno que estuviera al servicio del imperialismo yanqui, que hasta la fecha tenemos ese dominio y que no es un dominio que dijéramos, que fuera una dictadura, vamos, que pudiera ser social, vamos a llamarlo así, entrecomillado, una dictadura social que fuera de beneficio para nosotros, que tuviera la justicia de que un obrero tuviera un salario justo, que tuviera una atención médica justa, que pudiera el obrero con sus ingresos pudiera educar y formar a sus hijos profesionistas, esa fue siempre mi idea.

RA: ¿Cuáles eran las expectativas del movimiento del 68?
GN: El movimiento estudiantil empezó por pleitos baladíes, de pleitos que tuvieron las preparatorias, fue un pleito de estudiantes, entre ellos, callejero, se puede decir, pero reprimido por la policía, y salieron bastantes heridos y de allí surgió la protesta de los padres de familia, que empezaron, pero como ya el país estaba en efervescencia, como ahorita se encuentra, efervescencia que para explotar, mucha gente del pueblo apoyó a los padres de familia de esos estudiantes, que habían sido agredidos. Y de allí empezó, y como se dieron las represiones, entonces ya hubo adhesiones ya directamente de obreros, entonces ya lo que se buscaba era sacar un gobierno tirano, un gobierno que lejos de escuchar la voz popular la reprimía, o sea, que es muy fácil ver que muchos problemas sociales con la voluntad de un gobierno se pueden solucionar, en lugar de reprimirlos habían de llamar, qué es lo que quieren, pues a nuestro alcance está esto de proporcionar o alguna cosa, porque hay muchos rateros que se llevan mucho dinero al extranjero, y como es que no se le pueda dar al obrero, que es el que forja la patria, que es el que forja a un México progresista. ¿Cómo es que no se le pueda dar la facilidad de vivir decorosamente? En lugar de buscar una solución a esos problemas sociales, se les reprime y claro está que guerra engendra guerra. Entonces, ¿cuál va a ser la salida del pueblo, de la gente? Tanta miseria que hay y que desde aquel tiempo podría superar un poco ese problema, en cambio ahora hay más ricos y más pobres, los ricos más ricos y los pobres más pobres. A ver Robert, dime si con un salario mínimo, que está estipulado, puede un obrero comer, vestir, pagar renta, educar hijos.

RA: ¿Cómo le hacían los ferrocarrileros en aquel tiempo? Yo estaba viendo los datos y estaban ganando como 34 centavos la hora, a veces menos, 27 centavos la hora, ¿cómo le hacían para vivir?
GN: Precisamente por eso surgió el movimiento vallejista, Robert, porque teníamos muchas de las veces el salario mínimo. En aquel tiempo el salario mínimo era como de 11 pesos. Nosotros teníamos 11 pesos, cuando nosotros éramos ya obreros calificados, y éramos calificados porque nos estábamos especializando en ferrocarril, en todo lo que se refería a la industria ferrocarrilera.

RA: Estaba pensando que los ferrocarrileros ganaban muy bien…
GN: Bueno, hubo una temporada, según tengo entendido. Yo ya no viví esa época, yo tenía entendido que los ferrocarrileros antes eran los mejores pagados, pero debido precisamente a que surgieron los líderes charros, por ejemplo: ese cuate, Jesús Díaz de León, que ese era charro, le gustaba la charrería, peor, era un traidor, por eso ahorita a los líderes se les dice líderes charros.

RA: Si el salario era tan bajo, ¿decidiste ser ferrocarrilero?
GN: Por el amor a manejar un tren, ser un trenista. Era lo que a mí me agradaba, me gustaba mucho, soñaba yo con ferrocarriles. Yo hasta la fecha, Robert, sueño ferrocarriles, hasta la fecha y lo que sueño más es que vuelven las máquinas de vapor, que veo una máquina de vapor, allí viene subiendo. Bendito sea Dios que ya están nuevamente las máquinas de vapor, porque las máquinas de vapor no tenían por qué desaparecer Robert, prestaban un servicio magnífico. Hay repúblicas europeas que todavía manejan el vapor, ahora, cómo es que siendo los ferrocarriles la espina dorsal de un país haya habido un traidor como Ernesto Zedillo, que yo no lo puedo llamar presidente, ni doctor ni nada de eso, yo lo llamo un traidor a la patria, como es que se haya prestado a vender los ferrocarriles, a dejar tanta gente en la miseria. Miles de obreros ferrocarrileros salieron con más de veinte años liquidados, cuando que nuestro contrato decía que tenían que ser jubilados. Había una cláusula en nuestro contrato que decía: que por causas de la empresa, si un trabajador era retirado con quince años de servicios tenía que ser jubilado.

RA: En aquel tiempo ¿dónde vivías, aquí en Puebla, en los años cincuenta?
GN: La mayor parte de mi vida la he vivido acá, en Puebla, aquí, en la ciudad de Puebla. Aquí en la colonia José María Morelos y Pavón.

RA: ¿Era una colonia de ferrocarrileros?
GN: No, había varios ferrocarrileros allí, muchos compañeros que supe que eran ferrocarrileros, muchos compañeros vivían en esa colonia.

RA: ¿Cómo era la colonia durante los tiempos de lucha de Vallejo?
GN: La colonia en sí no despertó, lo que despertó fue nada más la clase obrera, los ferrocarrileros, nada más éramos los que estábamos allí y muchos era gente que no participaba.

RA: En México, como usted dice, participaron los maestros, los electricistas, los mineros. Aquí en Puebla, ¿también otras ramas de trabajo participaron?
GN: Aquí en Puebla lo que mayormente nos apoyaron fueron los estudiantes, porque en esa época los estudiantes prácticamente eran la vanguardia de la lucha social. Los estudiantes en aquel tiempo no podían ver que subieran el precio del pasaje urbano, porque luego, luego, salían a hacer sus marchas de protesta, pero desgraciadamente también el gobierno ahora los tiene bien quietecitos, los tiene bien vigilados. Ahora los estudiantes ya no pueden hacer una lucha social, pese a que ven tanta injusticia ya no pueden. Entonces, en aquel tiempo teníamos asesoramiento con compañeros de aquí, de la universidad, y también hacíamos nuestras reuniones clandestinas aquí, en Puebla. Varias ocasiones tocó en mi domicilio hacer reuniones, allí iba el rector de la universidad en aquel tiempo, Terrazas (Luis Rivera Terrazas) y varios líderes estudiantiles, compañeros ferrocarrileros que estábamos en la lucha.

RA: ¿Y de qué platicaban?
GN: Pues de la lucha social, de los problemas que presentaba siempre el gobierno para solucionar nuestros conflictos.

RA: ¿Y hubo trabajadores que fueron traidores?
GN: Muchos, muchos de ellos. Aquí, en pleno paro ellos se metían a mover máquinas o a trabajar, estando todos en paro total. Hubo uno de ellos, que se llama José Luis Moreno, que era Similar, ese hombre se metió a mover una máquina de vapor que hasta la tiró, la descarriló porque él solito quería hacer todo y no era posible hacer todo, porque se necesitaba hacer los cambios de vía para guiar la máquina. Tenía que estar el maquinista, tenía que estar el fogonero, y no estaba ni el fogonero ni el cambiador, que era el que se encargaba de dar cambios a la máquina. Claro que este dejaba en movimiento la máquina despacito y se bajaba a hacer el cambio, y como se le trabó el cambio ya no pudo y tiró la máquina, la descarriló.

RA: ¿De qué forma participaron los otros traidores?
GN: Otros traidores, por ejemplo, tenemos a otro señor, Luis Rojas, ese hace reuniones aquí en la colonia Santa María, también sacándole dinero a muchos que creen que metiendo sus demandas las van a ganar, y a esos hombres los pelaron, los raparon para distinguirlos de los demás. A otros, en México, los bañaron de aceite. En fin, los señalaron a todos esos cuates, y después esos cuates, cuando se perdió el movimiento, esos adquirieron puesto luego, luego, en el sindicato. Los premiaron con puestos en el sindicato y de allí surgió, precisamente, que viniera desapareciendo las cláusulas que nos beneficiaban a los trabajadores. Ellos se encargaban en las revisiones de contrato de extinguir esas cláusulas que nos ayudaban.

RA: ¿Y a ti por qué no te destituyeron?
GN: Sí, yo estuve destituido por no entrar a trabajar, estuve del mes de febrero y volví a entrar hasta septiembre.

RA: ¿Y por qué te dejaron regresar?
GN: Pues me dejaron regresar porque hacía falta personal extra, no se daba abasto la empresa para abastecer todo lo que se refería a refacciones, a reparaciones de máquinas de equipo de arrastre, entonces fue cuando me volvieron a aceptar.

RA: ¿Tenían bronca con los traidores después?
GN: Pues no, ya nomás los señalábamos, porque si uno actuaba en contra de ellos, pues era lógico que nos corrían.

RA: ¿Cree usted que hubo muchos traidores aquí, en Puebla?
GN: Pues aquí de traidores, pues casi se puede decir que la mayor parte, creo yo que hasta un 90 por ciento, sí, porque ellos fueron los que entraron cuando se rompió el movimiento, cuando hubo la represión. Llamaron a fuerza que ya entraran a trabajar y casi la mayor parte entró, solamente los que seguíamos en la lucha nos quedamos afuera, cuando ya vimos que ya todos estaban trabajando, entonces nosotros ya quisimos entrar, pero ya no nos aceptaron.