revista digital

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may-ago 2018
Subdirección de Museología y Museografía: experiencia acumulada durante treinta años
Martha Patricia Albores Morales
Subdirectora de Museología y Museografía en el Centro Nacional para la Preservación del Patrimonio Cultural Ferrocarrilero de la Secretaría de Cultura. Correo electrónico: palbores@cultura.gob.mx

El Museo Nacional de los Ferrocarriles Mexicanos suma ya treinta años de existencia. Durante este tiempo, la Subdirección de Museología y Museografía ha trabajado de manera intensa para mejorar la calidad del contenido y la presentación de sus exposiciones. El Museo abrió sus puertas auspiciado por la empresa Ferrocarriles Nacionales de México. En un principio su misión y objetivos no eran muy claros, y su programa se limitaba a acopiar y exhibir su equipo rodante. Su plantilla laboral se avocaba principalmente a tareas administrativas y de vigilancia, aunque también realizaba algunas exposiciones dentro de vagones y en la antigua estación del Ferrocarril Mexicano. No se contaba aún con un equipo de trabajo definido y especializado en la realización de exposiciones, por lo que todos los trabajadores se involucraban en el proceso, sin contar con un guion y un orden. Tampoco se registraban las labores que se hacían, por lo que no se cuenta con un registro del período anterior a 1994. Sin embargo, para 1997 la Subdirección contó ya con diez elementos, distribuidos en una Jefatura de Museología, una de Curaduría, otra de Museografía y una más de Servicios Generales, además de seis coordinadores de proyectos culturales.

Desde entonces y hasta la fecha se desarrollan y diseñan los guiones museológicos y museográficos de las exposiciones, cuyo fin es difundir, entre otros temas, los avances en el rescate, la investigación y la conservación del patrimonio ferroviario nacional. El abordaje de los temas se hace a partir de muy diversos puntos de vista: científicos, tecnológicos, humanistas y de acercamiento estético y cognoscitivo mediante las artes.

Durante estos años se ha realizado un gran esfuerzo, porque son muy pocos los elementos que desarrollan tanto el guion museológico como el museográfico, además del mantenimiento de la infraestructura del Museo. La responsabilidad, tanto de la conceptualización como del desarrollo de la curaduría y la investigación de las exposiciones para los guiones museológicos, recae sobre una sola persona; mientras que los elementos que realizan el montaje de la museografía son los mismos que llevan a cabo las tareas correspondientes a servicios generales de mantenimiento de la infraestructura e instalaciones del Museo, además de que son quienes brindan apoyo en la logística de todas las actividades que realiza la institución, tales como conferencias, charlas, ciclos de cine y encuentros académicos, entre otros. Sin embargo, no estamos solos. Tenemos el apoyo del personal de otras Subdirecciones del Museo, con quienes conformamos el gran equipo que da sustento al Museo. Entre estas Subdirecciones está la de Investigación, con su Centro de Documentación e Investigación Ferroviarias (CEDIF), cuyo personal nos brinda asesorías y nos hace sugerencias, a fin de nutrir la investigación de los guiones museológicos. Asimismo, trabajamos de manera muy cercana con la Subdirección de Conservación y Restauración, cuyos responsables establecen los lineamientos y estándares para la conservación y el manejo de las colecciones, durante los traslados y montajes. Por su parte, la Subdirección Administrativa del Museo se esfuerza en redactar los contratos y hacer los trámites necesarios para las adquisiciones con proveedores, de modo que se puedan tener los materiales e insumos en tiempo y forma. A su vez, la Subdirección de Servicios Educativos y Extensión realiza la difusión de las exposiciones y lleva a cabo, con nosotros, un trabajo conjunto para la conceptualización y desarrollo de los espacios lúdicos, así como de las actividades paralelas que se integran a las exposiciones. 

A partir de que se tiene registro, es decir, desde 1994 y a la fecha, se han generado 110 exposiciones temporales. El proceso de cada una nos ha permitido crecer, no sólo como profesionistas, sino como personas. El aprendizaje y la colaboración entre todos los que conformamos el Museo ha sido constante. Cabe destacar que la mayor parte de los integrantes del equipo de montaje, con muy pocas excepciones, pertenecía al personal de vía o de seguridad de Ferrocarriles Nacionales de México, pero son personas que se han esforzado en aprender el nuevo oficio que para ellos representa la museografía. Se trata de elementos muy creativos y comprometidos con la causa, además de que siempre están dispuestos a aprender las técnicas de esta materia tan cambiante. De 1988 a 1994 se presentaron varias exposiciones, entre ellas se recuerda una que se presentó en el coche de pasajeros FdeM 401, cuyo tema versó sobre la obra del fotógrafo Juan Rulfo. La museografía estuvo a cargo de Agustín Vergara, asesor en diseño de la Dirección de Ferrocarriles Nacionales de México, y de la cual subsisten los libreros de madera que se utilizan aún en algunas oficinas del Museo.

La primera exposición que contó con una investigación exprofeso para el guion museológico, elaborado por Guillermo Campos y José Antonio Ruiz Jarquín, se llevó a cabo cuando la dirección del museo la ocupaba Lorena Zedillo. Se tituló 12 horas y versó sobre el reloj ferrocarrilero como elemento de identidad e instrumento de trabajo. El concepto de la museografía era sencillo, con bases y capelos distribuidos en el centro de la sala principal de la estación.

En 1997, ya bajo la dirección de Teresa Márquez y con la estructura de la Subdirección definida, se llevó a cabo la primera magna exposición, que se tituló Interiores: una estación en tránsito 1935-1950. Fue una muestra que ocupó todas las salas de la antigua estación del Ferrocarril Mexicano, en un área aproximada de 400 m2. A este primer proyecto importante se integró un programa de actividades paralelas, que incluyó un ciclo de cine, conferencias y charlas, que acompañaron la exposición durante su temporalidad y fueron parte de una estrategia de difusión. Luego, en 1998, se montó la exposición El vapor en México, una larga historia, pero después de ella experimentamos un período en el que no se montaron exposiciones que ocuparan toda la estación, debido a que el sismo de junio de 1999 provocó severos daños en la estructura del inmueble en su parte central. En este año se reorganizó la estructura de la Subdirección, debido a que parte de su personal decidió acogerse al programa de retiro voluntario que ofreció la empresa FNM, la cual se encontraba en proceso de liquidación.

Así pues, con el equipo de la Subdirección recién reestructurado, en septiembre de ese mismo año, y mientras se iniciaban los trabajos de reparación de los daños sufridos en la estación, en el extremo norte del inmueble se presentó la exposición Ferrocarril, arte y sociedad. Obras del Taller de Gráfica Popular. El guion museológico corrió a cargo de Carlos García y María Antonieta Linares, y la museografía fue diseñada por la museógrafa externa Idalia Mendoza. Cabe destacar que fue la primera vez que al guion museográfico se integró un espacio lúdico, que incluyó dos interactivos: un memorama con las obras del Taller de la Gráfica Popular y un módulo que simulaba el proceso de grabado de las obras. En ese mismo período de reparación, que duró más de un año, se presentó la exposición Corazón de mi corazón, obra fotográfica de Lourdes Almeida, quien quedó gratamente sorprendida por el manejo de la gama de colores utilizados en la museografía. En su opinión eran muy atrevidos, pero combinaban perfecto con su obra. Además, durante el proceso de montaje nos dio valiosos consejos para la colocación de las cédulas de pie de obra.

Después de ese período se desarrollaron exposiciones como: El ferrocarril en la obra de Casimiro Castro, en colaboración con el Museo Soumaya. En el guion museográfico se incluyó un espacio lúdico, que con mucha creatividad y entusiasmo creó parte del equipo de montaje, con el señor José Isabel Aguilar Chabelo al frente: idearon un mecanismo con base en pedales y cadenas de bicicleta, que logró simular un viaje en tren, mientras que con las imágenes de la obra expuesta, impresas en una lona, recrearon el paisaje en movimiento.

Para el festejo del 15 aniversario del Museo se presentaron dos exposiciones: Donar para compartir, en la que se mostraron algunas de las piezas más valiosas de nuestras colecciones, a manera de agradecimiento a todos los que nos han favorecido con su generosidad y confianza; y Mirar en grande, crear en pequeño, que tuvo gran éxito porque se trabajó con coleccionistas ferrocarrileros y con particulares, quienes con mucho entusiasmo prestaron piezas a escala y maquetas completas. También hubo quienes aportaron su tiempo para controlar el funcionamiento, así como para dar mantenimiento a las maquetas durante todos los fines de semana de la temporalidad.

Con el proyecto de arte contemporáneo para sitio específico Cambio de Vía, promovido y liderado por Graciela Schmilchuk, cuyo objetivo es crear nuevas visiones en torno a la memoria ferrocarrilera, además de promover la formación y acercamiento de nuevos públicos, hemos tenido la fortuna de trabajar con artistas extraordinarios que han dejado huella en nuestras vidas, como es el caso de Urs Jaeggi, quien con su arte y desarrollo de Mirada viajera nos enseñó a apreciar nuestras colecciones desde otra perspectiva. Con su clásico “todo es posible” nos permitió colaborar y emitir opiniones sobre su obra. Otra artista destacada en este proyecto fue Helen Escobedo, cuya alegría y buen humor siempre fueron contagiosos y nos permitieron participar en el proceso creativo de El hoy del ayer. Ella recorrió todos los acervos del museo con gran entusiasmo e incluso con picardía, y aprendimos a reconocer que cuando volteaba a vernos con su sonrisa traviesa era porque nos compartiría sus originales ideas. Cómo olvidar cuando vio la colección de escupideras y se le ocurrió hacer con ella una instalación que incluyera en el menú, la “sopa de ostión”. De ella aprendimos, o fortalecimos, nuestro gozo por el trabajo. Estaba acostumbrada a hacer pausas para compartir un momento con todos los trabajadores. Aprendimos también a tomar las cosas con calma y a aprovechar las sorpresas en la aplicación de los materiales, como nos sucedió con los espejos laminados, que al estar en el exterior y expuestos al sol se torcieron y crearon imágenes espectaculares. Otro personaje tan inolvidable como entrañable es el maestro Alberto Gutiérrez Chong, quien siempre estaba pendiente de los pequeños detalles de su obra Cruce de caminos. Él nos enseñó a no descuidar jamás todos los elementos de un concepto. Por su parte, hemos visto crecer artísticamente a Omar Árcega, desde las horas en las que trazaba bocetos entre las locomotoras, mientras concebía la presentación de su trabajo de investigación para su tesis profesional en Bitácoras y percepciones en el camino, hasta sus exposiciones recientes en galerías importantes de México y del extranjero. No podemos dejar de memorar a nuestra querida Silvia H. González, quien con su picardía y entusiasmo por la vida, a sus noventa años, nos ha contagiado su amor por los trenes, que ella plasmó en su magnífica exposición La rielera, de la cual, el año pasado, con inmedible generosidad, donó catorce óleos sobre tela y diez obras gráficas que enriquecieron la colección artística del Museo.

También se ha tenido la fortuna de trabajar con especialistas e investigadores para conceptualizar y desarrollar guiones, con quienes además hemos entablado vínculos que rebasan los linderos del trabajo y se han forjado en sólidas amistades. Todos ellos siempre están dispuestos a brindarnos su apoyo y a compartir con nosotros su conocimiento. Entre ellos están: Francisco Montellano y Ricardo Pérez Montfort, quienes fueron fundamentales en la conceptualización y desarrollo de la exposición Cine y ferrocarril en la Revolución mexicana, y nos impresionaron con su nivel de conocimiento profundo y a detalle del tema. Otro es Juan Cristián Gutiérrez Maupomé, siempre ordenado, quien participó en varios proyectos siendo el De minas y otras industrias, hecho en colaboración con José Antonio Ruiz Jarquín, un guion extraordinariamente bien articulado, que incluyó documentos, imágenes y sobre todo una colección impresionante y diversa de las diferentes industrias en las que el ferrocarril resultó fundamental para su desarrollo. Pedro Salmerón y Gabriela Pulido son también inolvidables, por la claridad en sus conceptos durante el proceso de integración del guion de la exposición Revolución sobre rieles, la cual fluyó de un modo ágil y ameno. Están también los investigadores más prestigiosos en el tema del ferrocarril, como son Sergio Ortiz Hernán+, padre sin duda de la investigación ferroviaria, Guillermo Guajardo, Arturo Grunstein Dickter y Luz Carregha Lamadrid, quienes en coordinación con José Antonio Ruiz Jarquín han realizado un espléndido trabajo de colaboración, para adaptar las investigaciones de los libros Cien años de trabajo y tecnología en los ferrocarriles mexicanos y Consolidados: José Yves Limantour y la formación de Ferrocarriles Nacionales de México, en los guiones museológicos y museográficos de las exposiciones que tuvieron los mismos títulos que los libros, de los que son autores. En el caso de Arturo Grunstein la exposición se llamó Ruta a la modernidad en la que contamos, además, con el apoyo incondicional de Luz Carregha.

Asimismo, nos han acompañado artistas de la fotografía, como Rodrigo Moya, Julio Mayo+ y Fernando Cordero, a quienes conocimos a partir del trabajo que realizamos juntos, y disfrutamos de sus largas conversaciones llenas de anécdotas y pasajes de sus vidas, que son parte de la historia de nuestro país.

Con Jorge Vértiz, Gabriel Figueroa y un grupo de fotógrafos poblanos encabezados por Flor de María Rico se organizó una caminata por las vías férreas de las Cumbres de Maltrata, de la antigua línea del Ferrocarril Mexicano. Se trató de una experiencia gratísima que quedó plasmada en la exposición Las Cumbres de Maltrata, paisaje ferroviario. Asimismo, los curadores Jorge Reynoso, Carla Rippey y José Manuel Springer nos compartieron un poco de su extraordinario conocimiento del arte contemporáneo en México, a lo largo del proceso de las exposiciones del proyecto Cambio de Vía, Bitácoras y percepciones en el camino y Trayectos, respectivamente.

El programa de exposiciones itinerantes tiene como objetivo principal promover en la Red de Museos, instituciones culturales y educativas interesadas en el tema, la reflexión, divulgación, valoración y difusión del patrimonio ferroviario de México. El trabajo no ha sido fácil y es claro que al principio no teníamos del todo claro el objetivo. En un principio, las exposiciones se plantearon a partir de proyectos específicos, como el que surgió en 1994, cuando se realizó la investigación y museografía de la primera exposición itinerante El último tren de vía angosta, Oriental Teziutlán, la cual se conformó gracias a la generosidad de la población, dado que se planteó llevar a cabo una investigación y acopio de imágenes en las localidades que tocó la línea de este ferrocarril, que había desaparecido un año antes.

La segunda exposición itinerante fue la de Los días del vapor, basada en la investigación realizada por Emma Yanes, en 1994, para el libro homónimo, que tuvo como fin acompañar las presentaciones del mismo por la Ciudad de México, Tacámbaro, Guanajuato; Puebla y Querétaro. Asimismo, en 1996, en el período en que la dirección del museo recaía en nuestro entrañable Sergio Ortiz Hernán, se realizó la exposición itinerante De las estaciones, misma que acompañó la presentación del libro del mismo nombre en Ciudad de México; en Monterrey, Nuevo León; en Puebla y en San Luis Potosí. Posteriormente, gran parte de las exposiciones temporales, en específico las fotográficas, presentadas en el coche conocido como Express de la fotografía, se fueron convirtiendo en exposiciones itinerantes.

En un principio se presentaron en museos ferrocarrileros, casas de cultura e instituciones educativas, en la región centro y sur del país. El tamaño de los marcos, así como la cantidad de imágenes, que van de 25 a 30 por exposición, facilita su traslado y manejo. Sin embargo, después comenzó a complicarse el préstamo de las mismas debido a que la producción museográfica y montaje se hacía reciclando los marcos y “María Luisas”. En 2008, durante el Primer Encuentro de Museos Ferrocarrileros de México, se propuso conformar la Red de Museos Ferrocarrileros de México, mediante la cual se busca establecer mecanismos de colaboración, asesoría y capacitación entre dichas instancias, para impulsar y fortalecer el trabajo que realizan los museos ferrocarrileros del país en el rescate, estudio, conservación y difusión del patrimonio ferroviario mexicano. En la actualidad la red cuenta con 35 museos. Como consecuencia de esta acción, la demanda por el préstamo de exposiciones creció de modo exponencial, por lo que se decidió que cada exposición temporal que se generara en el Express de la Fotografía, y tuviera la posibilidad de itinerar, contara con museografía propia. También se creó un catálogo de exposiciones itinerantes que facilita la consulta de las exposiciones disponibles, el cual, al mismo tiempo, establece el manual de préstamo. El catálogo que está disponible en la página del Museo se realizó en 2015, con 31 exposiciones en su haber, razón por la cual estamos en proceso de actualizarlo con las que se han generado hasta la fecha. Con este proyecto se ha logrado tener presencia a nivel nacional, con 179 presentaciones en 46 municipios de 21 estados.

Dentro de los programas de la Subdirección está brindar orientación a los museos ferrocarrileros, a los ayuntamientos y a las instituciones culturales que lo soliciten, todo con el objetivo de mejorar las condiciones físicas de los inmuebles, así como para preparar los discursos y proyectos museológicos y museográficos que incentiven un mejor acercamiento al patrimonio ferroviario. En este sentido, destacan las siguientes acciones: en 1998 se participó en el rescate de lo que fueran los talleres de reparación de motores de vía en Torreón, Coahuila, en donde se estableció el Museo del Ferrocarril de esa localidad. En 2013, a petición del Ayuntamiento de esa capital, se realizó un proyecto de revitalización del espacio: se brindó asesoría en la conservación y restauración del equipo rodante, diverso e interesante, que va desde una locomotora de vapor o un vagón adaptado como hospital, hasta un coche campamento, así como para los inmuebles que cuando estaban en servicio albergaban el taller de carpintería y pintura, así como el edificio que en su momento se destinó al taller de herrería y fundición. Para la reinauguración se propuso la presentación de la exposición Revolución sobre rieles, que cuenta con una maqueta creada ex profeso, que escenifica la Batalla de Torreón, por lo que no pudo tener mejor espacio para recibirla, y desde entonces forma parte importante de la colección de ese recinto. Cabe mencionar que el Museo del Ferrocarril de Torreón, con sus innumerables actividades, ha sido fundamental para la recuperación de la zona, que en los últimos tiempos ha sido duramente golpeada por la inseguridad.

Además, en 2009 se participó en la apertura del Museo del Ferrocarril Jesús García Corona de San Luis Potosí, con la exposición Los días del vapor, una larga historia. En esa ocasión, el equipo completo de la Subdirección se trasladó a esa localidad para realizar el montaje en un tiempo récord de quince días. La idea fue trabajar en colaboración con el recién formado equipo del recinto, que no contaba con la experiencia. A partir de entonces, ese museo ha recibido varias de las exposiciones temáticas itinerantes más importantes, como son: Cine y ferrocarril en la Revolución mexicana, en 2010; Revolución sobre rieles, en 2011; Cien años de trabajo y tecnología en los Ferrocarriles de México, en 2013; Los braceros vistos por los hermanos Mayo, y Ruta a la modernidad, en 2016. Cabe mencionar que los montajes se realizaron de manera paulatina, básicamente con personal del Museo de San Luis Potosí, y sólo se dio apoyo en la adaptación de los guiones museográficos y con la presencia de un comisario de la Subdirección de Conservación y Restauración, y dos o tres elementos más de esta Subdirección, sin que esto demeritara la calidad de cada presentación.

También se ha tenido la oportunidad de trabajar en la conceptualización y desarrollo de nuevos espacios, como el Museo Vivencial Ferrocarril 279, instalado en lo que fueran los talleres de reparación menor, en Cuautla, Morelos. Este proyecto fue muy enriquecedor, en vista de que se superaron las expectativas porque se logró sensibilizar a los involucrados sobre la importancia que tienen los conjuntos ferroviarios como parte del patrimonio industrial de nuestro país. En esa ocasión se trabajó en colaboración con el Centro Regional INAH Morelos y con los jóvenes funcionarios del ayuntamiento de Cuautla. La asesoría en la conservación del patrimonio edificado consistió básicamente en la revisión de los materiales y sistemas constructivos. Se cuidó que el proyecto de reutilización no sufriera alteraciones y se respetara la autenticidad e identidad del sitio. También se asesoró, supervisó y apoyó en la restauración del equipo rodante histórico, y de la maquinaria histórica con que cuenta el sitio, así como en los trabajos de inspección mecánica, de seguridad y en los aspectos operativos de la locomotora de vapor 279, trabajo realizado por un equipo especializado proveniente de Estados Unidos, que fue contratado por el Ayuntamiento.

Si bien, cada una de las salidas ha representado una labor de enseñanza para los integrantes del equipo de la Subdirección, también es verdad que siempre se ha aprendido algo nuevo con las personas con quienes se ha trabajado, y este aprendizaje va desde una nueva técnica de montaje o la utilización de una mejor herramienta, hasta el empleo de materiales nuevos, entre otros aspectos, lo cual ha implicado superar muchos retos. Por lo general, esas salidas atañen la elaboración de proyectos que se realizan en jornadas muy largas e intensas de trabajo, y a veces han implicado lidiar con algunas travesuras de la naturaleza, como cuando estábamos en el proceso final de montaje, una noche antes de la inauguración de la exposición Cine y ferrocarril en la Revolución mexicana, en la Biblioteca Vasconcelos, y cayó una torrencial lluvia que inundó el espacio a las 8:30 de la noche. Pese a ello, el equipo completo del museo se aplicó y se dedicó a superar el contratiempo; se logró terminar el montaje casi unos minutos antes de que fuera inaugurada la exposición. Otras ocasiones han ocurrido algunos percances durante las exposiciones temporales en nuestra sede, como el año pasado, que ya se tenía preparada la museografía gruesa para recibir el proyecto Tren: en la tierra como en el cuerpo. Intervención de danza de Rocío Becerril con obra de Rodrigo Flores, y sucedió el sismo del 19 de septiembre que imposibilitó usar el edificio principal del Museo, por los daños que sufrió, pero se contó con la comprensión y generosidad de los artistas, que estuvieron de acuerdo en replantear la estrategia y adaptar, a marchas forzadas, la recepción de la obra en los vagones, y lo mismo sucedió con la exposición Sin fronteras de Urs Jaeggi.

La experiencia durante estos treinta años de trabajo refrenda el sentido de la frase que circula en el medio y que reza: “no hay exposición pequeña”, pues todas implican el mismo proceso. Así las cosas, tenemos la inmensa satisfacción de que hoy día las personas e instituciones reconocen el profesionalismo y calidad con los que se presentan las exposiciones dentro y fuera del Museo, y el honor de escuchar las palabras de beneplácito y aliento que nos han dedicado artistas, investigadores, curadores y autoridades al término de cada uno de los proyectos, lo cual nos motiva a seguir trabajando en favor de la difusión del patrimonio y cultura ferrocarrilera.